DÍAS DE ‘LUZ’

Días de ‘Luz’

Del 12 al 21 de Junio

en Soria

El grupo musical ‘Luz’ viene a Soria en misión de evangelización, enviado por la Primera Iglesia Baptista de Abilene (Texas), dentro del proyecto ecuménico conjunto que está llevando junto al Grupo Ecuménico Abre Tus Manos, vinculado a la Delegación de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la diócesis de Osma-Soria.

Con su música y su entrega, llevarán el mensaje de Jesús, su Luz, a nuestra ciudad.

Oramos y damos gracias por esta ocasión de compartir el gran e incomparable Amor de Dios.

OPCIÓN PREFERENCIAL POR CRISTO Y POR QUIENES SON SU IMAGEN

Hace unos días los obispos aprobaban y publicaban la instrucción pastoral ‘Iglesia, servidora de los pobres’. Es un documento necesario, que si lo acogemos y lo ponemos en práctica, mi opinión es que dará muchos frutos a nivel pastoral. Es de lectura sencilla y bastante breve. Sería bueno que en parroquias y grupos se hiciera una lectura y se estudiara buscando las claves para actuar y comprometernos en la realidad que nos toca.

Algunos pueden pensar que es inoportuno por el momento electoral en el que nos encontramos, pero también se puede convertir en oportunidad para que iluminemos y ponderemos nuestra postura política, es decir, la dimensión política de la fe, y ejerzamos nuestro derecho y obligación desde una conciencia madura y comprometida, iluminada desde los principios de la doctrina social. El discurso interesado de los políticos debería estar sometido a un juicio sobre aquellos que están en los márgenes, que son aquellos a los que como Iglesia debemos servir con más atención y cuidado. ¿Qué representan los pobres para nuestros políticos?, ¿en qué lugar los sitúan?

Es una locura que edifiquemos nuestra sociedad de espaldas a los más necesitados, a los más vulnerables, a los que menos cuentan. Es injusto y, por tanto, inhumano prescindir de aquellos que más dificultades tienen para caminar en la vida. Decía Mons. Romero que ante los problemas sociales ‘ningún cristiano debe decir ‘yo no me meto, yo no me comprometo’, porque eso sería ser mal cristiano, siendo también mal ciudadano’. Además, ‘el cristiano que no quiera vivir este compromiso de solidaridad con el necesitado no es digno de llamarse cristiano’.

Es una pena ver que los pobres ocupan lugares secundarios en nuestros trabajos, en nuestros intereses, por eso ‘la dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral’ (EG 203). También dentro de la Iglesia los pobres deberían ocupar los primeros puestos y un gran interés por los más débiles, pues ‘sin la opción preferencial por los más pobres, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día’ (EG 199).

Ahora bien, la pobreza que más humilla a la persona no es la material, sino la espiritual, la que oculta al hombre el verdadero sentido y destino en la vida; la pobreza espiritual nos lleva a alimentar excesivamente lo material olvidando quién nos da la vida, quien nos la mantiene y cuál es nuestro destino más allá de la muerte y cuál es el sentido de la vida en aquellas realidades que nos producen dolor y sufrimiento: ‘la peor discriminación que sufren es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria’ (EG 200).

Como Iglesia tenemos que trabajar para que a nadie le falte lo material y también lo espiritual. Celebrar la fe nos obliga a compartir la vida y el amor y a seguir el ejemplo de Cristo que ‘siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza’ (2Cor 8, 9). El misterio y ejemplo de Cristo, ¿lo tenemos que contemplar o imitar? Ante las próximas elecciones no debemos dejar todo en manos de los políticos, o al menos entender que la política la hacemos todos, aunque la representen unos pocos. Como cristianos debemos ofrecer nuestro estilo, que es el Reino de Dios: hacer presente a Cristo con nuestras vidas en la sociedad, desde el estilo de Jesús. No olvidemos que: ‘el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos que organizarla contra el hombre’. Vivamos la utopía del Reino: ‘Que nadie nos robe la esperanza de hacer otro mundo posible’.       P. Ángel Hernández Ayllón

CRISTO, PIEDRA ANGULAR. Homilía del Domingo IV de Pascua

La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular. ¿Qué significa esta expresión? La piedra angular en donde todo se apoya y sin la cual el edificio se viene abajo. ¿Sobre qué estamos edificando? ¿Cuál es nuestra piedra angular?

Actualmente se nos invita a consumir sensaciones, experiencias, a viajar…, se nos ofrece todo y muchas veces no se nos da nada. Cuando quitamos la piedra angular a nuestra vida hay momentos en los que no podemos dar respuesta a las preguntas que la vida nos hace. Cuando miramos al Resucitado siempre renace la esperanza, pero ¿qué ocurre cuando nos olvidamos de quien tiene la respuesta y da sentido a nuestras vidas?

