CINE PARA CRECER

CINE PARA CRECER

La vida de los santos nos ilumina y nos desafía a vivir en plenitud y alcanzar la meta para la que hemos sido creados. No te conformes con menos ¡Sé santo!

 

Sábado, 27 diciembre

María Goretti, mártir de la pureza.

95 min.

 

Martes, 30 diciembre

San Antonio de Padua, el guerrero de Dios. 105 min.

 

Sábado, 3 enero

Santa Bárbara, la fuerza de una joven que retó a todo un imperio… 115 min.

 

Lugar: Coro de la Parroquia de La Mayor (Soria)

 Hora: 17.00hs.

 ¡TE ESPERAMOS!

DOMINGO IV DE ADVIENTO. CICLO B.

Estamos en vísperas del gran acontecimiento de la historia, de lo sublime, de lo más grande…; estoy seguro que no faltará quien piense que estoy hablando de la lotería nacional, pero siento decirles a esas personas, que lo más grande, lo más sublime, lo que cambia vidas, familias, corazones, redime a los cautivos y perdona a los pecadores, no es precisamente el dinero, la lotería nacional…, No, el único que puede tocar a todos sin excluir a nadie, el único que viene a nuestra pequeñez y nos levanta de nuestra pobreza…, es Jesucristo, el Hijo de Dios que desciende al mundo, sin importarle el rebajarse de su condición divina. Jesucristo verdadero Dios, se implica en nuestras cosas, en nuestras dificultades y se hace ‘verdadero hombre’. La locura del amor de Dios, ésta sí que es la mejor lotería, porque ésta nos toca a todos cada día y especialmente cada Eucaristía que tenemos la oportunidad de recibirle y acogerle convirtiéndonos en templos donde Dios habita.

La primera lectura nos habla de la actitud con la que debemos acoger este maravilloso misterio: la sencillez y humildad de saber que todo lo recibimos de Dios. Sencillez y humildad que se encarna en María: ‘Llena de gracia… ¿cómo será eso si no conozco a varón? No te preocupes el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra… pues, la respuesta de María es sencilla, decidida y valiente: ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra’.

Todo arranca en Dios y todo permanece en Dios. En las lecturas descubrimos cómo el plan de salvación de amor de Dios es desde siempre y para siempre. Dios le promete al Rey David su constante apoyo: ‘Cuando tus días se hayan cumplido, y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré el trono de tu realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre’. Esa promesa que David recibió en vida se cumplió en la persona de María engendrando en su vientre al Rey de reyes, a Aquel en quien todas las promesas se cumplen, a Aquel que es la Palabra definitiva de Dios.

María junto a Belén es el pensamiento de Dios que se hace ternura, que se hace adoración, esperanza; es Dios que viene a nosotros en María. No olvidemos esto, hermanos: toda la salvación de nuestra historia, la salvación de cada uno de nosotros, el problema personal que me parece que nadie lo conoce y que a nadie le interesa, sí hay quien lo comprenda y sí hay a quien le interesa. Dios te amó desde toda la eternidad. Tú eres también un detalle de esa historia que Dios quiere hacer para gloria suya.

Esta es la alegría del cristiano: ‘Sé que en Dios soy un pensamiento; yo, por más insignificante que sea, el más abandonado de los seres, en quien nadie piensa, soy amado de Dios’. Hoy, que se piensa en los regalos de Navidad, ¡cuántos hermanos nuestros en quien nadie piensa!: enfermos, privados de libertad, excluidos sociales, inmigrantes…, familias divididas, mujeres que viven con dolor la perdida de sus hijos ‘abortados’…, mujeres golpeadas físicamente y moralmente, también las prostitutas…, los parados, los abusados laboralmente…, los transeúntes… para todos ellos, y para muchos más, la Navidad es un anuncio de paz, de amor, pero de alguien que no se centra en los días de Navidad para anestesiar su conciencia sino que sigue mostrando su amor a lo largo del año. Su nombre es Jesús, el Hijo de Dios y hermano nuestro.

