EL PAPA URGE A “PARAR LOS CRÍMENES” EN IRAK

Comentando con dolor las noticias «increíbles y abrumadoras que llegan de Irak», el Papa hizo presente la tragedia de «millares de personas, entre los que hay numerosos cristianos, expulsadas brutalmente de sus casas, niños que mueren de sed y de hambre durante la fuga, mujeres secuestradas, personas masacradas, violencia de todo tipo…».

El Santo Padre mencionó también la «destrucción por todas partes, destrucción de casas, destrucción del patrimonio religioso, histórico y cultural…». Con gran fuerza afirmó que «¡Todo esto ofende gravemente a Dios y ofende a la humanidad! ¡No se extiende el odio en nombre de Dios! ¡No se hace la guerra en nombre de Dios!».

El Papa dio las gracias «a quienes están llevando, con valentía, ayuda a estos hermanos y hermanas», y pidió una solución política a nivel internacional y local para «parar estos crímenes».

Ante unos treinta mil peregrinos que acudieron al rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro a pesar del calor, el Papa anunció que había nombrado «enviado personal» suyo al cardenal Fernando Filoni, «que mañana sale de Roma».

Respecto a Gaza, el Santo Padre lamentó que «después de la tregua, se haya reanudado una guerra que siega víctimas inocentes, incluidos niños, y que sólo sirve para empeorar el conflicto entre israelíes y palestinos».

Después de rezar con los fieles por la paz en las dos zonas de guerra en Medio Oriente, el Papa invitó a rezar también «por las victimas del virus Ébola y todas las personas que están luchando por pararlo».

Diario ABC, 10 de agosto de 2014

Reflexión del cardenal Maradiaga ante la crisis de Gaza

“En Gaza, el campo de batalla son barrios llenos de niños, mujeres y hombres”

“La población no tiene un lugar seguro para refugiarse, cuando caen las bombas”

Religión digital. 1 agosto 2014

(Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, presidente de Cáritas Internationalis).- La población no tiene un lugar seguro para refugiarse, cuando caen las bombas en aquella pequeña franja de tierra, densamente poblada, que es Gaza. Allí ven a su hijos asesinados, sus barrios arrasados y sus esperanzas de paz futuras destrozadas.

El campo de batalla son barrios llenos de niños, mujeres y hombres. Con hospitales abarrotados de heridos y muertos, escuelas bombardeadas, incluso cuando sirven como refugio.

Como Caritas, hemos exhortado al alto el fuego permanente, aunque sea solo un primer paso en el camino hacia una paz justa, que se base en negociaciones inclusivas en toda la región.

El camino de la reconciliación es largo, pero inicia dentro de nosotros mismos. Israel y Hamás, ¿cómo es que miran ustedes la brizna que hay en el ojo de su hermano, y no reparan en la viga que hay en el propio? Lo que deberían hace es deponer las armas y tomar un binóculo, para comprobar que la mayoría de sus víctimas son personas inocentes.

Ésta es la tercera guerra en cinco años, entre Israel y los activistas de Gaza. Los palestinos de Gaza ya viven una vida en la que escasea el suministro de agua, la mayor parte de la comida proviene de las organizaciones humanitarias y está fuera del alcance de sus habitantes la dignidad de poder tener un trabajo.

Caritas facilita ayuda material y espiritual a la población de Gaza, en momentos de necesidad y desesperación .

Exhortamos para que se levante el bloqueo de Gaza y se permita a su habitantes proteger la propia vida y medios de sustento, con el fin de poder vivir una vida digna.

Cuando recientemente encontró a los presidentes de Israel y Palestina en el Vaticano, el Papa Francisco dijo: “Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez”.

Como Caritas, rezamos por la paz en Tierra Santa. Rezamos por las familias palestinas y israelíes que han perdido a sus hijos, madres y hermanos y por los que han resultado muertos. Nuestras oraciones van a los niños que viven en el terror, cuyas cicatrices mentales seguirán siendo profundas, incluso mucho tiempo después de que termine esta guerra.

La Confederación Caritas envía su cariño y solidaridad a los empleados de Caritas que arriesgan su vida cada día trabajando en Gaza. Son personas que trabajan humildemente y sin tregua al servicio de Jesús, en las condiciones más difíciles que se puedan ustedes imaginar. ¡Que Dios les acompañe en cada paso que den! También rezamos por nuestros compañeros de Caritas Jerusalén y el apoyo vital que ellos ofrecen constantemente a los compañeros que trabajan en el terreno.

Mientras conmemoramos el Centenario de la I Guerra Mundial, recordamos las palabras del Papa Benedicto XV: “La fuerza puede reprimir el cuerpo, pero no puede reprimir las almas de los hombres” y rezamos porque a pesar de estos tiempos terribles de guerra y opresión, las almas de los palestinos y los israelíes seguirán siendo libres para creer en un futuro de justica y paz.

