Manifiesto y oración por la Unidad de los Cristianos en Soria

Ayer, Domingo 18 de enero, celebramos el comienzo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. En Soria hemos empezado la Semana con la lectura pública de un manifiesto en la Plaza de San Esteban, tras el cual nos hemos unidos todos en oración por la Unidad de los cristianos.

A continuación, transcribimos el Manifiesto y la oración de Paul Couturier, gran ecumenista que está en el origen de la Semana de Oración, cuya contribución a la sensibilización de la necesidad de caminar hacia la reconciliación es de enorme valor.

Introducción al Manifiesto:

Sed bienvenidos a este encuentro por la Unidad de los Cristianos.

Durante estos días estamos celebrando la “Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos”.

Este año, la Iglesias de Brasil, que han sido las encargadas de preparar  los materiales para la oración, nos dirigen a la Palabra en Juan 4, 7: Jesús le dice: ‘Dame de beber’.

Con alegría y esperanza, los que seguimos a Cristo celebramos hoy este encuentro y queremos que nuestras voces formen una única voz, una misma oración, y nuestras voluntades, una misma voluntad, para que movidos por el espíritu de Amor, podamos, sin división, anunciar la Buena Noticia a todos aquellos que aún no conocen a Jesús.

Manifiesto por la Unidad de los Cristianos 2015

Este año la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos propone estudiar y meditar el bello pasaje bíblico en el que Jesús pide agua a una mujer samaritana. En el evangelio de Juan, capítulo 4, versículo 7, leemos: Jesús le dice: ‘Dame de beber’. ‘Dame de beber’, este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad, es capaz de dirigirse a la mujer samaritana y pedirle de beber. Y, a la vez, es Él mismo quien sale a nuestro encuentro y nos ofrece el agua viva, el agua que verdaderamente sacia la sed y es fuente de vida eterna.

El encuentro que narra este pasaje bíblico nos invita a probar agua de un pozo diferente y también a ofrecer  un poco de la nuestra, porque en la diversidad, unos y otros nos enriquecemos.

Esta Semana de Oración es pues un momento para orar, encontrarnos y dialogar, para reconocer los valores que están presentes en el otro, el distinto, y para pedir a Dios el don de la Unidad.

Desde nuestra diversidad, es importante que conozcamos y comprendamos nuestra propia identidad para que la identidad del otro no se perciba como una amenaza, sino como una oportunidad para amar. Que el beber del pozo de otra persona sea el primer paso para experimentar su modo de ser, para intercambiar dones, para compartir la vida. Cuando Jesús y la mujer samaritana se encuentran, Jesús no deja de ser judío por beber el agua que ella le ofrece y ella, por su parte, sigue siendo ella misma al abrazar el camino de Jesús.

 

Del mismo modo, nosotros, cristianos de diversas tradiciones, reconocemos hoy aquí que tenemos necesidades recíprocas y que las personas, las comunidades, las culturas, las religiones y los distintos grupos étnicos nos necesitamos unos a otros. Y esto implica que también tenemos necesidad los unos de los otros a la hora de vivir la misión de la Iglesia.

Este hecho nos obliga a comprometernos en buscar la unidad en medio de nuestra diversidad, tomando como modelo la Trinidad, y a través de una apertura a las diferentes formas de orar y de vivir la espiritualidad cristiana.

Unidos, alabamos a Dios y nos reconocemos como miembros del Cuerpo de Cristo. A lo largo de los siglos hemos ido levantando muros entre nosotros, pero la unidad de la Iglesia es un elemento fundamental en la evangelización: ‘que todos sean uno para que el mundo crea’ (cf. Jn 17, 21). Es fundamental que vivamos la unidad, el amor, la amistad, el compartir nuestros bienes, el abrirnos al otro para poder llegar a cumplir la voluntad de Dios.

Finalmente, queremos dar testimonio, juntos, de la bondad de Dios, que siempre está dispuesto a acogernos a pesar de nuestros errores y pecados y que con su Espíritu Santo nos mueve siempre hacia la reconciliación y la unidad, en esa constante e incesante construcción del Reino de Dios.

Unidos en esta apasionante búsqueda de la Unidad, pedimos a Dios que nos ayude a todos a beber de esa fuente de vida inagotable, a vivir como familia, esa familia a la que estamos llamados a pertenecer, como redimidos por la misma Sangre de Jesús.

¡Por la Unidad de los cristianos!