Afortunadamente en todo esto, no hay primeros premios, ni se reducen a algunos, la gran fiesta de Navidad, ‘el Dios con nosotros’ es para todos, sin excepción, ni exclusión, pero eso sí, habrá quien se quede fuera del festín, no por Dios que excluya del banquete y de la fiesta a alguien, sino porque habrá quien no quiera participar de esta invitación. No vivirán la generosidad y el amor de Dios los satisfechos, los soberbios, los necios que no ven más allá de lo que tocan y olvidan que están llamados a alcanzar la meta de llegar a Dios, los que se dejan dominar por las pasiones y le dan espacio al pecado y no le abren la puerta a Dios. Pidamos por todos ellos, por los que piensan en un más acá que les cierra a un más allá, pidamos por los que han perdido a Jesús en la Navidad, por los que no viven la sencillez y humildad de María para acoger a Jesús, pidamos por los de corazón duro que no dan espacio a los más pequeños y necesitados que es dónde Cristo nace cada día de forma real.

Queridos hermanos, no olvidemos que Dios nos ama de verdad, sin distinción ni categoría social, sin hombres de primera y de segunda clase. Nos ama y pensó en nosotros. Seamos sencillos y humildes para dejar que Dios nazca en nuestras vidas, no en figuras de porcelana, sino en nuestras actitudes, en nuestros proyectos, en la relación con los demás. Como cristianos no vivamos la Navidad como la viven los paganos, dejemos a Jesús ocupar su lugar y nacer en nuestras vidas. ¡Feliz Navidad para todos!

 P. Ángel Hernández Ayllón

ESTAD ALEGRES… NOS VIENE UNA BUENA NOTICIA

Estad alegres… Nos viene una Buena Noticia. Domingo III Adviento. Ciclo B.

El Evangelio nos habla de Juan Bautista que tenía dos misiones importantes: la primera dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. Aunque él no era la luz, sino tan sólo testigo de la luz. La segunda misión es la de ser voz que grita: allanad el camino al Señor.

Ser luz y ser voz. Luz para iluminar, para ayudar a salir de las tinieblas y voz para avisar, recordar, anunciar y también para denunciar. Un cristiano ha de iluminar y ha de proclamar, no es posible un cristiano apagado y callado.

No podemos olvidar que Jesucristo hace presente el amor de Dios y lleva a cabo la profecía de Isaías. La vida de Jesús ilumina y da sentido a las múltiples situaciones de limitación y dolor que vivimos: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor’. El Señor viene a dar buenas noticias, a vendar los corazones, a dar libertad, a sanar, a perdonar… Jesucristo viene a sacar de las tinieblas en las que muchas veces vivimos y darnos un mensaje de salvación, de amor y de paz de parte de Dios.

Pero, ¿qué Navidad estamos preparando? ¿A quién estamos esperando? Nos dice Juan que la luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron, pero a los que la recibieron les dio poder para ser hijos de Dios. Pues bien, Jesús viene a traernos luz y una Palabra, un mensaje de salvación y de paz, pero provoca dos reacciones: en unos la fe y en otros el rechazo, prefieren las tinieblas a la luz.

¿Es posible rechazar el amor, la paz…? No es lógico, pero sabemos que sí es posible y la realidad es que algunos prefieren vivir de espaldas a Dios. Pero, ¿cuáles son las consecuencias de vivir de espaldas a Dios? Destacaría dos: la pérdida de esperanza y la tristeza existencial. La raíz de la falta de esperanza está en el intento de olvidar a Dios en nuestras vidas; nos llenamos de cosas, necesitamos consumir de todo, pero no nos satisface nada, siempre necesitamos más y más. Hay una necesidad interior que nada puede llenar, además, el olvido de Dios conduce al abandono y al enfrentamiento con el hombre. Permitidme, una pequeña valoración: es curioso que en la Navidad todos tengamos necesidad de darnos a los demás, ¿por qué no hacerlo durante el año? ¿Es proporcional la ayuda que prestamos a los demás con lo que invertimos en nosotros? ¿Estamos dispuestos a que nos afecte la vida de los demás o tan sólo queremos dar cosas puntualmente? Más todavía, cuando perdemos la esperanza no sabemos dar sentido al sufrimiento, a las dificultades, a la enfermedad y mucho menos a la muerte. Cuando perdemos la esperanza la vida se reduce a lo que vemos y tocamos y perdemos de vista la meta a la que somos llamados.

Otra consecuencia de vivir de espaldas a Dios es la tristeza existencial. Vivimos en una sociedad con acceso a ‘muchas cosas’, podemos satisfacer muchos deseos e incluso caprichos, sin embargo, arrastramos una tristeza que no encuentra motivos interiores para vivir con gozo y alegría. La segunda lectura nos desafía precisamente a ‘estar siempre alegres, a dar gracias constantemente por todo. El prefacio de la Misa nos dice: ‘En verdad es justo y  necesario es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar’. ‘Darte gracias siempre y en todo lugar’.