LA PARROQUIA CRISTIANA ORTODOXA DE GAZA ACOGE Y AYUDA A MUCHAS FAMILIAS MUSULMANAS DESPLAZADAS

La única iglesia ortodoxa de la Gaza está ahora habitada por cientos de familias provenientes de diversas zonas de la Franja, sobre todo del norte.

A los vecinos de los barrios de Zeitun, Tufaha o Shujaiya les sorprendieron las pasadas noches los bombardeos aéreos, artillería pesada y obuses israelíes teniendo que huir de sus casas.

Hasta ese momento, algunos eran reticentes a dejar todo atrás, máxime sabiendo que los únicos refugios con los que contaban eran los desbordados colegios de la UNRWA, la Oficina de Naciones Unidas para Ayuda al Refugiado Palestino. Sesenta y nueve colegios donde ya se da cobijo a cerca de 120.000 personas.

“Cuando escapábamos de los bombardeos nos encontramos con gente de la iglesia ortodoxa y nos dijeron que acudiéramos al templo a refugiarnos”, cuenta Hiyazi, rodeado de sus hijos y su mujer.

Como él, muchos vecinos de los barrios del este de la ciudad de Gaza recibieron llamadas del ejército israelí exigiendo que dejaran sus casas.

“Nos telefonearon y nos dijeron: ´Vosotros escondéis a gente de la resistencia palestina; tenéis cinco minutos para salir de casa´”, continúa Hiyazi, negando con la cabeza tal acusación.

´Si ofreces amor, vencerás´
La Iglesia de San Porfirio casi se oculta entre minaretes y casas superpobladas en la zona del casco antiguo de Gaza. “Necesitaban ayuda y nosotros se la dimos porque, si ofreces amor, vencerás”, explica el arzobispo ortodoxo Alexios.

“Ellos han dejado sus casas y han venido sólo con lo más preciado: sus mujeres y sus hijos. Nosotros les damos lo mínimo: amor, agua, comida y medicamentos”, dice el arzobispo de la iglesia ortodoxa de Gaza.

Atrás quedaron las horas interminables de bombardeos y ahora los niños juegan y ríen dentro de los muros de la iglesia. Pero el trauma continúa vivo entre muchos de ellos, tanto en mayores como en niños.

“Mientras corríamos, había gente herida en la calle, tirada en el suelo, pero nosotros sólo podíamos ayudarnos a nosotros mismos -lamenta Fátima-. No pudimos coger nada y hace cuatro días que estamos con la misma ropa. Los cristianos nos traen comida a diario. No tenemos otro lugar a dónde ir. Por lo menos, los niños aquí se sienten seguros, juegan, corren, tienen su espacio”.

Mientras habla, un niño se acerca buscando una caricia de una mano firme que no tiemble. Sin lugar a dudas es un niño traumatizado. La expresión de sus ojos y su actitud lo dicen todo. Según la OCHA (Agencia de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), en la Franja de Gaza ya hay 116.000 niños que necesitan ayuda psicológica.

´Los niños ahora ríen´
Fátima, como el resto de adultos desplazados, pasa las horas sentada buscando la sombra en un verano de Ramadán muy intenso y dificultoso. De repente, se escucha el estruendo de un cohete.

“Nosotros estamos con la resistencia -afirma Fátima mientras sonríe-. Que Dios les de la victoria y les proteja, que Dios les de firmeza y valentía”.

En el patio interior de la parroquia, los más ancianos y los enfermos duermen en colchones. Fuera, al sol, la ropa recién lavada invade cada rincón. Un joven voluntario del barrio escribe concienzudamente los nombres de las personas que hay refugiadas en la iglesia.

“Lo hago porque hay gente rica y otras organizaciones que quieren ayudar. Yo recojo los nombres para después proceder a repartirlo todo”, dice Mohammed, el voluntario.

Una mujer que recoge la ropa tendida repite varias veces ´etshantatna´. Una palabra que en árabe viene a querer decir “dispersos, lejos del hogar, en malas condiciones y sin ayuda”.

Zumbido de drones
Los golpes secos de los bombardeos se siguen oyendo a lo lejos y los zumbidos de los vehículos militares israelíes sin piloto, los llamados drones, son casi perpetuos.

Aunque para muchos la iglesia sea infranqueable a los bombardeos israelíes, no lo es para la metralla de obuses y artillería. Hace unas 24 horas un obús golpeó la fachada del colegio cristiano aledaño a la iglesia, destrozando las losas de varias tumbas del cementerio.