ORACIÓN (de Paul Couturier, por la Unidad de los cristianos)

Señor Jesús, que en la víspera de morir por nosotros,
oraste para que todos tus discípulos sean perfectamente uno,
como Tú en Tu Padre y Tu Padre en Ti,
haznos sufrir dolorosamente
la infidelidad de nuestra desunión.
Danos la lealtad de reconocer,
y el valor de rechazar,
lo que se oculta en nosotros de indiferencia,
de desconfianza e incluso de hostilidades mutuas.
Concédenos encontrarnos todos en Ti,
a fin de que de nuestras almas y de nuestros labios suba incesantemente
Tu oración por la Unidad de los Cristianos,
tal como Tú la quieres,
por los medios que Tú quieras.
En Ti, que eres la caridad perfecta, haznos encontrar el camino
que conduce a la Unidad en la obediencia a Tu Amor y a Tu Verdad,
a fin de que el mundo crea que Tú has sido enviado por el Padre. Amén.


 

Diversidad de nacionalidades y culturas en La Mayor

El domingo 18 de enero celebramos en la parroquia de Santa María La Mayor la Jornada del Inmigrante y el Refugiado, con el lema ‘Una Iglesia sin fronteras, madre de todos’.  En la Misa Mayor estuvieron representadas todas las nacionalidades que componen nuestra comunidad, gran riqueza que, como don de Dios hemos de compartir y disfrutar: Bolivia, Argentina, República Dominicana, Ecuador, Perú, Brasil, Rumanía, España… Todos unidos por un mismo Amor, todos hermanos por una misma sangre, la que derramó Cristo en la Cruz para salvación de todos.

Ya  no sois, por tanto, extranjeros o advenedizos. Sois conciudadanos de un pueblo consagrado, sois familia de Dios, sois piedras de un edificio construido sobre el cimiento de los apóstoles y los profetas. Y Cristo Jesús es la piedra angular en la que todo el edificio queda ensamblado y va creciendo hasta convertirse en templo consagrado al Señor.” Efesios 2, 19-21

UNA IGLESIA SIN FRONTERAS, MADRE DE TODOS. SEMANA DE LA UNIDAD 2015.

Este domingo es especial por dos motivos, dos celebraciones. La primera es la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado y el comienzo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. El lema de este año de la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado recoge muy bien las dos celebraciones: ‘Una Iglesia sin fronteras, madre de todos’.

 

En efecto, la Iglesia abre sus brazos para acoger a todos los pueblos, sin discriminaciones, sin límites y para anunciar a todos que ‘Dios es amor’. Es una tristeza que todavía sigamos trazando fronteras y levantemos muros de separación de blancos y negros, de cristianos y musulmanes, de católicos y protestantes u ortodoxos…, es una tristeza que habla de que no vivimos conforme a la voluntad de Dios que es Padre de todos y acoge a todos sin establecer categorías y distinciones. ¿Qué nos ha ocurrido para dejar de mirarnos a los ojos, para levantar muros de separación, para desconfiar del que no es como yo? ¿Qué nos ocurre cuando en vez de unidad, de acogida, de respeto a la diferencia, alimentamos actitudes y gestos de rechazo, de violencia, de agresión?

Desde el Evangelio de Jesús no podemos sino mirar al otro, inmigrante, cristiano de otra confesión…, en toda su dignidad, su valor, su categoría de hijo de Dios, debemos reconocer siempre que aunque el origen sea distinto en razón de la raza, de la creencia, del color de la piel, de la situación social…, aunque todos esos detalles hablen de diferencia, desde el Evangelio nos damos cuenta que tenemos un mismo destino y un mismo Camino para llegar a la meta, aunque lo recorramos de forma distinta y a un ritmo distinto. El Evangelio crea fraternidad y una fraternidad universal. El inmigrante, el refugiado, el cristiano de otra confesión, es mi hermano y estoy llamado a vivir eternamente con él. ¿Por qué dificultamos nuestras relaciones bajo la sospecha, el rechazo…, cuando en la vida de Dios estamos todos llamados a convivir? Tenemos una vida, que no es muy larga, para empezar a relacionarnos con aquellos que son nuestros hermanos. La Iglesia no tiene fronteras, es madre de todos.

Hoy también nos encontramos con extranjeros, como en la época de Jesús, que solicitan acogerse a nuestra misericordia, pero no siempre reconocemos en ellos el rostro de Dios: inmigrantes llegados en pateras, el top-manta, los africanos que van recogiendo hierro por los contenedores, la prostitución de mujeres engañadas en sus países de origen, los ‘sin papeles’. Nos sobrecoge la tragedia de tantos miles que huyen de la miseria y la falta de libertad que tratan de acceder a la Unión Europea pero que son rechazados sin miramientos. ¿Cuál sería hoy la actuación de Jesús en su encuentro con esas personas concretas?