 

La alegría del mundo depende del tener, del disfrutar, de experiencias que vienen del exterior…, son alegrías, algunas muy intensas, pero siempre pasajeras, que dejan el corazón herido y que nos llevan a buscar más y más y siempre más intenso.

 

La alegría del Evangelio, sin embargo, nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 2).

 

La alegría nos viene en una persona, la de Jesús, el Hijo de Dios. Allanemos el camino, es decir, preparemos nuestra vida para acogerle. Te formulo dos preguntas: ¿Vives la alegría, vives desde la alegría? Quizás estés lleno de cosas que no te satisfacen o quizás estés cargando con dificultades grandes que te hacen perder los motivos de esperar y de vivir: una enfermedad, un no saber cómo afrontar los pagos del alquiler, de la calefacción, un tener que soportar el alcohol en mi marido, la muerte de un ser querido… Te formulo la segunda pregunta: ¿De qué forma vas a acoger a Jesús en tu vida? Se me ocurren algunas: vive la oración cada día, haz una buena confesión, no tengas miedo a desprenderte de tus bienes, comparte de lo tuyo, se más austero, dedica tiempo al silencio, visita enfermos, no hables mal de los demás, perdona a quien te haya ofendido y pide perdón a quien le hayas herido, apaga la televisión e interésate por los de tu casa…

 

La Palabra nos recuerda que no hay otro dios fuera del Señor: Yo soy el Señor y no hay otro. En el Evangelio Jesús nos dice: ‘Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. Aquí reside el motivo de nuestra tristeza o de nuestra alegría.

 

Quizás estemos usurpando a Dios lo que le corresponde y estemos viviendo una vida sujeta a lo material, a lo caduco, a lo pasajero, a la embriaguez del dinero, de la apariencia…, que no alcanza su plenitud y alegría porque le falta lo más importante y fundamental: dar a Dios lo que le corresponde, ponerlo en su lugar.

 

Allanar el camino al Señor es descubrir que Dios no es un accesorio más…, algunos piensan que sin Dios es posible vivir bien y que Dios lo único que hace es complicar la vida…, nada más falso de la realidad. Dios no es un obstáculo, ni un problema, todo lo contrario; Dios es nuestro mejor aliado, pues el misterio del hombre se esclarece únicamente en el misterio de Dios. Vive el tiempo de Adviento preparando la venida del Señor, Él es luz y trae un mensaje de salvación para que seas feliz.

                                                                                  P. Ángel Hernández Ayllón

II DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B

En este domingo la Palabra de Dios nos plantea una misión: ‘Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos’; pues bien, también nos da respuesta a dos preguntas.

La primera pregunta sería: ¿Quién viene? ¿A quién esperamos? La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Una persona sólo puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando se confía por entero a su Creador. Sólo es feliz el hombre que tiene esa confianza y entrega total a Dios. ‘Nos hiciste para ti, nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti’ (San Agustín).

Hay una atracción entre Dios que nos ha creado para ser felices y nosotros que aspiramos a completar esa misión, alcanzar esa meta. En la primera lectura nos encontramos al pueblo de Israel a finales del destierro, después de la dura experiencia del destierro el mensaje de Dios al profeta es: ‘Consolad, consolad a mi pueblo’. El profeta no silencia que todo el destierro ha venido fruto de los pecados, de las idolatrías, de las injusticias sociales, de los abusos, de las mentiras… Cuántas veces vivimos situaciones similares, de destierro, de desolación, de abandono… La causa suele estar en el pecado. Hace unos días hablé con una familia que viven la separación por orden judicial debido a la violencia que ejercían en su relación… Una vez que están viviendo el destierro, la separación…, están doloridos, tristes, con lágrimas en los ojos, con muchas preguntas; a lo largo de mi vida he conocido personas que viven el destierro producido por las adicciones; muchos de ellos han perdido familia, salud e ilusión por vivir… ¿cuántos destierros reales y actuales? Destierro es todo lo que te quita paz y alegría. Cuántos pecados nos destierran a lugares donde vivimos la soledad, el frío, la necesidad.

Atentos: Dios quiere hacer sentir al hombre que no puede encontrar en las cosas de la tierra, la alegría que Él le ha dado para llenarla solo Él. NO olvidemos que lo que existe en el tiempo tiene un valor relativo, con el tiempo todo se acabará, de ahí que Dios en la segunda lectura nos promete y nos invita a que ‘esperemos en un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia’. No seamos necios, lo material no perdura eternamente, no absoluticemos nada de este mundo. Sólo hay un absoluto: el que nos está esperando en los cielos que no pasarán y en la tierra que no pasará. Este es un primer mensaje de la Palabra de hoy: ¡Qué triste es que la Navidad se haya comercializado y se haya profanado y no hayamos comprendido que la Navidad es este anhelo de Dios por encontrarse con el hombre y del hombre que no será feliz mientras no se encuentre con Dios!

