ENCUENTRO ECUMÉNICO DE ACEMU EN SORIA

Encuentro ecuménico de ACEMU en Soria

8 y 9 de junio de 2013

 

Sábado 8 de junio

Orden del día:

10.00hs. Recepción de asistentes. En Santa María la Mayor.

10.30hs. Oración. Saludo y presentación del Encuentro.

11.00hs. “La fe se expresa y crece por el amor”. Exposición del tema por D. Juan Pedro Cubero.

12.00hs. Trabajo por grupos.

12.45hs. Breve descanso y café.

13.00hs. Puesta en común. Presentación de grupos.

14.30hs. Comida en los salones de Santa María La Mayor.

16.00hs. Salida hacia la Mezquita. Visita a la misma. Paseo hasta el local de la c/Caballeros 29 para un encuentro con la comunidad islámica de Soria.

19.30hs. Oración ecuménica en la ermita de El Mirón.

21.00hs. Cena en la Casa de El Mirón.

Domingo 9 de junio

10.00hs. Oración en Santa María La Mayor

11.00hs. Actividad en la calle.

12.30hs. Celebración de la Eucaristía en Santa María la Mayor.

14.30hs. Comida en El Mirón.

Fin del encuentro.

 

Información:

Alojamiento y desayuno en casas particulares.

Direcciones y teléfonos:

Iglesia de Santa María la Mayor. Entrada a la iglesia por la Plaza Mayor. Entrada a los salones parroquiales por el Arco del Cuerno 4. Tf. 975213596. Móviles: 620981404 – 680756677

Ermita del Mirón. Paseo de El Mirón s/n.

 

Delegación de Ecumenismo. Diócesis de Osma-Soria

¿UN DIOS HUMANO O UN HOMBRE DIVINO?

¿Un Dios humano o un hombre divino?

El pasado miércoles en el grupo de crecimiento planteábamos la siguiente cuestión: ¿Jesús es Dios o Dios es Jesús? Antes de nada decir que muchas veces la fe es algo que sacamos a relucir los domingos un ratito, pero qué interesante es razonar lo que creemos y sacar consecuencias en nuestra vida, de forma que la fe actúe como ideal y estímulo en todo lo que hacemos cotidianamente.

La pregunta ¿Jesús es Dios o Dios es Jesús?, es una pregunta que, según la respuesta que demos, indica cuál es nuestra fe, nuestra espiritualidad y nuestra forma de expresarla. Si contestamos que ‘Jesús es Dios’ comenzamos por atribuirle desde el portal de Belén la omnipotencia, la sabiduría infinita de Dios, la eternidad de Dios… y, tendríamos un Jesús digno de admiración pero no de imitación. ¿Cómo puede ser modelo para el hombre otro hombre que tiene la sabiduría de Dios, la impecabilidad de Dios, la seguridad de Dios y el poder de Dios?.

Es un dato: muchas veces nos hemos hecho una imagen de Jesús como de alguien que ha estado por encima de la realidad humana, alguien que ha andado nuestro camino pero no ha experimentado nuestras fatigas, alguien que ha formado parte de lo nuestro, pero con el plus de una especie de ‘super-hombre’. Esta falsa visión de Jesús es muy antigua, la de acentuar su divinidad haciendo de su humanidad una especie de apariencia humana que no sufre y padece lo verdaderamente humano. Esta visión de Jesús es herética pues termina por negar la naturaleza humana de Jesucristo. Pero también, esta visión de la fe en Jesús tiene sus nefastas consecuencias en la pastoral: interesan más los derechos de Dios que los derechos del hombre, preocupa más la religión que la justicia, se insiste más en el poder y la gloria que en la solidaridad y el compromiso, se pone más el acento en salvaguardar dogmas que en liberar a personas.

Por el contrario, si empezamos por decir que ‘Dios es Jesús’ nos sale un Dios que es tan sencillo como Jesús, tan cercano (incluso para los pecadores más despreciables) como lo fue Jesús, tan solidario con todo lo débil de este mundo como solidario fue Jesús, tan tolerante con todos los perdidos y extraviados como lo fue Jesús y, por supuesto, tan humano como Jesús.