Quedan las marcas de la metralla clavada en las paredes de los edificios, los restos del obús llegaron incluso a los patios de la iglesia ortodoxa. En la Franja de Gaza no existen lugares seguros. Tanto colegios públicos como colegios de la UNRWA han sido bombardeados. La santidad de mezquitas o iglesias tampoco se respeta en la guerra.

“Musulmanes o cristianos.Todos somos el mismo pueblo. Todos estamos bajo las bombas. Todos somos uno”, recuerda Hiyazi.

Isabel Pérez/El Mundo. Religión en libertad, 24 de julio de 2014

Manifiesto de ‘El Espinar’ 2014

Manifiesto de los participantes al XXIV Encuentro Ecuménico de “El Espinar” sobre “Ecumenismo y responsabilidad ante el mundo” (del 30 de junio al 4 de julio de 2014)

Nosotros, miembros de varias confesiones cristianas, reunidos en el XXIV  Encuentro Ecuménico de “El Espinar” (30 junio-4 julio 2014), bajo el lema “Ecumenismo y responsabilidad ante el mundo”, queremos mantener nuestro empeño por la unidad de las iglesias cristianas y, al mismo tiempo, subrayar nuestra responsabilidad ante los graves problemas de justicia, de violencia y de degradación del medio ambiente que constatamos en nuestra sociedad y en el mundo entero.

Así pues, dentro del espíritu de la X Asamblea General del Consejo ecuménico de Iglesias, celebrada en Busan (Corea) del 30 de octubre al 8 de noviembre del 2013, concretado en su “Declaración sobre la Unidad  y el documento “La Iglesia. Hacia una visión común” (Documento de  “Fe y Constitución” N° 214),

por un lado, aceptamos y queremos subrayar los siguientes aspectos eclesiológicos:

  1. El origen de “la Iglesia arraigado en el plan de Dios Trino para la salvación de la humanidad” (Doc. N°. 3).
  2. La afirmación de la Iglesia “una, santa, católica y apostólica” (Credo Niceno-Constantinopolitano. Doc. N°. 22).
  3. La descripción de la Iglesia como  “Pueblo de Dios”, “Cuerpo de Cristo” y “Templo del “Espíritu Santo”  (Doc. N°.21).
  4. Los avances ecuménicos expuestos en el texto “Bautismo. Eucaristía. Ministerio” del año 1982, asumidos por la “Declaración sobre la Unidad” de laAsamblea Ecuménica de Busan (Corea).
  5. La afirmación de que “la unidad de la Iglesia, la unidad de la comunidad humana y la unidad de toda la creación están vinculadas entre sí” (Declaración sobre la Unidad,  N°. 13).

     

    Por otro lado, aceptamos responsablemente la exhortación de la X Asamblea General de Busan (Corea), que dice:

  6. “Intensificaremos nuestro trabajo por la justicia, la paz y la sanación de la Creación y abordaremos juntos los complejos desafíos de la realidad económica, social y moral actual (Declaración sobre la Unidad N°.  15).
  7. Consideramos que: “La Iglesia está llamada por Cristo en el Espíritu Santo a dar testimonio de la acción de reconciliación, sanación y transformación por parre del Padre a favor de la Creación. Por lo tanto, un aspecto constitutivo de la evangelización es la promoción de la justicia y la paz” (Doc. N° 59).
  8. Aceptamos el compromiso de la Comunidad de Iglesias del CEI cuando pide : “alentarnos los unos a los otros,  en el camino hacia la unidad visible en una sola comunidad de fe, en una sola comunidad eucarística expresada en el culto y la vida en común en Cristo a través del testimonio y el servicio al mundo, y avanzar hacia esta unidad para que el mundo crea”(Declaración sobre la unidad N°.  14).
  9. Creemos que la misión de la Iglesia -una, santa, católica (universal) y apostólica- respecto a la Creación y a la entera humanidad, es la de colaborar en la extensión  del Reino de dios pr medio de la predicación de la Palabra de Dios, la celebración del Culto (Liturgia), la comunión (Koinonia), el servicio generoso (Diakonia) y el testimonio inteligible (Martiria).
  10. La Iglesia no es el reino de Dios, pero es y debe ser siempre luz del mundo y sal de la tierra.

Manifiesto de “El Espinar” (4 de julio, 2014)

    

Obras son amores…

Este fin de semana celebramos el día del ‘Corpus’, el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es un día que está unido a la Caridad, al amor fraterno, pues no es posible celebrar y gozarnos de la presencia sacramental de un Dios invisible y no descubrirlo y adorarlo también en la presencia visible aunque misteriosa, pero real, de aquellos que viven postrados en la miseria material, moral y espiritual.