La segunda pregunta a la que vamos a responder es: ¿por qué caminos viene Dios a la historia? ¿Por qué camino voy a encontrar yo, concretamente, a ese Dios que viene a salvar?

Jesús, el Hijo de Dios vivo, se encarnó en nuestra historia por medio de la sencillez, la humildad, por eso el primer camino que debemos recorrer es el de la sencillez. Descubrir a Jesús en lo sencillo es descubrirlo en los pequeños, en los desapercibidos, en los necesitados… Hace años, en Belén, también pasó desapercibido por los poderosos, por los satisfechos, por los que no tienen tiempo, ni ganas, ni dinero, ni amor…, para entregarlo a los demás.

Preparar el camino del Señor y allanar sus senderos es descubrirle en las presencias misteriosas, pero reales que Él tiene en los más pequeños; en este adviento todos tenemos la oportunidad de preparar el camino al Señor para no rechazarle o ignorarle en este tiempo de gracia.

Por eso, otro camino que tenemos que recorrer es el de la gracia. Vivir en gracia supone y significa que limpiemos, que ordenemos… nuestra morada. Hace unos días fui a confesar al Sagrado Corazón a unos niños y niñas. Me encanta confesar a niños y niñas de estas edades porque hay mucha sinceridad y limpieza de alma. Alguno de ellos hacía como 6 meses e incluso un año que no se confesaban y, entonces les planteé lo siguiente: ¿te imaginas que no hicieras la cama o recogieras tu habitación durante 6 meses o un año? Las respuestas fueron categóricas: sería un cuadro, no quiero ni puedo imaginar la cara de mi madre, apestaría… Pues mirad, si respondemos con la sencillez de un niño, nos damos cuenta que nuestra alma también la tenemos que ordenar y limpiar con frecuencia. ¿Con cuánta frecuencia? Mi consejo es que no pase más de un mes, pues estoy seguro que no estamos hablando de ‘pecados inconfesables’ (se entiende), pero el mayor problema es ir perdiendo la sensibilidad del pecado y perder el Santo Temor de Dios que nos ayuda a amar a Dios y no querer contrariarle en nada. El Santo Temor no es tener miedo a  Dios, sino amarle tanto que no queremos hacer nada que vaya en contra de su voluntad. Celebremos el sacramento de la Reconciliación.

Preparar el camino al Señor, allanar sus senderos es no permitir que el pecado anide en nuestro corazón, actitudes y acciones. Allanar el camino al Señor es permitir que la misericordia de Dios de respuesta a nuestra pequeñez, limitación y pecado. Allanar el camino al Señor es no responder desde el ‘ojo por ojo’ sino desde ‘el amaos los unos a los otros’. Allanar el camino al Señor es mirar al otro como hermano, es no permitir que el rencor o el odio aniden en la vida. Allanar el camino es pensar no sólo en nosotros mismos, sino también en los demás, es compartir nuestro tiempo y nuestros bienes con quienes los necesitan, es poner nuestra mirada en Dios y saber que todo pasa y que todo es caduco. Allanar el camino al Señor es vivir con la confianza en su Palabra, sabiendo que las limitaciones de este mundo son pruebas que debemos pasar, pero que estamos llamados a un encuentro gozoso con Dios y con quienes nos han precedido en esta vida.

Como creyentes nos llevamos dos tareas para vivir con los demás: consolar a quienes viven en destierro, soledad, tristeza y angustia. El consuelo que debemos darles muchas veces será la compañía, el cariño, los bienes materiales…, pero no olvidemos que el mayor consuelo que podemos ofrecerles es llevarles a Jesús. Seamos consuelo para los demás. La segunda tarea es la de allanar el camino al Señor, es decir, facilitar que Jesús nazca y venga y se convierta en consuelo para mí, para ti y para todos. No perdamos la oportunidad de vivir el Adviento como tiempo de gracia. Acordémonos que habrá quien nos quiera ofrecer mucho y al final no nos dé nada. Sólo hay uno, Cristo Jesús que nos ha ofrecido un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia. A Él el honor, la gloria y el poder. Amén.

Ángel Hernández Ayllón