Sólo por Amor

Comenzamos la Semana Santa, semana de gracia, semana en la que actualizamos litúrgicamente el misterio pascual de Jesús, su pasión, muerte y resurrección. En estos días se vuelve a declarar que el dolor que vale es aquel que es fruto de un amor; un amor que no se echa atrás ni siquiera en la máxima prueba de la entrega sacrificial por aquellos a los que ama. La ‘Semana Grande’ es volver a recordar que el amor de Dios es un amor loco, llevado al extremo hacia aquellos, por los que sin darle motivos, ha entregado su vida.

Algunos, sin embargo, tienen una idea de Dios o de la Cruz de Jesús un tanto deformada. En el extremo de esta ‘religiosidad deformada’ está la práctica de aquellos que sienten una sensación de bienestar por celebrar la Semana Santa detrás de un hábito pero, a lo largo del año, se olvidan de la relación con un Dios personal que les llama al Amor.

Pero a la vez, en los que sí mantenemos una relación con Dios se pueden dar dos serios problemas en la concepción de la Cruz de Jesús y de la Semana Santa. El primer peligro sería querer aplicar a la Cruz de Jesús la justicia humana, tan cercana a la venganza y considerar a Dios Padre como alguien que reclama justicia y necesita que alguien, que esté a la medida de su dignidad, pague las deudas que nosotros hemos cometido. Jesucristo se convertiría en el bicho expiatorio que saciaría la sed de justicia de ‘un dios malhumorado’ por nuestros delitos. Esta concepción del sacrificio de Jesús está en radical contraste con lo que Jesús enseñó y vivió en su vida. Jesús nos decía: ‘Se os dijo: ama a tu prójimo y aborrece a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos para que seáis hijos de vuestro Padre que hace salir el sol sobre justos e injustos…’ (Mt 5, 45) Amar al enemigo es no devolverle mal sino desearle bien. Y, si ha sido injusto, el mayor bien que se le puede desear es que se libere de su maldad. La justicia del Dios revelado en Jesucristo es la justicia de ‘ajustarnos’ al Amor de Dios. El motivo de la Cruz de Cristo no fue la necesidad de expiar unos delitos cometidos, sino la necesidad de amar por parte de Dios a sus criaturas en su pequeñez, en sus dolores, en su pecado, en sus ‘cruces’.

Otro peligro que nos sumerge en una ‘religiosidad deformada’ es pensar que necesitamos buscar sustitutos misericordiosos a ese ‘dios inmisericorde’ que reclama justicia y desviamos nuestra mirada hacia devociones que nos desvían del encuentro personal e íntimo con Jesucristo. Muchas veces podemos poner en duda que el sacrificio de Cristo en la Cruz lo hubiera ganado todo y por ello nos agarramos ‘supersticiosamente’ a devociones o a imágenes que niegan o deforman una relación sana con un Dios bueno. La devoción mariana o a los santos, cuando se purifica en una vida litúrgica sacramental, es camino de perfección. Pero, ¿qué podemos pensar de una vida cristiana reducida a unas procesiones durante una semana?

La muerte de Jesús fue consecuencia de su vida entregada y no una exigencia de la justicia de Dios. A Cristo lo matan por su tipo de vida, por lo que dijo y por lo que hizo, lo matan por lo que estorbó, porque se puso del lado del pequeño, de las víctimas, de los arrinconados sociales y religiosos. Cristo entregó su vida por nosotros no para satisfacer una justicia que es mera proyección de la venganza humana, sino porque la maldad humana, eso que llamamos pecado, no es meramente una ofensa al Amo, sino algo mucho más serio: una ofensa al Amor. Decía Óscar Romero que el ‘pecado es aquello que dio muerte al Hijo de Dios, y pecado sigue siendo aquello que da muerte a los hijos de Dios’. Contemplemos, no sólo estos días, esas imágenes vivas de Jesús que siguen sufriendo el desprecio, la miseria material, el abandono humano, el paro… Que no nos conformemos con vivir una fe de cumplimiento, de procesiones, de superficialidad, sino que vivamos una fe de encuentro y seguimiento a Jesús, que murió, resucitó y vive en medio de nosotros. Feliz Semana Santa.                                                                                                                                                                      P. Ángel Hernández Ayllón

¡Atrévete a ser radical!