A Dios y, únicamente a Él, le reservamos el culto de adoración. Ya el Antiguo Testamento nos exhortaba a cumplir con este mandamiento: ‘A Yahvé tu Dios temerás, a Él servirás. No vayáis detrás de otros dioses, de los dioses de los pueblos que tendréis a vuestro alrededor, porque Yahvé tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso’ (Deuteronomio 6, 13-15). Ese Dios al que debemos adorar se nos ha revelado en nuestra naturaleza, Jesucristo que ‘siendo de condición divina… se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos… por eso, Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos y en la tierra y en los abismos y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre’ (Filipenses 2, 6-11). Si adoramos la presencia de Jesús en la Eucaristía es porque ‘Él es la piedra que los arquitectos despreciaron y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos’ (Hechos 4, 11-12).

Es una locura de amor la presencia de Dios en el sacramento de la Eucaristía. Deberíamos tener el deseo de comulgar, de pasar ratos delante del Sagrario, recibiendo ese amor cercano y misericordioso de Dios. Pero, además, Jesucristo se manifiesta también en los débiles, en los pequeños, en los excluidos…, su Cuerpo también se esconde ‘sacramentalmente’ o al menos ‘teológicamente’ en los pobres, en los necesitados, en los marginados y excluidos: ‘tuve hambre y me distéis de comer… estuve desnudo y me vestisteis, enfermo o en la cárcel y me visitasteis… Os aseguro que cuando dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’ (Mateo 25, 31-46). ¿Somos capaces o queremos descubrir a Cristo y adorarlo en sus múltiples presencias? Quizás nos sintamos cómodos en el interior de un templo, en medio de oraciones, de liturgias…, pero, ¿somos capaces de adorar a Cristo en los pobres, de comulgar con sus necesidades, de adorar ese cuerpo maltratado que también es Cuerpo de Cristo? ¿Nos duele el sacrilegio de ver el cuerpo del pobre tirado y golpeado por la indiferencia social? Si no descubrimos la presencia visible de Cristo en los pobres, no podemos hacerlo tampoco en la presencia invisible del sacramento. Ambas son presencias reales y misteriosas de Cristo, en ambas podemos comulgar y entrar en intimidad con Cristo y no olvidemos que lo que nos juzgará será el Amor y el amor que hayamos vivido y compartido con los demás.

En este punto os escribo literalmente un punto del Papa Francisco en su carta ‘La alegría del Evangelio’: Existe una tentación bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen (EG 231). El Papa nos lo dice clarito: ‘obras son amores…’ Si queremos adorar y amar a Jesucristo en su cuerpo, hagámoslo también con los pobres. La fe no nos puede anestesiar ni insensibilizar ante los sufrimientos de los demás. Comulgar a Cristo o adorarlo en la custodia o el sagrario es fuente de amor para que nuestra fe no quede en el ‘Señor, Señor’, sino que nuestro culto sea verdadero, pues el Señor nos ha revelado que: ‘yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios mejor que holocaustos’ (Oseas 6, 6). Que a lo largo de esta semana podamos adorar a Cristo en sus múltiples presencias, la invisible de la Eucaristía y la visible de los necesitados.

  P. Ángel Hernández Ayllón

Jesucristo no es uno más

Después de oír las declaraciones de Elena Valenciano sobre Jesucristo, como un revolucionario más de la historia, al nivel de Felipe González o del Ché Guevara, no puedo sino compartir una pequeña reflexión.

España sigue manejando políticos con verdadera alergia a lo cristiano, pero no a lo cristiano ‘maquillado’, sino a lo cristiano de verdad. Es lógico que para Elena Valenciano le resulte cómodo equiparar a Jesucristo con el Ché Guevara y con Felipe González – menuda patada a la lógica, a la verdad y a la cultura-, pero lo entendemos porque es muy popular desvirtuar aquello que está moralmente por encima de unos ‘valores políticos ideológicos’ que se reclaman en orden a la justicia, aunque casi todos entendemos que lo único que son realmente es el ‘pesebre’ de quienes sólo se representan a sí mismos.

Es triste que la imagen de Jesucristo para muchos sea la de un buen hombre que se entregó a los demás, que murió y… ‘aquí acaba la historia’. Pues no, la revolución propuesta por el Ché Guevara o por Felipe González nada tiene que ver con la propuesta por Jesucristo. En primer lugar porque los medios utilizados son diametralmente distintos. La revolución impuesta por el Ché fue la violencia, para Felipe González fue el cambio de ‘todo’, como la quimioterapia que arrasa con todo, lo bueno y lo malo. Pero, ¿cuáles fueron los medios utilizados por Jesucristo? Pues bien, nada populares ni mediáticos, pero totalmente eficientes para sanar el corazón de las personas: el amor misericordioso, el perdón, el espíritu de las bienaventuranzas, la generosidad, la acogida, la cercanía… Hay revoluciones que destrozan a la gente, las conciencias, la moral, que enfrentan a las personas, que las marginan en razón de su credo, de su edad, de su ideología, de su poder adquisitivo, de su historial médico, de su expediente delictivo, de su… La revolución que Jesucristo trajo al mundo nada tiene que ver con sus ‘ídolos de barro’, señora Valenciano. Y estoy seguro de que si esa es su idea de Jesucristo… mal vamos.

