NO SOY PROFETA

No soy profeta, ni hijo de profeta… Y, ¿cuál es el problema?

Es muy común que la respuesta inmediata de muchos bautizados ante la Misión Diocesana o la evangelización sea la de ‘tirar balones fuera’ y encomendar esa tarea a ‘los profesionales’ ‘a los que cobran por ello’ ‘a los que han estudiado’… ‘a los que se le reconoce el ministerio por parte de los pastores’… Es cierto que obispos y sacerdotes ordenados nos hemos de empeñar en esta tarea con excelencia, pero no es menos cierto que la misión nos compete a todos los que estamos incorporados a Cristo por medio del bautismo.

Amós el profeta, ante la llamada de Dios, le respondió: ‘No soy profeta, ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos’. Para muchos es la excusa perfecta: no he estudiado, sólo estoy bautizado, no sé que decir, soy mayor o soy joven…, son parte de las excusas que muchas veces ponemos y Amós tenía las suyas: ‘soy pastor y cultivador de higos’. Sin embargo, no importa lo que te falte o lo que seas, porque ante Dios tan sólo has de dejarle que Él te haga y te utilice. Amós tenía sus excusas, pero Dios tenía su deseo y su visión o plan para él: ‘Ve y profetiza a mi pueblo Israel’.

Esto nos muestra que es más importante la disposición que la capacidad, pues Dios que ha pensado en ti y te envía, Él mismo te capacitará para que seas sal y luz en medio de aquellos a quienes tengas que anunciar la Buena Noticia de Jesús. Los frutos de la evangelización descansan más bien sobre el testimonio que sobre la capacidad humana por muy buena que sea.

 

El evangelio de hoy (Mc 6, 7-13) nos recuerda cosas muy importantes para llevar a cabo esta tarea: ir ‘de dos en dos’, es decir, en iglesia, no como francotiradores, pues la fuerza la encontramos en la comunidad; ir desprendidos a la misión, pues nuestra seguridad no está en la estructura o parafernalia que montemos sino en la unción poderosa del Espíritu Santo; y la finalidad de la misión no es otra que ‘predicar la conversión, echar muchos demonios, ungir con aceite a muchos enfermos y curarlos’.

No lo olvides, aunque seas ‘cultivador de higos’, es decir, aunque te sientas pequeño, no lo olvides, porque Dios ‘te eligió en la persona de Cristo para que fueses consagrado’ es decir, enviado a testimoniar el amor de Dios’ participando desde tu bautismo de una consagración que te une a Cristo y te constituye como sacerdote, profeta y rey. Espero que esto ni te sorprenda, ni te asuste sino que te comprometa en la maravillosa misión de llevar a los demás a Jesús. La palabra de Dios nos dice: ‘Todos los que invoquen el nombre del Señor se salvarán. Pero, ¿cómo lo van a invocar, si no han creído en él? ¿Y cómo van a creer, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír si nadie les anuncia el mensaje? ¿Y cómo van a anunciarlo si no hay quien los envíe?’ (Rom 10, 13-15). ¿No crees que tenemos una responsabilidad en todo esto? Anímate a ser quien anuncie el Evangelio a quien te rodea y con quien vives, porque ‘todos los que invoquen el nombre del Señor alcanzarán la salvación’ (Rom 10, 13). Aunque seas un ‘cultivador de higos’ conviértete en profeta, mensajero para los demás… No pierdas tiempo, sé valiente… eres consagrado, ¡¡¡que no se te olvide!!!.                                                      P. Ángel Hernández Ayllón

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