Nietzsche profetizó, como consecuencia de la muerte de Dios por él anunciada- el colapso de ‘toda nuestra moral europea’. Perdón por el inicio, alguno se preguntará: pero, ¿Dios ha muerto?, ¡pues no me había enterado! La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla. A nivel teológico Dios sigue vivo y sigue siendo motivo de muchos libros y discursos; a nivel litúrgico sabemos que Dios se hace ‘presente real y substancialmente’ en las especies de pan y de vino; a nivel eclesial se hace presente aquí y ahora cuando dos o más están reunidos en el nombre de Jesús.

Todo esto está muy bonito, pero ante la pregunta ¿Dios ha muerto? yo no creo que podamos responder tan a la ligera. Quizás siga vivo a nivel teológico, filosófico, litúrgico…, pero creo que el nivel más importante y decisivo es el existencial, el personal. La cuestión no es que Dios viva en el mundo de las ideas o los ritos, sino en el mundo de las relaciones y de las personas. Y ahí, es donde sí estoy de acuerdo con la afirmación que la crisis de Dios tiene como consecuencia el colapso de la moral. Cuando Dios desaparece del ámbito personal y de nuestras relaciones la moral deja de obligarnos y comenzamos a dirigirnos por gustos, por violencia, por interés… Cuánta violencia en nuestras familias, en la sociedad… ¿Queremos que nuestros hijos crezcan en valores que nos ayuden a relacionarnos y a cuidarnos los unos a los otros o en intereses que se imponen a la fuerza? ¿Nos sentimos modernos por tener control de la vida a su inicio y a su término? ¿Pensamos que hemos madurado por expulsar a Dios de nuestras decisiones, de nuestro ocio, de nuestros intereses?

A Dios lo hemos expulsado de la esfera de nuestras relaciones y lo hemos arrinconado en los templos o en la intimidad de hogares todavía cristianos. Como hijos de Dios y cristianos deberíamos comprometernos en purificar con nuestro testimonio la imagen deformada de un dios ritual, moralista, teórico…, que no lo podemos escribir con mayúsculas porque no es el verdadero.

Hoy, más que nunca, el cristianismo tiene que proclamar que Dios sigue vivo, pero no en las ideas, o los programas pastorales, sino en la vida de las personas: en ti y en mí. Hoy más que nunca debemos ‘despertar a la fe’, una fe que nos desafíe a ser radicales (no fanáticos) en la sociedad en la que vivimos. ¿Qué significa ser radicales? ¿Romper farolas, atacar al orden público, hacer pintadas…? Pues no, no hablo de la radicalidad que mata y que ignora los compromisos sociales y las reglas de juego que aseguran una convivencia pacífica. Cuando hablo de radicalidad, hablo de vivir el Evangelio de Jesús. Hablo de orar y hablo de compartir en sociedad lo que celebramos y vivimos dentro del templo. Hablo de decir Sí a la Vida siempre. Hablo de no ignorar la presencia de Jesús en los pobres y de comprometernos con sus causas. Hablo de dar valor a las pequeñas cosas, a lo sencillo, a lo pequeño, al enfermo… Hablo de compartir tiempo y alegría con los que no lo tienen. Hablo de abrir espacios de diálogo con aquellos que son ‘diferentes’. Hablo de ir más allá de las palabras y hacerlo en el ámbito que nos corresponde. Hablo de no vivir con los ojos cerrados al clamor de las víctimas sociales. Hablo de compartir también nuestro dinero y no sólo lo sobrante. Hablo de poner nuestra mirada en lo que esencial, no sólo en lo pasajero. Dios ha muerto en muchas personas y yo quiero que mi vida refleje que Dios está vivo, que sigue salvando, que seguir a Cristo nos ayuda a ser mejores personas. Que tu vida y la mía manifiesten que Dios es la mejor apuesta en nuestra sociedad. Atrévete a ser radical, atrévete a vivir el Evangelio, atrévete a compartir a Jesús con una vida alegre y entregada. ¡Feliz Semana!.

 

 

