Pioneros del Ecumenismo…

Una pequeña historia o anécdota de dos hombres que fueron pioneros en el camino del Ecumenismo:

Poco antes de su muerte, en 1926, el cardenal belga Mercier invitó a lord Halifax, anglicano, a asistir a la misa que se celebraba cada día en su habitación, en una clínica de Bruselas. Después de la misa, abrazó a su amigo anglicano y le regaló su anillo episcopal… “Si la verdad tiene sus derechos, la caridad tiene sus deberes”, fue uno de los principios de su conducta.

El cardenal Mercier era quien presidía la delegación católica y lord Halifax, la anglicana, de una serie de encuentros cordiales que tuvieron lugar entre representantes de ambas iglesias, que se conocen como las Conversaciones de Malinas (1921-1926), cuando el Ecumenismo comenzaba a dar los primeros pasos.

[Datos recogidos del libro de Jutta Burggraf, “Fomentar la Unidad”, Biblioteca de Autores Cristiano (BAC), Madrid 2011]

 

MAXIMILIANO KOLBE

Maximiliano Kolbe   

 

‘Entrega total y valentía’

‘Quiero morir en lugar de ese hombre’, le dice el detenido que lleva el número 16670 a Cara de Dogo. El jefe del campamento se limita a preguntar sin comprender: ¿Qué quiere este cerdo polaco?

‘Soy sacerdote católico. Quiero morir por ése’, repite el prisionero, señalando a Gajowniczek. Y al preguntarle por qué, da una razón sencilla y absolutamente heroica –la única que podía convencer al hombre de las SS, interesado por la mano de obra de sus esclavos-: ‘Yo soy viejo y estoy solo, y él tiene mujer e hijos’.

‘¡Es un cura!’, dice el jefe del campamento en tono de burla a su ayudante. Y luego, en tono escueto y militar, un tanto divertido, responde: ‘¡Aceptado!’

Fragmento del libro Grandes cristianos de nuestro siglo, de Christian Feldmann

‘La esencia del amor de Dios no consiste en sentimientos, ni tampoco en palabras dulces y tiernas, sino únicamente en la voluntad. Por eso cuando el alma persiste resuelta en su voluntad en tender a la santidad y amar a Dios, seguramente avanzará y levantará el vuelo, aunque falten en su corazón estos o aquellos sentimientos’

 

San Maximiliano María Kolbe O.F.M.Conv. (Zduńska Wola, Polonia, 8 de enero de 1894Auschwitz, 14 de agosto de 1941) Fue un fraile franciscano conventual polaco muerto por los nazis en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un gran propagador de la devoción al Inmaculado Corazón de María y un acérrimo combatiente contra el modernismo y los peligros que acechaban a la Iglesia en el siglo XX.

Su infancia

Nació en enero de 1894, en Zduńska Wola, en esas fechas parte del Zarato de Polonia, reino sometido al Imperio ruso, y fue bautizado con el nombre de Rajmund (en castellano: Raimundo). Fue el segundo hijo de Julius Kolbe (de origen alemán) y Maria Dabrowska (de origen polaco). Tuvo cuatro hermanos: Francis, Joseph, Walenty (que vivió un año) y Andrew (que vivió hasta los cuatro años de edad). Sus padres se trasladaron a Pabianice (Polonia) por motivos laborales.

Sus obras

Un domingo en una homilía oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario, en 1910 fue aceptado como fraile. Le cambiaron el nombre, de Raimundo a Maximiliano María.

En 1915 obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. De su estancia en Roma quedó fuertemente impresionado por las manifestaciones públicas masónicas. En ellas se atacaba duramente a la Iglesia católica, al Papa y haciendo apología satánica.[1]

Ante el impacto que le causan estos hechos escribe:

“¿Es posible que nuestros enemigos trabajen tanto hasta prevalecer, y nosotros permanezcamos ociosos o al máximo rezando pero sin entrar en acción? ¿Acaso no tenemos armas más poderosas, la protección de la Inmaculada? La sin mancha, vencedora de todas las herejías, vencerá al enemigo que levanta la cerviz”.