No tenemos miedo de divinizar al hombre, pero sí nos asusta el humanizar a Dios. Sin embargo, la Palabra nos dice: ‘A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado’ (Juan 1, 18). También ante la petición de Felipe de ‘muéstranos al Padre’, Jesús le contesta: ‘El que me ha visto a mí ha visto al Padre’ (Juan 14, 9). Esta Palabra nos aclara que no conocemos a Jesús a partir de Dios, sino que conocemos a Dios a partir de Jesús. De ahí que la afirmación de ‘Jesús es Dios’ tiene su razón de ser y su explicación en otra afirmación previa, que es más fundamental: ‘Dios es Jesús’.

El desafío de esta semana es encontrarnos con Jesús de Nazaret que es el criterio para la fe. La fe en Jesús como Dios y como hombre es el fundamento central y esencial de la fe cristiana. Jesús de Nazaret nos invita a una intimidad con Dios y a una relación fraterna con quienes convivimos; nos invita a preocuparnos de que Dios sea conocido y amado por todos y, también a favorecer en lo humano, en lo público y en lo social una relación más fraterna, más justa, más solidaria. Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, une lo sagrado y lo humano. Jesús hace a Dios presente en lo humano y sacraliza la relación con los hombres, de las que hace depender la conformidad con Dios. Durante esta semana acudamos al Evangelio y descubramos al Jesús hombre y Dios. Leed cada día el Evangelio. ¡¡Feliz día!!    Ángel Hernández Ayllón

EL ESPÍRITU HACE NUEVAS LAS COSAS

El Espíritu es la respuesta a muchas situaciones que nos inquietan, que nos turban, que nos preocupan. Dentro de la Iglesia y en nuestras familias necesitamos una visión sobrenatural que nos ayude a descubrir el sentido de las cosas, incluso de aquellas que nos resultan molestas y que no entendemos. Hay un montón de situaciones cotidianas en las que necesitamos el auxilio del Espíritu Santo para vivirlas con esperanza y fortaleza: la enfermedad de alguien a quien amamos, la muerte repentina, la crisis económica, las relaciones rotas de quienes deberían amarse…

Tomar la luz del Espíritu es caminar con esperanza sabiendo que no todo está perdido, que Dios ocupa su lugar, que Alguien tiene control de las cosas que se descontrolan en nuestra vida, es dejar que el Espíritu ponga sus valores, los evangélicos.

Comparto con vosotros una preciosa oración del Cardenal Mercier: “Os voy a revelar un secreto de santidad y de felicidad. Si dejáis descansar todos los días vuestra imaginación durante cinco minutos, cerráis los ojos a todas las cosas de los sentidos y los oídos a todos los ruidos de la tierra, de manera que seáis capaces de retiraros al santuario de vuestra alma bautizada que es templo del Espíritu Santo, y hablando al Santo Espíritu le decís: Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro, ilumíname, guíame, fortaléceme y consuélame. Dime todo lo que he de hacer y mándame hacerlo. Te prometo someterme a todo lo que me pidas y aceptar todo lo que permitas que me suceda. ¡Indícame solamente cuál es tu voluntad!.Vuestra vida transcurrirá alegre y serena, abundará el consuelo aun en medio de las tribulaciones, pues la gracia se os concederá en proporción a las pruebas junto a la fuerza para soportarlas, conduciéndoos hasta las puertas del Paraíso, llenos de merecimientos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad”.

Como comunidad cristiana también debemos dejar que sea el Espíritu el que inunde, habite, unja, suscite y sostenga todo lo que hacemos. Hay momentos donde como Iglesia sentimos inquietud y tristeza pues experimentamos la indiferencia de muchos a la Buena Noticia de Jesús…, todo eso nos preocupa. Es cierto, que debe dolernos el que ‘muchos’ no conozcan el Camino de Salvación en Jesucristo, pero el desaliento, la tristeza, la desesperanza…, son armas que no son del Espíritu. Una de las cosas que debemos pedir en este día de Pentecostés es que el Espíritu infunda alegría y esperanza en nuestras comunidades cristianas. No podemos llevar el mejor mensaje, el más actual, el más eficaz…, dando la impresión que tan sólo lo soportamos. ‘Vivir la fe cristiana’, ‘ser cristiano’, ‘estar ungido por el Espíritu’ es el mayor gozo que podemos vivir. Sabemos que en medio de las dificultades, propias de nuestra naturaleza y pecado, el Espíritu Santo quiere habitar en cada uno de nosotros, dejémosle que ‘haga nuevas las cosas’, que restaure, que sane, que haga de nosotros llamas encendidas del amor de Dios y que nuestras comunidades vivan confiadas bajo su auxilio.