Además de todo, Jesucristo se ha acercado a la pobreza y a los pobres, renunciando a su categoría de Dios. No sólo ha hablado de ella o de ellos, no, ha sido capaz de mirar la miseria, de tocarla, de cargarla y de entregar su vida para aliviarla. La visión política siempre es interesada y encumbra lo económico como lo más importante; pues bien, en la revolución de Jesucristo lo más importante es la persona y además ‘el más pequeño’: el marginado, el dolorido, el extranjero, el niño, la mujer, el leproso, el anciano, la adúltera… Y es importante la persona no cada cuatro años o por intereses partidistas, no, Jesucristo se ponía del lado de la persona sin importarle la procedencia: amaba al judío y al romano, a la mujer sirofenicia y a la samaritana, al recaudador de impuestos, al fariseo y al publicano y al pecador en la cruz.

Podríamos seguir dando pistas a ‘la Valenciano’ y a aquellos para los que Cristo es alguien igual a otros. La prueba más notable y que más le distingue es que Jesucristo no tuvo su plan de reforma o revolución, sino que vino al mundo, se encarnó, para cumplir la misión que el Padre le había encomendado, es decir, salvar, redimir al mundo del pecado. El pecado fue un acto de desobediencia a Dios y sólo Alguien a la altura de Dios, pero como hombre, podía restituir la desobediencia con un acto de obediencia: ‘Padre, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya’. En fin, detrás del Ché hay muchos muertos, detrás de Felipe González hay muchos insatisfechos… Pero además, el Ché murió y ‘se acabó’, queda su leyenda negra; Felipe González morirá y lo recordaremos en Wikipedia, pero Jesucristo murió y al tercer día resucitó de entre los muertos y está vivo en medio de nosotros. Sería bueno que quien quiere representarnos en Europa sepa que Jesucristo no fue un revolucionario ‘sin más’, sino alguien que nos salvó desde el amor y está vivo.                                                                                       P. Ángel Hernández Ayllón

Sólo por Amor

Comenzamos la Semana Santa, semana de gracia, semana en la que actualizamos litúrgicamente el misterio pascual de Jesús, su pasión, muerte y resurrección. En estos días se vuelve a declarar que el dolor que vale es aquel que es fruto de un amor; un amor que no se echa atrás ni siquiera en la máxima prueba de la entrega sacrificial por aquellos a los que ama. La ‘Semana Grande’ es volver a recordar que el amor de Dios es un amor loco, llevado al extremo hacia aquellos, por los que sin darle motivos, ha entregado su vida.

Algunos, sin embargo, tienen una idea de Dios o de la Cruz de Jesús un tanto deformada. En el extremo de esta ‘religiosidad deformada’ está la práctica de aquellos que sienten una sensación de bienestar por celebrar la Semana Santa detrás de un hábito pero, a lo largo del año, se olvidan de la relación con un Dios personal que les llama al Amor.

Pero a la vez, en los que sí mantenemos una relación con Dios se pueden dar dos serios problemas en la concepción de la Cruz de Jesús y de la Semana Santa. El primer peligro sería querer aplicar a la Cruz de Jesús la justicia humana, tan cercana a la venganza y considerar a Dios Padre como alguien que reclama justicia y necesita que alguien, que esté a la medida de su dignidad, pague las deudas que nosotros hemos cometido. Jesucristo se convertiría en el bicho expiatorio que saciaría la sed de justicia de ‘un dios malhumorado’ por nuestros delitos. Esta concepción del sacrificio de Jesús está en radical contraste con lo que Jesús enseñó y vivió en su vida. Jesús nos decía: ‘Se os dijo: ama a tu prójimo y aborrece a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos para que seáis hijos de vuestro Padre que hace salir el sol sobre justos e injustos…’ (Mt 5, 45) Amar al enemigo es no devolverle mal sino desearle bien. Y, si ha sido injusto, el mayor bien que se le puede desear es que se libere de su maldad. La justicia del Dios revelado en Jesucristo es la justicia de ‘ajustarnos’ al Amor de Dios. El motivo de la Cruz de Cristo no fue la necesidad de expiar unos delitos cometidos, sino la necesidad de amar por parte de Dios a sus criaturas en su pequeñez, en sus dolores, en su pecado, en sus ‘cruces’.