ALTO Y CLARO: SOY CRISTIANO Y ESTOY ORGULLOSO DE SERLO

‘¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio!… Prácticamente es ilegal… Porque el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva’. El otro día cuando leí esta frase del Padre Rutilio Grande, amigo de Monseñor Romero y mártir en El Salvador me pareció que estaba describiendo perfectamente la realidad que vivimos. Es cierto que existe una libertad de culto, pero también es cierto que cuando alguien quiere vivir el Evangelio en su radicalidad, entonces las cosas cambian. ¿Qué ocurre cuando  defendemos la vida del no nacido, del enfermo terminal…? ¿Qué ocurre cuando hablamos que la riqueza en manos de unos pocos es una vergüenza y un atentado contra el pobre? ¿Qué ocurre cuando hablamos de que todos, los inmigrantes también, tienen derechos como cualquiera? ¿Qué ocurre cuando hablamos del amor y el perdón incluso a los enemigos? ¿Qué ocurre cuando hablamos de fidelidad en el matrimonio? ¿Qué ocurre cuando hablamos de que la propiedad privada no es un derecho absoluto y el destino universal de los bienes sí? Ocurre que algunos dicen que la Iglesia no se meta en política o que estamos en una sociedad que ha crecido en madurez y que Dios no tiene por qué inmiscuirse en los temas y cuestiones humanas, y mucho menos los curas o la Iglesia.

Cuando queremos vivir con radicalidad las exigencias del Evangelio nos damos cuenta que vamos contracorriente. Pero, me hago la siguiente pregunta: ¿es posible o vale la pena vivir la vida cristiana de otra forma? Algunos ‘viven la fe a la carta’ y ‘consumen’ sacramentos como si de analgésicos se tratara: me caso por la Iglesia, bautizo al hijo, hace la comunión la hija… Pero, realmente ¿vivimos la fe como encuentro decisivo con Jesús, Señor y Salvador? Invitaba Martín Valverde en su canción ‘Discúlpeme pero no’: ‘Sé tú mismo, sé tú mismo…, no faltará quien te diga: hombre, antes cuando eras hipócrita eras más amable’. No faltará quien te haga semejante observación y te pidan bajar un poco el listón, no tomarte tan a pecho las cosas, es decir, vivir de forma ‘light’, baja en calorías espirituales, la vida cristiana. Para algunos vivir la vida cristiana con compromiso será ‘fanatismo’. Decía el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer que ‘la gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia’. Explicaba que cuando vivimos la fe como rito, mandamiento, doctrina, moral…, y no lo hacemos como seguimiento a Jesús, entonces estamos viviendo la gracia barata, y continuaba diciendo: ‘Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo –‘habéis sido adquiridos a gran precio’- y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros…’.

Es seguro que muchos preferirían que viviéramos un cristianismo ritual, privado, intimista, bajo en calorías espirituales, sin compromiso, de cumplimiento externo, que no saliera de las sacristías, que no hiciera ruido en el exterior… Me atrevo, como párroco de esta comunidad, a decir que tenemos y debemos vivir con ilusión renovada, con alegría, con ganas de compartir…, todo lo que supone el tesoro de nuestra fe. No es posible que celebremos la fe y que luego en nuestros quehaceres diarios, profesionales o familiares vivamos mimetizados con los valores y metas humanas y ocultemos y escondamos nuestra condición de cristianos. Cristo tiene que reflejarse en nuestra forma de vivir, de actuar, de relacionarnos con los demás.

Hay un lugar donde actualmente Jesús tiene que aparecer y es precisamente en los más necesitados. Monseñor Romero decía: ‘Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres’. No, a una Iglesia influyente y poderosa y Sí a una Iglesia evangélica y cercana a la miseria de la gente. Le pese a quien le pese, el interés y la necesidad humana es el auténtico camino de la Iglesia. ¡Vivamos con radicalidad y alegría nuestra condición de cristianos! Estoy orgulloso de ser cristiano y de ser sacerdote.

                                                                                                   P. Ángel Hernández Ayllón                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

Estad alerta, despiertos. ¡Mirad bien!

Estos días tengo muy presente en mi pensamiento y en mi corazón al ‘bueno de Matías’, ese ‘tío grande’ con el que algunas veces, cariñosamente, me dirigí a él. En la Eucaristía de funeral y al hablar de él, lo recordé en su actitud en la fe crítica e inquieta, en su no querer acomodarse. Creo que es necesario que seamos inquietos, que no nos conformemos con lo de siempre… El Evangelio nos llama siempre a ‘estar alerta, despiertos, con los ojos bien abiertos’.

Uno de los males que el Papa desprecia en la vida cristiana, es lo que Él llama la ‘mundanidad espiritual’, es decir, conformarnos con un cumplimiento externo de las normas, con un cumplimiento que anestesia nuestra conciencia y en el que no nos planteamos ningún tipo de compromiso con los demás. Es como dice el Papa: ‘buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal’… Es una espiritualidad que ‘no sale realmente a buscar a los perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo. Ya no hay fervor evangélico, sino el falso disfrute de una autocomplacencia egocéntrica’. La fe se convierte en una pildorita, que en el mejor de los casos, nos tomamos ‘los domingos y fiestas de guardar’.