Así que dedicó su vida a la promoción de amar y venerar a la Virgen y en especial a su Inmaculado Corazón. En 1918 fue ordenado sacerdote, mas un año antes, fundó con otros seis hermanos franciscanos conventuales el Movimiento Milicia de la Inmaculada (M.I.).[2]

En 1927 fundó en Polonia a 40 km de Varsovia, la Ciudad de la Inmaculada (Niepokalanów), un lugar que alojaba una organización que tuvo mucho éxito y expansión como podemos observar en una descripción de la época:

Una extensa área libre para la construcción de una gran basílica de la Inmaculada. Un complejo editorial [que comprendía]: la redacción, la biblioteca, la tipoteca, el taller de los linotipistas, la cincografía con los laboratorios fotográficos, las tipografías […] y además las distintas secciones de la encuadernación, de los almacenes y de los envíos. El ala izquierda […] incluía, en diferentes edificios, la capilla, las dependencias de los religiosos, el postulantado, el noviciado, la dirección general, la enfermería y, a cierta distancia, la gran central eléctrica. Además, distribuidos por todas partes, los talleres de los herreros y de los mecánicos, los talleres de los carpinteros, de los zapateros, de los sastres, así como los depósitos de los albañiles y las grandes cocheras para el cuerpo de bomberos. Pero todavía no hemos terminado: además había un parque de maquinaria, una pequeña estación ferroviaria, con vía de empalme con la vía pública y estatal; incluso estaba previsto un aeródromo con cuatro aviones sin motor y un proyecto de estación de radiotransmisión. Por todas partes había gruesos troncos de árboles, depósitos de madera, tubos y toda clase de materiales de construcción.

Más tarde, como misionero en Japón, creó otra institución semejante. Fundó dos periódicos, El Caballero de la Inmaculada y El Pequeño Diario. Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia, y después se trasladó al Japón, donde empezó a editar hasta ocho revistas católicas, la de mayor distribución fue El Caballero de la Inmaculada que pronto llegó a tener 15.000 ejemplares llegando en su mejor época a casi un millón de ejemplares.

Durante la Segunda guerra mundial, los nazis invadieron Polonia y bombardearon la Ciudad de la Inmaculada, llevándose prisionero al padre Maximiliano y a todos sus colaboradores. Él había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista El Caballero de la Inmaculada. Todo se lo destruyó la guerra. Fue llevado al campo de exterminio de Auschwitz, donde se le adjudicó el número 16.670.

Sus últimos días

A fines de julio de 1941 se fugó un preso del campo de concentración de Auschwitz. El sargento polaco Franciszek Gajowniczek, de 40 años de edad, uno de los prisioneros, narró así su experiencia de aquel verano de 1941:

Yo era un veterano en el campo de Auschwitz; tenía en mi brazo tatuado el número de inscripción: 5659. Una noche, al pasar los guardianes lista, uno de nuestros compañeros no respondió cuando leyeron su nombre. Se dio al punto la alarma: los oficiales del campo desplegaron todos los dispositivos de seguridad; salieron patrullas por los alrededores. Aquella noche nos fuimos angustiados a nuestros barracones. Los dos mil internados en nuestro pabellón sabíamos que nuestra alternativa era bien trágica; si no lograban dar con el escapado, acabarían con diez de nosotros. A la mañana siguiente nos hicieron formar a todos los dos mil y nos tuvieron en posición de firmes desde las primeras horas hasta el mediodía. Nuestros cuerpos estaban debilitados al máximo por el trabajo y la escasísima alimentación. Muchos del grupo caían exánimes bajo aquel sol implacable. Hacia las tres nos dieron algo de comer y volvimos a la posición de firmes hasta la noche. El coronel Fritsch volvió a pasar lista y anunció que diez de nosotros seríamos ajusticiados.[3]