Otro peligro que nos sumerge en una ‘religiosidad deformada’ es pensar que necesitamos buscar sustitutos misericordiosos a ese ‘dios inmisericorde’ que reclama justicia y desviamos nuestra mirada hacia devociones que nos desvían del encuentro personal e íntimo con Jesucristo. Muchas veces podemos poner en duda que el sacrificio de Cristo en la Cruz lo hubiera ganado todo y por ello nos agarramos ‘supersticiosamente’ a devociones o a imágenes que niegan o deforman una relación sana con un Dios bueno. La devoción mariana o a los santos, cuando se purifica en una vida litúrgica sacramental, es camino de perfección. Pero, ¿qué podemos pensar de una vida cristiana reducida a unas procesiones durante una semana?

La muerte de Jesús fue consecuencia de su vida entregada y no una exigencia de la justicia de Dios. A Cristo lo matan por su tipo de vida, por lo que dijo y por lo que hizo, lo matan por lo que estorbó, porque se puso del lado del pequeño, de las víctimas, de los arrinconados sociales y religiosos. Cristo entregó su vida por nosotros no para satisfacer una justicia que es mera proyección de la venganza humana, sino porque la maldad humana, eso que llamamos pecado, no es meramente una ofensa al Amo, sino algo mucho más serio: una ofensa al Amor. Decía Óscar Romero que el ‘pecado es aquello que dio muerte al Hijo de Dios, y pecado sigue siendo aquello que da muerte a los hijos de Dios’. Contemplemos, no sólo estos días, esas imágenes vivas de Jesús que siguen sufriendo el desprecio, la miseria material, el abandono humano, el paro… Que no nos conformemos con vivir una fe de cumplimiento, de procesiones, de superficialidad, sino que vivamos una fe de encuentro y seguimiento a Jesús, que murió, resucitó y vive en medio de nosotros. Feliz Semana Santa.                                                                                                                                                                      P. Ángel Hernández Ayllón

¡Atrévete a ser radical!

Nietzsche profetizó, como consecuencia de la muerte de Dios por él anunciada- el colapso de ‘toda nuestra moral europea’. Perdón por el inicio, alguno se preguntará: pero, ¿Dios ha muerto?, ¡pues no me había enterado! La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla. A nivel teológico Dios sigue vivo y sigue siendo motivo de muchos libros y discursos; a nivel litúrgico sabemos que Dios se hace ‘presente real y substancialmente’ en las especies de pan y de vino; a nivel eclesial se hace presente aquí y ahora cuando dos o más están reunidos en el nombre de Jesús.

Todo esto está muy bonito, pero ante la pregunta ¿Dios ha muerto? yo no creo que podamos responder tan a la ligera. Quizás siga vivo a nivel teológico, filosófico, litúrgico…, pero creo que el nivel más importante y decisivo es el existencial, el personal. La cuestión no es que Dios viva en el mundo de las ideas o los ritos, sino en el mundo de las relaciones y de las personas. Y ahí, es donde sí estoy de acuerdo con la afirmación que la crisis de Dios tiene como consecuencia el colapso de la moral. Cuando Dios desaparece del ámbito personal y de nuestras relaciones la moral deja de obligarnos y comenzamos a dirigirnos por gustos, por violencia, por interés… Cuánta violencia en nuestras familias, en la sociedad… ¿Queremos que nuestros hijos crezcan en valores que nos ayuden a relacionarnos y a cuidarnos los unos a los otros o en intereses que se imponen a la fuerza? ¿Nos sentimos modernos por tener control de la vida a su inicio y a su término? ¿Pensamos que hemos madurado por expulsar a Dios de nuestras decisiones, de nuestro ocio, de nuestros intereses?

A Dios lo hemos expulsado de la esfera de nuestras relaciones y lo hemos arrinconado en los templos o en la intimidad de hogares todavía cristianos. Como hijos de Dios y cristianos deberíamos comprometernos en purificar con nuestro testimonio la imagen deformada de un dios ritual, moralista, teórico…, que no lo podemos escribir con mayúsculas porque no es el verdadero.