‘Estad alertas, despiertos, con los ojos bien abiertos’. ¿Qué quiere decirnos Jesús con esta advertencia? Los cristianos solemos tender, en lo relativo a Dios y a la salvación, a primar la invisibilidad, la lejanía, la ‘gracia invisible’. Cuando hablamos de salvación, la mayor parte de las veces, pensamos en el más allá, como si la salvación fuera invisible a este mundo. Pues bien, Jesús insiste en la visibilidad, en lo visible, en la necesidad de percibir las cosas.

El cristianismo no es una invitación al adormilamiento, a la inercia, a conformarnos con lo de siempre. Uno de los graves peligros es atender sólo a nuestros intereses, ignorando lo que ocurre a nuestro alrededor, por eso, la fe no puede ser un narcótico, una anestesia a todo lo que nos rodea, como si todo lo pudiéramos solucionar con ‘rezar’ o ensimismarmos con los ojos torcidos mirando al cielo.

Uno de los trastornos que más nos limitan son los problemas de la vista. Pero, ¿qué ocurre cuando interiormente no somos capaces de ver, observar, mirar, contemplar? Ver, mirar bien, necesita tiempo… El Papa nos decía en el mensaje de cuaresma que tenemos que mirar la miseria, pero, ¿queremos mirarla o miramos a otros lados? Jesús insiste: quien no esté alerta, quien no abra los ojos, en una palabra, quien no afine su vista, tampoco estará preparado para conocer e intimar con Dios.

Me explico por qué. Dios no cabe en los que no tienen bien graduada la vista espiritual por una sencilla razón, porque quien excluye de su campo visual las necesidades del prójimo, cuando llega al Templo lo que ve está distorsionado. Es como si padeciera ‘glaucoma espiritual’, es decir, va perdiendo poco a poco la visión de descubrir a Dios. ‘Mirar bien’, nos ayuda a descubrir el valor de la vida, de las cosas y de las personas. El ‘Mirar bien’ nos obliga a construir una cultura de la empatía, del servicio, de la convivialidad. En la alegoría de Jesús sobre el Juicio universal (Mateo 25, 31-46) se manifiesta un criterio que no deja de ser inquietante: lo que decidirá sobre la salvación o condenación, el cielo o el infierno, no será tanto lo que pensemos sobre  Dios como la manera en que nos comportemos con los demás, los desconocidos.

El cristiano ha de abrir los ojos y acoger a todos, pues en su pretensión de misión universal ha de unir la cultura de la empatía, del reconocimiento de los demás en su alteridad: el otro es un lugar donde me puedo encontrar con Dios. Abramos los ojos a la realidad del Otro (Dios) y a la realidad del otro (el prójimo-próximo). No cerremos los ojos para vivir una fe ensimismada en un dios de rezos y normas, abramos los ojos a un Dios que nos lanza a la relación, al reconocimiento del otro, a la acogida, al encuentro, al compromiso social, a ser fermento en nuestras familias, en el trabajo, en la vida.

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2014 en Soria

Crónica de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2014

¿ Es que Cristo está dividido? 1Cor 1, 1-17. A esta pregunta directa que nos hace Pablo en la carta a los corintios, lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18 al 25 de enero) y para todo el presente año, aquí en Soria, en nuestra realidad más cercana, hemos respondido que NO. Cristo no está dividido, Él sigue siendo Uno, y en la medida que nuestros corazones y nuestras voluntades, nuestras actitudes y nuestras decisiones se acerquen a él, haremos también visible para todos, que Él es, ha sido y será, por siempre, Uno.

Como en los últimos años, en esta ocasión hemos sido las tres confesiones las que nos hemos reunido para preparar y celebrar esta hermosa semana de oración juntos. La Delegación de Ecumenismo y Diálogo Interrreligioso diocesana, unida a la Iglesia Ortodoxa Rumana y las Iglesias evangélicas Sión y Cuerpo de Cristo, y con la oración y apoyo de la Primera Iglesia Baptista de Abilene (Texas) en la distancia, nos hemos unido a la vez a millones de cristianos repartidos por el mundo para pedirle al Padre, que todos seamos uno, como el mismo Jesús se lo pidió poco antes de entregar su vida por nosotros.

Con este fin, el de pedir  a Dios el don de la unidad y dar a conocer el mensaje de amor, perdón y salvación de Cristo, hemos compartido una semana muy intensa de oración y encuentro, que describimos a continuación.