Muchos de nuestros problemas, en la familia, en la Iglesia, en el trabajo…, los afrontaríamos de distinta forma. Es muy sencillo, si el Espíritu Santo es el Amor de Dios, lo que más necesitamos y la respuesta a muchos de nuestros problemas es introducir este, para algunos, extraño y maravilloso ingrediente: el Amor de Dios. ¿Te imaginas añadir el ingrediente ‘Amor’ en tu relación matrimonial, en el trabajo, en cada una de tus relaciones, en la Iglesia… ¡Feliz Pascua de Pentecostés!                                                         Ángel Hernández Ayllón

CUANDO EL FOCO ‘DIOS’ SE APAGA

Esta semana ha sido ‘minina’. He tenido varios encuentros un tanto inquietantes, de los que te dejan un poco alterado con el estómago un tanto revuelto. No es muy difícil desentrañar la ecuación que ahora mismo estamos viviendo en nuestra sociedad: el abandono de Dios nos lleva a enfrentarnos porque olvidamos nuestra común dignidad y nuestra misma llamada a la santidad y al encuentro definitivo con Dios.

                        Cuando olvidamos nuestro origen y nuestra meta, olvidamos que lo esencial pasa por vivir conforme a nuestra dignidad de hijos de Dios y vivir también conforme a nuestra meta, el encuentro definitivo con Dios. Alguno puede pensar que estoy hablando de trascender lo humano y vivir un palmo por encima de la realidad; nada más ajeno a mi pensamiento, pero sí iluminar lo que vivimos desde las actitudes y principios del Evangelio. Cuando lo que orienta la vida es únicamente lo material e inmanente, cuando nuestra vida no está estimulada por valores éticos y morales, cuando el interés de mi vida se centra únicamente ‘en lo mío’, cuando no escuchamos el lamento del que tenemos al lado…, cuando vivimos sin alentar lo espiritual, cuando el foco ‘Dios’ se apaga o se funde, cuando eso ocurre, nos enfrentamos a la vida sin futuro, sin esperanza, sin alegría y sin respeto a los demás.

¿Cómo es posible vivir en cristiano sin iluminar nuestras decisiones, nuestras actitudes, nuestro comportamiento…, desde el ideal de Jesús? Uno de los errores que estamos arrastrando es vivir la fe en el templo y después vivir todo lo demás acudiendo a los criterios del mundo que están de moda. ¿Es posible vivir una relación con Dios madura, real y comprometida olvidándonos de lo humano? ¿Es posible vivir en gracia de Dios viviendo en desgracia –en enfrentamiento- con los que nos rodean? Estoy hablando de cosas cotidianas. “Poner una vela a Dios” sería: ir a Misa, rezar, cumplir los mandamientos de la ley de Dios y los de la santa Madre Iglesia…; “poner otra vela al diablo” sería: gritar a quien vive conmigo, ser indiferente a sus necesidades, dar un valor excesivo al dinero, no ser responsable en mi trabajo, no pagar los impuestos que me corresponden, despreocuparme de lo público…

Distinguir entre lo  humano y lo sagrado, entre las tareas cotidianas y la misa dominical, entre la relación que tengo con Dios y la que tengo con los demás es uno de los más grandes problemas que perjudican la fe. En este año dedicado a la Fe tenemos que despertar de la religiosidad de cumplimiento y permitir que Dios influya en toda nuestra vida.

Tenemos que encarnar a Dios en lo cotidiano, en nuestra forma de ser. Por ejemplo, hay tres realidades en las que podríamos hacer examen si vivimos conforme al estilo de Jesús: nuestra relación con el dinero, nuestra relación con la gente ajena a nuestra familia: comunidad de vecinos y trabajo y, por último, en nuestra relación con el ocio y el tiempo libre. ¿Cómo encarnamos a Dios en esas realidades? Si apagamos el foco de ‘Dios’ en lo humano dejará de brillar también en lo sagrado, y así les ha ocurrido a muchos que ya se han cansado de vivir la fe, pues no han sido capaces de descubrir qué significado y sentido tenía para sus vidas.