Hoy, más que nunca, el cristianismo tiene que proclamar que Dios sigue vivo, pero no en las ideas, o los programas pastorales, sino en la vida de las personas: en ti y en mí. Hoy más que nunca debemos ‘despertar a la fe’, una fe que nos desafíe a ser radicales (no fanáticos) en la sociedad en la que vivimos. ¿Qué significa ser radicales? ¿Romper farolas, atacar al orden público, hacer pintadas…? Pues no, no hablo de la radicalidad que mata y que ignora los compromisos sociales y las reglas de juego que aseguran una convivencia pacífica. Cuando hablo de radicalidad, hablo de vivir el Evangelio de Jesús. Hablo de orar y hablo de compartir en sociedad lo que celebramos y vivimos dentro del templo. Hablo de decir Sí a la Vida siempre. Hablo de no ignorar la presencia de Jesús en los pobres y de comprometernos con sus causas. Hablo de dar valor a las pequeñas cosas, a lo sencillo, a lo pequeño, al enfermo… Hablo de compartir tiempo y alegría con los que no lo tienen. Hablo de abrir espacios de diálogo con aquellos que son ‘diferentes’. Hablo de ir más allá de las palabras y hacerlo en el ámbito que nos corresponde. Hablo de no vivir con los ojos cerrados al clamor de las víctimas sociales. Hablo de compartir también nuestro dinero y no sólo lo sobrante. Hablo de poner nuestra mirada en lo que esencial, no sólo en lo pasajero. Dios ha muerto en muchas personas y yo quiero que mi vida refleje que Dios está vivo, que sigue salvando, que seguir a Cristo nos ayuda a ser mejores personas. Que tu vida y la mía manifiesten que Dios es la mejor apuesta en nuestra sociedad. Atrévete a ser radical, atrévete a vivir el Evangelio, atrévete a compartir a Jesús con una vida alegre y entregada. ¡Feliz Semana!.

 

 

ALTO Y CLARO: SOY CRISTIANO Y ESTOY ORGULLOSO DE SERLO

‘¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio!… Prácticamente es ilegal… Porque el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva’. El otro día cuando leí esta frase del Padre Rutilio Grande, amigo de Monseñor Romero y mártir en El Salvador me pareció que estaba describiendo perfectamente la realidad que vivimos. Es cierto que existe una libertad de culto, pero también es cierto que cuando alguien quiere vivir el Evangelio en su radicalidad, entonces las cosas cambian. ¿Qué ocurre cuando  defendemos la vida del no nacido, del enfermo terminal…? ¿Qué ocurre cuando hablamos que la riqueza en manos de unos pocos es una vergüenza y un atentado contra el pobre? ¿Qué ocurre cuando hablamos de que todos, los inmigrantes también, tienen derechos como cualquiera? ¿Qué ocurre cuando hablamos del amor y el perdón incluso a los enemigos? ¿Qué ocurre cuando hablamos de fidelidad en el matrimonio? ¿Qué ocurre cuando hablamos de que la propiedad privada no es un derecho absoluto y el destino universal de los bienes sí? Ocurre que algunos dicen que la Iglesia no se meta en política o que estamos en una sociedad que ha crecido en madurez y que Dios no tiene por qué inmiscuirse en los temas y cuestiones humanas, y mucho menos los curas o la Iglesia.

Cuando queremos vivir con radicalidad las exigencias del Evangelio nos damos cuenta que vamos contracorriente. Pero, me hago la siguiente pregunta: ¿es posible o vale la pena vivir la vida cristiana de otra forma? Algunos ‘viven la fe a la carta’ y ‘consumen’ sacramentos como si de analgésicos se tratara: me caso por la Iglesia, bautizo al hijo, hace la comunión la hija… Pero, realmente ¿vivimos la fe como encuentro decisivo con Jesús, Señor y Salvador? Invitaba Martín Valverde en su canción ‘Discúlpeme pero no’: ‘Sé tú mismo, sé tú mismo…, no faltará quien te diga: hombre, antes cuando eras hipócrita eras más amable’. No faltará quien te haga semejante observación y te pidan bajar un poco el listón, no tomarte tan a pecho las cosas, es decir, vivir de forma ‘light’, baja en calorías espirituales, la vida cristiana. Para algunos vivir la vida cristiana con compromiso será ‘fanatismo’. Decía el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer que ‘la gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia’. Explicaba que cuando vivimos la fe como rito, mandamiento, doctrina, moral…, y no lo hacemos como seguimiento a Jesús, entonces estamos viviendo la gracia barata, y continuaba diciendo: ‘Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo –‘habéis sido adquiridos a gran precio’- y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros…’.

Es seguro que muchos preferirían que viviéramos un cristianismo ritual, privado, intimista, bajo en calorías espirituales, sin compromiso, de cumplimiento externo, que no saliera de las sacristías, que no hiciera ruido en el exterior… Me atrevo, como párroco de esta comunidad, a decir que tenemos y debemos vivir con ilusión renovada, con alegría, con ganas de compartir…, todo lo que supone el tesoro de nuestra fe. No es posible que celebremos la fe y que luego en nuestros quehaceres diarios, profesionales o familiares vivamos mimetizados con los valores y metas humanas y ocultemos y escondamos nuestra condición de cristianos. Cristo tiene que reflejarse en nuestra forma de vivir, de actuar, de relacionarnos con los demás.