En rueda de prensa, ante los medios de comunicación, él P. Ángel Hernández Ayllón (Iglesia Católica), el P. Gabriel Danila (Iglesia Ortodoxa Rumana) y el pastor Eduardo Hernández Ayllón (Iglesia Sión, evangélica) presentaron la Semana de Oración el viernes 17 de enero en la Casa Diocesana de la capital soriana.

En este mismo lugar, el sábado 18, se daba comienzo al programa preparado de manera conjunta por las tres confesiones, con una presentación de la Semana. En ella el P. Angel Hernández, delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso diocesano expuso brevemente lo que había supuesto para el Ecumenismo la celebración de la última Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias, que tuvo lugar el pasado mes de noviembre en Busán (Corea); el P. Gabriel Danila, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa Rumana en Soria, se refirió a la conmemoración en el presente año del cincuentenario del encuentro y del abrazo del Papa Pablo VI y Atenágoras I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, en Jerusalén, tan importante para el acercamiento entre católicos y ortodoxos en el siglo XX y también de la importante relación entre Juan Pablo II y el Patriarca Teoctisc de Rumanía, que tanto contribuyó a la sanación de la memoria entre estas dos confesiones hermanas. Momentos que tendrán su continuidad el próximo mes de mayo con el encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I. Y Eduardo Hernández Ayllón, pastor de la Iglesia Sión,  presentó la figura de Nelson Mandela como hombre que vivió y luchó por la ruptura de barreras sociales, raciales, políticas, como modelo de cristiano que cambió la sociedad en la que le tocó vivir según el modelo evangélico. Tras estas intervenciones se animó a los asistentes a participar de las actividades programadas para la Semana.

El domingo 19 de enero, a la una y media de la tarde vivimos un momento de oración en la calle, que fue acompañado por la lectura de un Manifiesto por la Unidad de los Cristianos, elaborado por todo el equipo multiconfesional. La Palabra de Dios, nuestra oración y los deseos de unidad del centenar largo de cristianos que allí nos reunimos, llenaron la Plaza de San Esteban. A continuación, compartimos una comida fraterna todos juntos, a la que asistieron también algunos miembros de la Iglesia Cuerpo de Cristo (vinculada a REMAR), su responsable en Soria, Juan Carlos Lejarriaga, y el pastor Manuel Zamora, de Zaragoza. También compartimos la mesa con la Delegación de Migraciones de la diócesis de Osma-Soria, con Artur Z. Rodzniak y los demás miembros de la delegación, en el día en que también celebrábamos el día de los Inmigrantes y Refugiados.

Al igual que el pasado año, convocamos un encuentro-mesa redonda en el que compartir nuestra preocupación por la situación social que atravesamos,  junto a políticos, periodistas y gente relevante de la vida social soriana. Tuvo lugar el lunes 20 de enero, y a él acudieron un representante de la política local y provincial, Juan Carlos Cacho y la directora del periódico Heraldo de Soria, Mónica Fuentes, así como uno de los miembros más significativos de la plataforma ciudadana Soria Ya, Goyo Alonso. Desde nuestra perspectiva y compromiso cristiano consideramos que fue un momento importante, pues estamos convencidos de que hemos de unir fuerzas desde todas las instancias para construir entre todos una sociedad en cuyo centro se situe la persona y su dignidad, no otros intereses de ningún tipo. Como cristianos, y unidos, expusimos nuestro deseo de aportar a la sociedad ese mensaje de paz y de sanidad a las que nuestra fe nos mueve.

Al día siguiente, el martes por la tarde, dirigimos nuestros pasos a visitar enfermos y ancianos, y a orar con ellos y sus familias: a acompañar a los más débiles e invisibles de nuestra sociedad. Y a continuación, participamos de los programas de atención a familias y madres necesitadas de la parroquia de Santa María La Mayor.

El míercoles 22, en la Casa Diocesana, el equipo de la Delegación de Ecumenismo expuso el viaje realizado el pasado mes de diciembre por cinco de sus miembros a Texas (EEUU), dentro del proyecto común de cooperación y hermanamiento con la Primera Iglesia Baptista de Abilene, con la que estamos caminando desde hace tres años, en oración, comunión y misión, proyecto que comenzó con la llegada de la familia Cole, misioneros cooperativos de esta Iglesia, a Soria. También se dieron a conocer los proyectos que se están poniendo en marcha a nivel social y los planes de futuro de esta relación multiconfesional.