Todos sabemos qué ocurre cuando edificamos la vida sin fundamento, sin verdaderos apoyos, cuando intentamos llenarnos de cosas, cuando nos dejamos llevar por las metas humanas de consumir, tener, alcanzar, viajar… Hay personas que han corrido mucho, han llegado muy alto, tienen nombre social…, pero sin embargo, hay una tristeza vital, la tristeza dulzona que amodorra al mundo y que nos hace perder el sentido de las cosas y oscurece el destino al que estamos llamados.

Hay personas que han perdido de vista su destino en la vida. Algunos reducen su vida a comer, beber, relacionarse, trabajar y huir de todo aquello que perjudica y dificulta la vida, como la enfermedad y la muerte. Pero, ¿a qué estamos llamados? ¿cuál es nuestro destino? ¿nuestra vida la podemos reducir a comer, reproducirnos, viajar, dormir, enfermar y morir? Entonces, ¿nuestro destino es el mismo que el de un pájaro, un perro, o un caballo? Mi destino personalmente no. Nos lo dice la Palabra de Dios: ‘Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos’.

¿Quiénes son los arquitectos? Son los que proyectan y ordenan la sociedad: políticos, profesores, guionistas… A Dios lo han marginado de nuestra sociedad y lo han pretendido ocultar, algunos hasta matar. No tenemos que irnos muy lejos. El discurso político de agrupaciones ‘progresistas’ antiguas y otras emergentes quieren marginar el sentimiento religioso, quieren romper relaciones diplomáticas con el Vaticano, quieren hacernos creer que la fe, lo religioso no ha de ser público. Mi fe, la de Cristo, me impide vivirla íntima y privadamente, pues fue Él quien dijo que una vela no la podemos poner debajo de la mesa, si no que tenemos que ponerla visible para que alumbre a los de casa. Estos arquitectos utilizan sus púlpitos, mucho más visibles que en el que yo me encuentro, para ridiculizar la fe sencilla, pero valiente y pública de muchos creyentes que tenemos a Cristo como piedra angular de nuestra vida. La ley de libertad religiosa no puede impedir y obstaculizar que vivamos, celebremos y manifestemos nuestra fe.

Es un momento fundamental el que estamos viviendo, pues hay grupos que se están manifestando en contra de principios que para nosotros son fundamentales. No podemos enfrentarnos a nuestra obligación de ciudadanos sin haber hecho una reflexión ponderada y madura de qué nos ofrece cada uno y cuáles son las consecuencias.

Es claro que todos tenemos una responsabilidad en la construcción del bien común y que todos debemos participar, los cristianos también; como creyentes, todos tenemos que aportar al bien de la sociedad nuestra genialidad y originalidad evangélica y no dar la espalda a la construcción de una sociedad mejor y más humana; los cristianos, en esto, debemos estar muy comprometidos para que la piedra angular no se deseche y desprecie. La dimensión política de la fe es fundamental, no podemos cerrar los ojos a la realidad social que nos rodea y, menos aún, no podemos callarnos ante propuestas políticas que vulneran los derechos de las personas y arrinconan la libertad religiosa. Como cristianos tenemos la obligación de ofrecer una palabra creyente y unos criterios y propuestas para que nuestros políticos no abandonen el bien común de las personas por los intereses partidistas de poder.

El Reino de Dios en el que los bautizados estamos comprometidos tiene que dar luz. La economía, el poder político, los arquitectos de este mundo tienen respuestas técnicas que no responden a las necesidades de muchos. Uno de los problemas a los que nos enfrentamos actualmente es que a Dios se le ha negado su lugar en la sociedad, en la familia y en la vida de muchas personas. Cerrar los ojos ante Dios, nos convierte también en ciegos ante los demás. En palabras de Mons. Óscar Romero: ‘Dios es el Dios de Jesucristo. El Dios de los cristianos no tiene que ser otro, es el Dios de Jesucristo, el que se identificó con los pobres, el que dio su vida por los demás, el Dios que mandó a su Hijo Jesucristo a tomar una preferencia sin ambigüedad por los pobres’. ¿Qué lugar ocupan los pobres en nuestra sociedad? ¿Hasta qué punto los programas políticos están preocupados por asegurar la dignidad de cada persona? ¿Qué lugar ocupan los parados, los transeúntes, los privados de libertad, los desahuciados…? Una sociedad que le preocupa más el dinero y su inversión que las necesidades de las personas es una sociedad que no tiene respuestas a las cuestiones más importantes.

Pero, tenemos que tener cuidado de no mirar la mota del ojo ajeno sin ver la viga que llevamos en el nuestro. Por eso, dentro de la Iglesia debemos analizar si Cristo es la piedra angular. ‘Este es el compromiso de ser cristiano: seguir a Cristo en su encarnación, y si Cristo es Dios majestuoso que se hace hombre humilde hasta la muerte de los esclavos en una cruz y vive con los pobres, así debe ser nuestra fe cristiana. El cristiano que no quiere vivir este compromiso de solidaridad con el pobre, no es digno de llamarse cristiano’.                                  P. Ángel Hernández Ayllón