Hay un lugar donde actualmente Jesús tiene que aparecer y es precisamente en los más necesitados. Monseñor Romero decía: ‘Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres’. No, a una Iglesia influyente y poderosa y Sí a una Iglesia evangélica y cercana a la miseria de la gente. Le pese a quien le pese, el interés y la necesidad humana es el auténtico camino de la Iglesia. ¡Vivamos con radicalidad y alegría nuestra condición de cristianos! Estoy orgulloso de ser cristiano y de ser sacerdote.

                                                                                                   P. Ángel Hernández Ayllón                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

Estad alerta, despiertos. ¡Mirad bien!

Estos días tengo muy presente en mi pensamiento y en mi corazón al ‘bueno de Matías’, ese ‘tío grande’ con el que algunas veces, cariñosamente, me dirigí a él. En la Eucaristía de funeral y al hablar de él, lo recordé en su actitud en la fe crítica e inquieta, en su no querer acomodarse. Creo que es necesario que seamos inquietos, que no nos conformemos con lo de siempre… El Evangelio nos llama siempre a ‘estar alerta, despiertos, con los ojos bien abiertos’.

Uno de los males que el Papa desprecia en la vida cristiana, es lo que Él llama la ‘mundanidad espiritual’, es decir, conformarnos con un cumplimiento externo de las normas, con un cumplimiento que anestesia nuestra conciencia y en el que no nos planteamos ningún tipo de compromiso con los demás. Es como dice el Papa: ‘buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal’… Es una espiritualidad que ‘no sale realmente a buscar a los perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo. Ya no hay fervor evangélico, sino el falso disfrute de una autocomplacencia egocéntrica’. La fe se convierte en una pildorita, que en el mejor de los casos, nos tomamos ‘los domingos y fiestas de guardar’.

‘Estad alertas, despiertos, con los ojos bien abiertos’. ¿Qué quiere decirnos Jesús con esta advertencia? Los cristianos solemos tender, en lo relativo a Dios y a la salvación, a primar la invisibilidad, la lejanía, la ‘gracia invisible’. Cuando hablamos de salvación, la mayor parte de las veces, pensamos en el más allá, como si la salvación fuera invisible a este mundo. Pues bien, Jesús insiste en la visibilidad, en lo visible, en la necesidad de percibir las cosas.

El cristianismo no es una invitación al adormilamiento, a la inercia, a conformarnos con lo de siempre. Uno de los graves peligros es atender sólo a nuestros intereses, ignorando lo que ocurre a nuestro alrededor, por eso, la fe no puede ser un narcótico, una anestesia a todo lo que nos rodea, como si todo lo pudiéramos solucionar con ‘rezar’ o ensimismarmos con los ojos torcidos mirando al cielo.

Uno de los trastornos que más nos limitan son los problemas de la vista. Pero, ¿qué ocurre cuando interiormente no somos capaces de ver, observar, mirar, contemplar? Ver, mirar bien, necesita tiempo… El Papa nos decía en el mensaje de cuaresma que tenemos que mirar la miseria, pero, ¿queremos mirarla o miramos a otros lados? Jesús insiste: quien no esté alerta, quien no abra los ojos, en una palabra, quien no afine su vista, tampoco estará preparado para conocer e intimar con Dios.

Me explico por qué. Dios no cabe en los que no tienen bien graduada la vista espiritual por una sencilla razón, porque quien excluye de su campo visual las necesidades del prójimo, cuando llega al Templo lo que ve está distorsionado. Es como si padeciera ‘glaucoma espiritual’, es decir, va perdiendo poco a poco la visión de descubrir a Dios. ‘Mirar bien’, nos ayuda a descubrir el valor de la vida, de las cosas y de las personas. El ‘Mirar bien’ nos obliga a construir una cultura de la empatía, del servicio, de la convivialidad. En la alegoría de Jesús sobre el Juicio universal (Mateo 25, 31-46) se manifiesta un criterio que no deja de ser inquietante: lo que decidirá sobre la salvación o condenación, el cielo o el infierno, no será tanto lo que pensemos sobre  Dios como la manera en que nos comportemos con los demás, los desconocidos.

El cristiano ha de abrir los ojos y acoger a todos, pues en su pretensión de misión universal ha de unir la cultura de la empatía, del reconocimiento de los demás en su alteridad: el otro es un lugar donde me puedo encontrar con Dios. Abramos los ojos a la realidad del Otro (Dios) y a la realidad del otro (el prójimo-próximo). No cerremos los ojos para vivir una fe ensimismada en un dios de rezos y normas, abramos los ojos a un Dios que nos lanza a la relación, al reconocimiento del otro, a la acogida, al encuentro, al compromiso social, a ser fermento en nuestras familias, en el trabajo, en la vida.