No hay Distancia en el Espíritu Santo

                        El Espíritu de Dios que es amor no puede ser más que Espíritu de amor. Por eso, el amor es su don supremo: ‘Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado’ (Rom 5, 5). Porque Dios es amor, su Espíritu, es decir, su vida hecha don y su presencia en nosotros, no puede ser más que ‘el amor de Dios derramado en nuestros corazones’. La consecuencia de estar ungidos y llenos del Espíritu Santo, experiencia de Pentecostés, es la de estar llenos de amor, un amor recibido de Dios que está llamado a extenderse, a ser compartido con aquellos con los que vivimos la vida. Jesús mismo dijo de sí que el Espíritu con el que estaba ungido ‘le había enviado a los pobres y a los excluidos; a sanar los corazones desgarrados, a liberar a los oprimidos y a dar vista a los ciegos’.

La experiencia de Pentecostés es la de llenarnos de un Dios que es amor y, a la vez, sentirnos enviados a compartir gratuitamente ese amor con aquellos que más dificultades tienen.

La experiencia que estos días hemos tenido con los jóvenes americanos del coro Baylor ha sido ‘pentecostal’ en su sentido más literal. Han vivido la gratuidad y la providencia, han compartido la alegría de saberse amados, se han acercado a la gente en su realidad humana, han expresado la vida y el amor desde el canto…, estos días hemos podido disfrutar la presencia del Espíritu abriendo caminos de vida, alegría, unidad, encuentro, amor…

Desde un primer momento tuve claro que su presencia entre nosotros era la manifestación del amor de Dios y que ellos, quizás sin saberlo, nos traían un mensaje de amor de parte de Dios, la misma Palabra nos lo recuerda: ‘No os olvidéis de ser amables con los que lleguen a vuestra casa, pues de esta manera, sin saberlo, algunos hospedaron ángeles’ (Hb 13, 2). Se han encontrado con los ancianos, los presos, la gente más necesitada, con los niños, con la gente en sus calles…, para todos han tenido una sonrisa, un gesto de cercanía…, con todos han intentado hablar dos o tres o más frases en español, es decir, se han esforzado por hacerse entender…, nos han recordado que en medio de las dificultades, en medio de las diferencias…, hay una buena noticia por la que vale la pena entregar la vida y que es motivo de unidad, de paz, de concordia, de encuentro, de fraternidad… Esa buena noticia, se escribe con mayúsculas y no es otro que JESÚS.

QUERIDOS HERMANOS DE TEXAS: Quizás para alguno hayáis pasado desapercibidos, pero para mí, para nuestra comunidad parroquial y para muchos sorianos habéis sido un regalo de Dios, una caricia, una suave brisa, el ruaj de Dios; también habéis sido ‘enseñanza firme y clara’: las barreras que levantamos en nuestras relaciones impiden descubrirnos y disfrutar de un amor pleno recibido en ‘el otro’. Habéis venido de Estados Unidos, otra cultura, otro idioma, otras confesiones cristianas… ¿acaso han sido impedimento para convivir, compartir, más aún, para amarnos? No. Hemos podido estrechar lazos y disfrutar del valor de la fraternidad.

Dios os bendiga, God bless you. Gracias por lo que habéis aportado estos días; transmitid un mensaje de amor y paz a vuestras familias e iglesias, os hemos recibido como mensajeros de Dios y os hemos disfrutado como caricia de Dios. Unidos en el Espíritu para el que no existen distancias. ‘Hay un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo; hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos’ (Ef 4, 5-6), ‘De la misma manera, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio deun solo Espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo Espíritu’ (1Cor 12, 13). Gracias por estos días, hermanos en Cristo Jesús.                                           P. Ángel

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