No apaguemos tampoco el ‘foco de Dios’ que se encuentra en los pobres; Dios nos lo dice en su Palabra: ‘Yo, el Señor, soy el primero, y estaré presente con los últimos’ (Isaías 41, 10). Que a lo largo de esta semana preparemos la venida del Espíritu Santo, que encendamos el foco de Dios, en lo cotidiano, en lo familiar, en lo sencillo, en el pobre, en la oración… Que el Espíritu Santo nos encuentre preparados y dispuestos para recibirle. ¡¡Feliz semana!!                                                       Ángel Hernández Ayllón

UN AGNÓSTICO EN BÚSQUEDA…

‘Un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario’; el otro día me golpeó esta frase que, analizándola, muestra la verdad de la relación con Dios. Puede parecer una ofensa atribuir una posible crisis de fe en Dios a personas que se consideran y se confiesan creyentes, que cumplen, bien que mal, con sus ‘obligaciones’ de cristianos, y un poco más, que hasta han consagrado su vida al servicio de la Iglesia. Pero, la verdad es que, como cristianos, muchas veces no seducimos a la gente que nos contempla o a aquellos con los que vivimos, hay situaciones en la que nuestra comunidad se siente incapaz de transmitir y comunicar la fe a las generaciones más jóvenes.

Es posible que nos consideremos cristianos porque admitimos, sin apenas preguntarnos por qué, todas las verdades que Dios, nuestro Señor, nos ha revelado y que la Santa Madre Iglesia nos enseña. Sabemos todo lo que el catecismo nos ha enseñado. Sabemos mucho de Jesús… Pero, puede suceder que nuestra relación con Jesús se reduzca a un cumplimiento de normas y a saber sobre él y conocerle como conocemos a otros personajes de la historia. Saber cosas de Jesús y creer en él no son cosas ni parecidas. Creer en Jesús es aceptar que su estilo y actitudes de vida influyan en nuestro comportamiento, en nuestras decisiones.

Me atrevo a proponeros un pequeño ejercicio esta semana, preguntaros: ¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Qué hechos de su vida, qué rasgos de su persona, cuál de sus enseñanzas te resulta más importante, más atractiva o más difícil de aceptar? ¿Qué significa para ti creer en Jesucristo? ¿Eres consciente de que creer en Jesús es decidirte a seguirle en tus cosas cotidianas? ¿Cómo entiendes y aceptas la muerte de Jesús en la Cruz? ¿Te has encontrado con el Resucitado en tu vida?

Bonhoeffer ya decía que el enemigo mortal de la Iglesia es la ‘gracia barata’, es vivir sin pasión el misterio de nuestra fe. El peligro consiste en que la fe, en sí algo vivo, se convierta en un sistema cerrado de dogmas, de enunciados, todos ellos respaldados por la misma autoridad de Dios y de la Iglesia… ‘Quien sostenga y confiese que Dios en Jesucristo es salvación, esperanza y paz para todos los hombres, y quien se comprometa con esto a hacerse signo de esperanza y paz para todos los demás… cree y confiesa toda la fe, porque esta fe no es una suma de enunciados, sino el encuentro personal con una figura, Jesús el Cristo’.

Ese encuentro nos tiene que llevar a iluminar nuestra realidad social y a comprometernos con ella. El verdadero culto a Dios se realiza en la misericordia con el hermano indigente. Hace años, Juan XXIII decía que ‘una doctrina social no debe ser materia de mera exposición. Ha de ser objeto de práctica. La doctrina social tiene su luz en la verdad, su fin es la justicia y su impulso primordial es el amor. Hace unos días nos llevamos la grata sorpresa del desbloqueo de la causa de beatificación de Monseñor Romero. Un mes y medio antes de su inmolación pronunció un discurso que titulaba: ‘La dimensión política de la fe, desde la opción de los pobres’. La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres. La Iglesia es, como Jesús, para evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos…’ El mundo al que debe servir la Iglesia es para nosotros el mundo de los pobres… Feliz semana!!!                                Ángel Hernández Ayllón