Hoy comenzamos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, es un tiempo maravilloso para descubrir la riqueza que el otro me aporta. El versículo que nos va a acompañar este año es la petición de Jesús a la Samaritana en el pozo de Jacob: ‘Dame de beber’. Esta expresión habla de necesidad: pido porque no tengo y necesito, además pido agua, estoy sediento, pero además, el contexto en el que Jesús le pide agua a la Samaritana es muy esclarecedor y muy desafiante para nuestras relaciones personales. La mujer le contesta con admiración: ¿cómo tú siendo judío me pides a mí que soy samaritana? Y además ¿no tienes cubo? Nos da mucho miedo establecer relaciones con los que son diferentes a nosotros y no lo hacemos por ese temor de dejar de ser lo que somos, miedo a contaminarnos con esa otra realidad distinta, diferente… Sin embargo Jesús le dice: ‘Dame de beber’. Beber agua del pozo de otra persona es el primer paso para experimentar el modo de ser del otro. Esto nos ayuda a intercambiar nuestros dones que nos enriquecen

Pero este texto del evangelio nos enseña que en el compartir nuestros dones: Jesús no deja de ser judío por haber bebido del agua que le ofrece la mujer samaritana y la samaritana sigue siendo ella misma al abrazar el camino de Jesús. 

‘Dame de beber’ reconoce la necesidad que tenemos los unos de los otros para vivir la misión de la Iglesia. Nos obliga a cambiar nuestra actitud, a comprometernos en buscar la unidad en medio de nuestra diversidad a través de una apertura a una variedad de formas de orar y de espiritualidades cristianas.

Quiero terminar expresando la valentía de tantos que han expresado su condena al terrorismo que nos mata, pero también mi apoyo a los que seguimos soñando con un mundo donde la expresión, el respeto, la justicia, la libertad…, sean derechos respetados por todos y para todos. Debemos desterrar actitudes que nos enfrenten, cuidar nuestras palabras, nuestros gestos, debemos liderar todas las causas donde la persona es defendida y promocionada y debemos hacerlo con todos. Hoy día de los Inmigrantes y comienzo de la Semana de Oración por la Unidad apostamos por la fraternidad universal, por la restauración desde el amor de nuestras relaciones, por la acogida de todos, por abrir puertas a quien viene de lejos o más lo necesita. Apostamos por el Dios de la vida y del Amor, que siendo rico se hizo pobre y siendo Dios no tuvo problema en descender a nuestra pequeñez y limitación. Apostamos por una ‘Iglesia sin fronteras, madre de todos’, apostamos por dar de beber a quien lo necesita y por beber en pozos distintos y diferentes para saciar nuestra sed y enriquecer nuestra vida y nuestra fe.   P. Ángel Hernández Ayllón (Delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la diócesis de Osma-Soria).

‘Libertad de expresión SÍ, sin ofender y SIN MATAR’

‘Libertad de expresión SÍ, sin ofender y SIN MATAR’

Estamos terminando la Navidad, tiempo de paz, pero lo hacemos con enfrentamientos y lo peor de todo con enfrentamientos que algunos tachan de fanatismo religioso como si la fe fuera un elemento de división, de enfrentamiento, de guerra y muerte. Nada más lejos de la realidad, nada más falso y pernicioso. La verdadera fe no enfrenta, no divide, no es motivo de lucha y guerra, en nombre de Dios nunca se puede justificar una muerte. La única muerte que Dios aceptó fue la de su Hijo Jesús y lo hizo para redimir y reconciliar al género humano; Jesús ya derramó suficiente sangre para que todos pudiéramos recibir el ser hijos por adopción. ¡Qué ridículo es escuchar que en nombre de Dios se realizan semejantes atrocidades! El Dios único y verdadero no puede aceptar que sus hijos se maten y lo hagan sembrando el terror y el odio.

Ahora bien, dicho lo dicho, sin ningún tapujo, también quiero decir que me solidarizo con quienes sufren el terrorismo… pero ‘Yo NO soy Charlie’. Me explico. Cada semana escribo mis ideas o reflexiones, sobre el Evangelio generalmente, y lo hago desde una libertad de expresión que, aún sabiendo que muchos pueden no estar de acuerdo, respetamos las reglas de juego y aceptamos que de una misma realidad haya diferentes versiones y visiones. Sí, a la libertad de expresión, pero a la vez creo que no está de más distinguir la libertad de expresión de la libertad de expresar ideas, dibujos…, que ofenden a miles y millones de personas; no estoy hablando únicamente de los dibujos de Mahoma, también lo digo por las múltiples viñetas OFENSIVAS que ‘Charlie Hebdo’ ha publicado en contra de la Iglesia, de Dios, de la Virgen, del Papa… Sí, a la libertad de expresión, pero con el límite de no herir gratuitamente a quienes profesamos una fe. Por eso, más allá del no a las censuras, el sí a la libertad de expresión, debemos aprender que el respeto al ‘otro’ es fundamental para convivir y que la diferencia cultural, religiosa…, o del tipo que sea, no es ningún obstáculo para convivir en fraternidad y respeto los unos con los otros. Las ideas se defienden sin ofender y por supuesto SIN MATAR.