‘Una aventura extraordinaria’ fue la película que nos reunió a todos el jueves 23 en la Iglesia Sión. Película que muestra, a través de la historia de uan famiiia de orcas atrapadas en el Ártico, lo que se puede conseguir gracias a la unión de fuerzas, por una buena causa, de todo un pueblo. Cuando los grupos humanos diversos se unen y ponen todas sus fuerzas en una misma dirección, se puede llegar a movilizar incluso al  mundo entero y se consigue lo que parece imposible.

El viernes 24 salimos a la calle. Mostramos en la Plaza del Rosel y de San Blas una exposición gráfica sobre Ecumenismo, en la que también se invitaba a que la gente expresara su idea sobre la unidad de los cristianos. Y propiciamos un momento de encuentro y conversación con los viandantes que se acercaban, invitándoles a un chocolate caliente en la fríisima tarde invernal. Seguidamente, a las siete y media, en el coro de la Santa María La Mayor, recibimos con mucha alegría a Migueli, cantante cristiano y gran amigo que nos llevó, una vez más, de la mano hacia el mensaje esencial, a la celebración del Amor de Cristo desde el corazón, y nos invitó a vivirlo, con naturalidad, a pie de calle. Vibramos y nos emocionamos con sus palabras, su música, reflejo de una vida vivida, sentida, sufrida y, sobre todo, celebrada, siempre con, por y para Cristo, desde el corazón del mundo

La tarde del sábado 25, en la ermita de la Virgen del Mirón, celebramos la Oración Ecuménica, con la presencia del obispo de nuestra diócesis, don Gerardo Melgar, el sacerdote ortodoxo rumano P. Gabriel Danila, los pastores de la Iglesia Sión Máximo Pascual y Eduardo Hernández Ayllón, el Delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, P. Ángel Hernández Ayllón, y un nutrido grupo de cristianos miembros de las tres comunidades. Siguiendo las directrices de la oración preparada para este año por las Iglesias de Canadá, y, en una bonita celebración en la que se hizo especial hincapié en el intercambio de dones y en el compartir de los mismos, como pertenecientes a la única Iglesia de Cristo (presentamos simbólicamente una Biblia, un icono y el anillo episcopal como signo de la sucesión apostólica, por parte evangélica, ortodoxa y católica respectivamente), todos los participantes pudimos disfrutar, desde lo más profundo de nuestro corazón, ese sentirnos hermanos e hijos de un mismo Dios.

Por parte de la Delegación, también se ha realizado este año una nueva iniciativa que ha consistido en visitar y acompañar durante la Misa, durante varios días de la semana, a algunas de las parroquias de la capital soriana (San Pedro, El Salvador, Santa Bárbara, San Francisco y San José), para presentar el trabajo de la delegación en pos de la unidad, para dar a conocer la situación y las relaciones entre las distintas confesiones en nuestra realidad soriana y para orar junto a nuestras comunidades en este sentido. Esta iniciativa de sensibilización hacia la necesidad del acercamiento entre unos y otros cristianos, dirigida al conocimiento mutuo, va a tener continuidad a lo largo del año.

Jesús dijo : ‘Que todos sean uno, para que el mundo crea’ Jn 17, 21. Por ello seguimos y seguiremos orando por la Unidad, siguiendo esta exigencia de Jesús. En primer lugar para demostrar que Cristo es Uno, y en segundo lugar para que el mundo crea en Él. Cuanto más nos acerquemos a Él, más cerca estaremos los unos de los otros. Como cristianos, unidos, en este camino de conocimiento mutuo y oración, donemos al mundo paz, reconciliación y amor. Cristo no está dividido.

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2014

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 

18 – 25 enero de 2014

¿Es que Cristo está dividido? 1 Corintios 1, 1-17

Los materiales de este año de la Semana de Oración han sido preparados por las Iglesias de Canadá, país marcado por la diversidad, diversidad en la lengua, cultura, religión… El vivir esta diversidad, llevó a  los grupos de trabajo a reflexionar sobre la provocadora pregunta de Pablo en el primer libro de Corintios: ¿Es que Cristo está dividido? 1 Cor 1, 1-17.Y la única respuesta posible fue ¡no!

Aquí en nuestra realidad más cercana, hemos de responder también a esta pregunta, y queremos contestar juntos ¡no! y decirlo con nuestra vida.

Y, al mismo tiempo, ante la situación crítica que estamos viviendo en nuestra sociedad, nuestra identidad cristiana nos lleva a creer que otro modelo de sociedad es posible, que por medio de la fraternidad y el amor se puede conseguir una sociedad solidaria, más justa y equitativa.