A la mañana siguiente, Gajowniczek fue uno de los diez elegidos por el coronel de las SS Karl Fritsch para ser ajusticiados en represalia por el escapado. Cuando Franciszek salió de su fila, después de haber sido señalado por el coronel, musitó estas palabras: «Pobre esposa mía; pobres hijos míos».[4] El P. Maximiliano estaba cerca y las oyó. Enseguida, dio un paso adelante y le dijo al coronel: «Soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos».[5] El oficial nazi, aunque irritado, finalmente aceptó su ofrecimiento y Maximiliano Kolbe, que tenía entonces 47 años, fue puesto, junto con otros nueve prisioneros, en ayuno obligado para que muriera. Los diez condenados fueron recluidos en una celda subterránea el 31 de julio de 1941.

Pero como —tras padecer tres semanas de hambre extrema— el 14 de agosto de 1941 aún sobrevivía junto a otros tres condenados y los oficiales a cargo del campo querían dar otro destino a la celda, Kolbe y sus tres compañeros de celda fueron asesinados administrándoles una inyección de fenol. Los cuerpos fueron incinerados en el crematorio del campo.[6] [7] Incluso en prisión y también en la celda de hambre, celebró, mientras pudo, todos los días la Santa Misa, distribuyendo la Comunión a otros prisioneros: el pan dado a los prisioneros era ácimo y podía ser utilizado para la Eucaristía; guardianes que simpatizaban con él le hacían llegar el vino.

En agosto de 1945, en el final de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Nagasaki, donde Kolbe tenía una de sus imprentas, fue destruida por la bomba atómica. Todos los trabajadores fallecieron más tarde, pero la imprenta quedó incólume.

El papa Pablo VI lo declaró beato en 1971; a la fiesta asistió Franciszek Gajowniczek (de 70 años), el hombre por el cual Kolbe había ofrendado su propia vida treinta años atrás. Once años después, Juan Pablo II canonizó a éste ante una multitud de polacos, el 10 de octubre de 1982. Posteriormente fue nombrado patrón de los radioaficionados a petición de los radioaficionados polacos

San Maximiliano Kolbe ha inspirado a muchos a vivir lo que algunos han llamado «la locura del amor». Con su nombre se bautizó la denominada «Operación Kolbe», una iniciativa ecuménica de relevo de personas secuestradas en Colombia, país en el que en 2011 permanecían cautivas más de cuatro mil personas. El propósito de esta operación es reunir voluntarios que se ofrezcan como relevo, para que cada uno de ellos tome, eventualmente, el lugar de una persona secuestrada. Sus integrantes, varios cientos, están dispuestos, en forma libre, autónoma y anónima, a asumir el cautiverio a cambio de la libertad de uno de los secuestrados: responden como Maximiliano Kolbe al llamado de Jesús en las Sagradas Escrituras: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» Juan 15, 13.

 

 

Edith Stein

‘En ese tiempo mi única oración era la búsqueda de la verdad’

 Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz : filósofa, mística, religiosa carmelita, mártir y santa alemana de origen judío. Es copatrona de Europa.

‘¿Quién eres tú, dulce luz que me colma

y de mi corazón la oscuridad alumbra?

Tú me guías como una mano materna

Y si tú me abandonas

No sabría yo dar un paso más

Tú eres el espacio

Que abarca mi ser y lo cobija

Apartada de ti,

me hundiría en el abismo de la nada,

del que tú al ser me alzas

Tú más cercano a mí que yo misma

Y más íntimo que mi propia intimidad

Y siempre incomprensible e inagotable

Escapando a todo nombre

Espíritu Santo

Amor eterno.’

Edith Stein nació en la ciudad alemana de Breslau (hoy Wrocław, Polonia) en una familia judía un 12 de octubre de 1891, día del Yom Kipur. Era la última de un total de once hijos. Su padre era un comerciante.

