NO LLEVAR NADA PARA EL CAMINO (Mc 6, 8)

                      Es curioso que ante un hecho negativo, cualquiera que sea, nadie quiere asumir responsabilidades y solemos mirar a los lados a ver a quién le hacemos culpable de…; en el caso de los méritos también solemos descubrir cualquier motivo por el que debemos recibir alguna que otra alabanza. Ante el hecho sociológico de un abandono notable de la Iglesia, debemos preguntarnos ¿qué hacer?, pero también nos debemos interrogar ¿qué no hemos hecho? Habitualmente hablamos de una sociedad muy superficial que alimenta valores muy inmediatos olvidando los trascendentes…, una sociedad que ha dado la espalda a Dios, pues ha encontrado en otros valores de consumo la respuesta a una ‘felicidad’ pasajera e inmediata. El problema lo vemos en la indiferencia de la gente y en una sociedad que está potenciando un estilo de vida ‘sin Dios’.

Todo esto tiene parte de verdad, pero, como iglesia ¿qué parte de responsabilidad tenemos? ¿la culpa siempre es de los demás? ¿habrá algo en lo que no hemos acertado o nos hemos equivocado?… Yo creo que sí y la evangelización ha de comenzar por una actitud y espíritu de conversión en los que formamos el cuerpo de Cristo. Dentro de la iglesia hay rutinas, inercias, actitudes que nada tienen que ver con un espíritu evangélico y quizás suponen una dificultad muy grande para aquellos que se acercan puntualmente o para aquellos a los que les proponemos una vida desde el evangelio. Realmente, ¿nuestra vida, nuestras propuestas, nuestras actitudes… son manifestación y reflejo del estilo propuesto por Jesús en el Evangelio? Creo que no siempre; con el tiempo nos hemos acostumbrado a palabras, gestos, ritos, expresiones, devociones, fórmulas…, que a nivel institucional o a nivel particular, quedan muy lejos del verdadero espíritu de Jesús.

 

Con estas palabras no quiero incendiar nada, sino plantear un espíritu de verdadera conversión para dar valor a nuestras propuestas y a nuestra vida cristiana. El profeta Jeremías en la lectura de hoy dirigiéndose a los pastores les dice: ‘Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis’. Creo que no deja lugar a interpretaciones benevolentes. Es cierto, que actitudes poco acogedoras o palabras ininteligibles, o ceremonias excesivamente solemnes o el hacer hincapié en normativas que no atienden a la persona y sólo aseguran un ordenamiento legal…, todo esto no da credibilidad a la verdad del mensaje del que somos tan sólo transmisores.

El domingo pasado la lectura del evangelio daba varias características a la evangelización; una de ellas: ‘aparte de un bastón no llevar nada para el camino’. El desprendernos de mucho lastre, de ‘muchas cosas’…, nos va a ayudar a ser más creíbles, a purificar más y mejor el mensaje, a identificarnos con Cristo que ‘siendo rico se hizo pobre’, a caminar más ligeros. La autocrítica y la humildad las necesitamos para prescindir de lo que es relativo y perjudica la labor de evangelización. Seamos más libres, más desprendidos, más pobres, que nuestra seguridad esté siempre en la palabra de salvación que es el Evangelio: ‘aparte de un bastón no llevéis nada para el camino’.                                                                             P. Ángel Hernández Ayllón

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