En este sentir, la Delegación de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la diócesis nos hemos reunido con las distintas realidades cristianas, las diversas confesiones asentadas en Soria y, junto a la Iglesia Ortodoxa Rumana y algunas Iglesias evangélicas, hemos preparado una serie de encuentros de oración y actividades, que presentamos a continuación:

Sábado 18 de enero:

Presentación de la Semana y entrega de materiales. A las 17.30h en la Casa Diocesana, C/San Juan 1 (Soria).

 Domingo 19 de enero:

Oración y lectura de Manifiesto por la Unidad de los Cristianos. A las 13.30h en la Plaza de San Esteban (Soria).

Lunes 20 de enero: 

Mesa redonda y café tertulia con políticos y representantes de los medios de comunicación sobre temas de actualidad social. A las 17.30h en el local de la C/Caballeros 29 (Soria).

Martes 21 de enero: 

Visita a enfermos a partir de las 17.00h. Salida desde el local de la C/Caballeros 29 (Soria).

Trabajo y atención a familias con Cáritas y Grupo de Madres en la parroquia de Santa María la Mayor (Soria) a partir de las 19.00h. Se concluirá con una oración.

Miércoles 22 de enero:

Exposición de la visita realizada por parte de la Delegación diocesana de Ecumenismo a la Primera Iglesia Baptista de Abilene (Texas) y de los proyectos con ella compartidos: ‘Desafíos para la unidad’. A las 19.30h en la Casa Diocesana, C/San Juan 1 (Soria).

Jueves 23 de enero:

Proyección de la película ‘Una aventura extraordinaria’. A las 19.00h en la Iglesia Sión, C/Almazán 9 (Soria).

Viernes 24 de enero:

Evangelización en la calle: A las 17.00h en la plaza del Rosel y San Blas y en la plaza de San Esteban (Soria).

Concierto del cantautor cristiano Migueli en la iglesia de Santa María La Mayor (Soria). A las 19.30h.

Sábado 25 de enero:

Vigilia de Oración por la Unidad de los Cristianos. A las 19.30h en la ermita de Nuestra Señora del Mirón (Soria).

 

 

 

Bautismo de Andrei Danila: encuentro y unidad

El pasado domingo 29 de septiembre se celebró en la ermita de la Virgen del Mirón, en Soria, el Bautismo del pequeño Andrei, hijo del Padre Gabriel Danila, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa Rumana en Soria y de su esposa Ana Camelia.

La preciosa celebración, en la que se celebraba el Bautismo, la Confirmación  y la Comunión del pequeño Andrei, en el día en que la comunidad celebraba sus santos patronos, fue presidida por el obispo ortodoxo rumano para España y Portugal, Mons. Timotei Lauran. Al final de la misma, asistió el obispo de la diócesis de Osma-Soria, Mons. Gerardo Melgar, para acompañar y saludar al señor obispo Timotei, al P. Gabriel y Camelia y a toda la familia ycomunidad ortodoxa rumana allí reunida.

También estuvieron presentes los sacerdotes ortodoxos rumanos de ciudades próximas, como Burgos o Pamplona, el delegado de Ecumenismo diocesano y vicario de pastoral Ángel Hernández, la Misionera de la Unidad, Águeda García, el sacerdote Francisco José López, de Ciudad Real, el secretario personal del sr. obispo, Artur Z. Roczniak, y algunos miembros de la comunidad católica soriana.

Tras la celebración, todos los invitados pudieron disfrutar en la Casa Diocesana de una emotiva y alegre tarde, compartiendo deliciosos platos de cocina rumana, y cantando y bailando canciones populares de este pueblo tan querido y que tanta riqueza humana y cultural está aportando a nuestra sociedad.

Un día de bendición en el que estrechamos lazos de fraternidad con los hermanos ortodoxos, afianzamos nuestra amistad personal y, en definitiva, nos unimos aún más en este caminar común y compartido que Dios nos abre y regala cada día.

¡Felicidades, querido Andrei! Bienvenido a la comunidad cristiana, y que Dios bendiga siempre tu vida.

De Lituania a Guadalupe con Cristo y María


Jesús le dijo: ¿Cómo que si puedes? ¡Para el que cree todo es posible! 
Marcos 9, 23

El pasado lunes día 16 de septiembre llegaban caminando a la ermita del Mirón un grupo de 21 peregrinos lituanos que partieron de la Colina de las Cruces en Lituania el 19 de mayo y llegarán, Dios mediante, el día 31 de octubre a la Basílica de Guadalupe, en México.