En 1913 ingresa a la Universidad de Gotinga, donde estudió filosofía. Atraída por la fenomenología, se convirtió en discípula del célebre filósofo Edmund Husserl. Publica su tesis de doctorado como “Sobre el problema de la Empatía”. Dentro de esta primera etapa en su pensamiento filosófico, vale también la pena resaltar su obra “Introducción a la Filosofía”. Edith Stein establece una diferencia fundamental entre los problemas de la naturaleza y los problemas de la subjetividad, formulando una antropología propiamente dicha y resaltando las características del hombre como la libertad, la conciencia, y la capacidad reflexiva.

En Gotinga, se acerca por primera vez al cristianismo y al estallar la primera guerra mundial, en 1914, sirve como enfermera en un hospital austríaco. En 1916  Edith reanudó sus estudios filosóficos con Husserl, y obtiene el doctorado en Friburgo.

Varios de los filósofos discípulos de Husserl se convierten al cristianismo. En 1921, Edith lee la autobiografía de Santa Teresa de Ávila, obra determinante para su conversión definitiva al cristianismo en 1922 .A partir de su conversión al Cristianismo inicia una nueva etapa en su pensamiento filosófico. Se dedicará al intenso estudio de las obras de Santo Tomás de Aquino y del Beato Duns Escoto. Sin negar su primera etapa como fenomenóloga estrictamente husserliana, y tomando como base filosófica sus primeras obras filosóficas de antropología, escribirá “Potenz und Akt”, un estudio profundo acerca de los primeros principios metafísicos del ser: el acto y la potencia y de qué manera se desvelan éstos en el ser humano.

Posteriormente escribirá “Ser Finito y Ser eterno” (Endliches und Ewiges Sein), su obra magna, en la que desarrollará toda una metafísica inspirada en la filosofía de Santo Tomás y la fenomenología de Husserl.

En 1933 ingresa al Convento de las Carmelitas Descalzas de Colonia, donde toma el hábito de dicha orden, con el nombre de Sor Teresa Benedicta de La Cruz. En 1938 es enviada al Carmelo de Echt (Holanda), donde parece estar fuera de peligro por no ser conocida de la población ni de los ocupantes alemanes. A pesar de ello, es arrestada el día 2 de agosto de 1939 por la Gestapo junto a su hermana Rosa (también convertida al catolicismo), y llevada con otros religiosos y religiosas al campo de concentración de Amersfoort, y posteriormente enviada al campo de exterminio nazi de Auschwitz. La llevaron a la barraca 36, siendo marcada con el Nº 44.074 de deportación, para morir el 9 de agosto de 1942, como judía y mártir de la fe cristiana a los 51 años de edad, en la cámara de gas. Su cuerpo sin vida fue calcinado con leña en agosto de 1942 y arrojado a las afueras del campo.

Mujer de singular inteligencia y cultura, ha dejado numerosos escritos de elevada doctrina y de honda espiritualidad: una vida vivida desde lo íntimo del alma, con una inteligencia que penetra en el interior de las cosas y un corazón que sustenta la unidad del alma y el cuerpo y que experimenta la libertad soberana de la persona ante la vida.

Fue beatificada en 1987 y canonizada en 1998 por el Papa Juan Pablo II.

Algunas de sus obras: ‘Introducción a la Filosofía’, ‘Ciencia de la Cruz’, ‘Estrellas amarillas’ (su autobiografía Sobre la vida de una familia judía), ‘La estructura de la persona humana’ y ‘Ser Finito, Ser Eterno’.

Citas:

‘En el signo de la cruz, venceremos… se vean o no los frutos.’

‘No tengo otro anhelo sino que, en mí y a través de mí, se cumpla la voluntad de Dios.’

‘Quien busca la verdad, sea o no consciente de ello busca a Dios.’