Desde la paz que Cristo trajo al mundo, creo en el perdón de las ofensas, en el amor a los pobres, en una vida que nace de la utopía de las Bienaventuranzas, creo en la posibilidad de convivir como hermanos a pesar de las diferencias pues el destino es el mismo para todos… No creo en el rencor, en el odio, en la violencia, no creo en el resentimiento, no creo en la mentira de los poderosos… Creo en la bondad de las personas, en la fuerza de la fe, en el gozo de caminar juntos…

Estos días he estado en comunicación con la Comunidad Islámica en Soria, me he acercado en dos ocasiones a la mezquita a orar y he podido hablar con muchos de ellos mostrándoles mi dolor por lo que está sucediendo y por la confusión que todo esto crea en el corazón de mucha gente. Puedo decir y lo hago con verdadero orgullo que mantengo una relación de amistad con hombres y mujeres musulmanes y que estoy orgulloso de poder caminar junto a ellos. Es un regalo que Dios nos ha hecho el poder conocernos, compartir bienes, alegrarnos y dolernos juntos en las diversas situaciones de la vida. Como sacerdote católico y como delegado de ecumenismo y diálogo interreligioso manifiesto mi cercanía a toda la comunidad islámica en Soria y pido a Dios que nos libre de toda actitud que ponga en riesgo nuestra convivencia, el respeto, la diversidad cultural… Tenemos que aprender a abrir el corazón y a no cerrar nuestras manos.

La madurez de una sociedad no se mide por los recursos materiales con los que cuenta, infraestructuras, nivel tecnológico…, la madurez se mide por la calidad humana, por la capacidad de respuesta ante dificultades y contratiempos, por la relación de sus miembros en medio de la diversidad y diferencia, por los valores humanos y espirituales…

Aprovecho para manifestar mi cercanía, mi amistad, mi apoyo, mi oración por la Comunidad Islámica en Soria y pido a todos que oremos a Dios para que, unos y otros, podamos trabajar unidos y en paz en la construcción de una sociedad que se funde en el respeto, en el encuentro y en la amistad. Dios es Amor.  Nos dice la Palabra en 1Juan 4, 20: “Quien no ama a su hermano, al que ve, tampoco puede amar a Dios, al que no ve.”                                         

                                                                                                             P. Ángel Hernández Ayllón

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015

SEMANA DE ORACIÓN POR LA

UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 2015

Del 18 al 25 de Enero

 Jesús le dice: ‘Dame de beber’ (Juan 4, 7)

18 Domingo. 13:30 hs. Plaza San Esteban. Manifiesto y oración.

19 Lunes. 19:30 hs. Casa Diocesana. Presentación de la Semana y entrega de material.

20 Martes. 16:30 hs. Café tertulia con el mundo académico (se precisará lugar). Visita enfermos. 18:30 hs. Presentación pública personajes constructores de la unidad.

21 Miércoles. 19:30 hs. Casa Diocesana. Conferencia sobre los cristianos perseguidos y necesitados en Irak. Testimonio vivo de alguien que vivió este año la Navidad en Irak.

22 Jueves. 19:30 hs. Vigilia de Oración. Parroquia de San Francisco (Soria)

23 Viernes. 17:30 hs. Campaña por la unidad: realizar una gran cruz con imágenes y velas en la Pza. Mariano Granados: Ilumina con tu vida… Sacia la sed de tu hermano… Mensajes de: acogida, escucha, reconciliación, libertad… 19:30 Casa Diocesana. Película: Teresa de Calcuta.

24 Sábado. 12:30 hs. Acto público en lugar céntrico. Encuentro interreligioso.        18:00 hs. Encuentro de oración y convivencia con la Iglesia Ortodoxa Rumana en la Ermita del Mirón.

25 Domingo. En las Eucaristías acción de gracias y petición por la unidad de los cristianos. Terminar la semana con comida fraterna en Casa Diocesana.

 Cada día se realizarán dos actividades:

En la Eucaristía de la tarde miembros de la delegación se harán presentes en una de las parroquias o comunidades religiosas para orar por la unidad.

A las 16:00 hs se abrirá un espacio de ‘estudio bíblico’ sobre el texto de Juan 4, 1-42. Se realizará en una sala pública.

Delegación de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la diócesis de Osma-Soria.