Por increíble que parezca, se trata de una peregrinación a pie de 4900 km y 6 meses de duración, un camino de oración y penitencia a lo largo de 10 países: Lituania, Polonia, República Checa, Alemania, Suiza, Francia, España, Portugal y México.

Llegaron a la ermita de la Virgen del Mirón el lunes a las ocho y media de la tarde. Portaban, entre cuatro personas, una preciosa cruz de madera con un Cristo tallado y adornado con una especie de guirnalda de ramas de pino, acompañándola llevaban una imagen de la Virgen de Fátima y un Sagrado Corazón de Jesús, y algunas mujeres sostenían firmemente sobre su  pecho varios cuadros con imágenes de la Virgen María. Coon ellos, cuatro banderas, la lituana, la española, la del Vaticano y una de la Virgen de Guadalupe.

Habían salido esa misma mañana de Matalebreras, y ahora cubrían la etapa del día y se disponían a descansar y pasar la noche en la casa del Mirón. Tras el descanso, se levantaron muy tempranito y junto al P. Ángel Hernández, celebraron la Eucaristía a las 7 de la mañana. Un precioso momento en el que dejar todo en el Señor y en el que tomar fuerzas para proseguir el largo y duro camino de entrega.

Camino de oración y penitencia que continuaron muy agradecidos, después de desayunar, sobre las nueve y media de la mañana del día 17, rumbo a Calatañazor, con una parada al mediodía en Villaciervos. Dos de ellos habían sido atendidos en Soria por lesiones en los pies,  pero nada más salir del hospital, se incorporaron al grupo, si bien tendrán que ir unos días en el autobús que les acompaña para llevar sus mochilas y equipajes.

Este grupo tan especial nos impactó por su humildad, la firmeza de su fe y su fortaleza, que en tanto supera las fuerzas humanas. La gran mayoría de sus integrantes, salvo tres o cuatro personas de mediana edad, superaban los 60 años, siendo la mujer de mayor edad una señora de 77 años y la más joven una chica de unos 22 años. Muchas noches no tienen ni siquiera una cama para dormir, pero todo su afán, incluso con los pies doloridos y rotos, es caminar, reincorporarse al paso, oración y ritmo de sus hermanos y seguir.

El hermano Elías, monje eremita que vive en una casita en el bosque, es el padre espiritual del grupo. Con sus vestiduras humildes, y alimentándose sólo de pan y agua, refleja en su mirada serena y en sus rasgos curtidos, la fuerza inexplicable que le lleva a él y a todos sus hermanos caminantes, casi todos ellos con cuerpos de aspecto frágil  y envejecido, a que puedan seguir paso a paso esta peregrinación, absolutamente imposible en términos humanos, pero absolutamente real en Cristo. Real y posible sólo en Cristo. Han pisado nuestra tierra y han pasado por nuestros pueblos y hemos podido verlos y tocarlos. Y ahora mismo siguen su caminar, llevando en sus corazones muchas vidas, intenciones, oraciones, agradecimientos, penas, promesas… Orando de una manera concreta por la paz y el renacimiento espiritual en el mundo, por la Iglesia, por la unión de los cristianos, por los sacerdotes, monjes y laicos, por las familias, niños y jóvenes, por las personas dependientes, por los difuntos… Y haciendo penitencia por las profanaciones del Santísimo Sacramento y la falta de respeto a la Virgen María, a la Santísima Trinidad, al Papa y a la Iglesia, por la infidelidad matrimonial, por las vidas no nacidas, la dureza de corazón e indiferencia al prójimo y por las consecuencias de los vicios.

Su paso es una llamada, una luz, una pista de esas que el Señor regala para que le sintamos, también física y sensiblemente, en nuestras vidas. Que este paso haya sido, y siga siendo, por todos los lugares de su peregrinar esa presencia real de Cristo vivo que todo lo cambia y todo lo sana.

De España van hacia Portugal y de allí tomarán un vuelo que les llevará a México, donde seguirán su camino a pie durante 3 semanas para llegar al Santuario de la Virgen de Guadalupe.  Después regresarán en avión a Praga y desde allí volverán a Lituania en autobús.

 A la protección de la Virgen María les encomendamos y oramos a Dios para que les acompañe siempre en el Camino de sus vidas.

Queremos mostrar aquí dos direcciones en las que se puede encontrar más información acerca de esta peregrinación tan bella: www.kryziukalnas.lt y www.siluva.lt