LA ALTERNATIVA ES… LA COMPASIÓN

                         La comodidad es la enfermedad más grande para vivir una vida cristiana comprometida; el espíritu burgués va contra la esencia de la fe cristiana, va contra la compasión. En la fe esta comodidad es inercia, cumplimiento estricto de mandamientos…, pero, a la vez, olvido de la humanidad de Cristo, del segundo mandamiento, del sacramento del hermano. El mensaje de cuaresma del Papa para este año aborda esta preciosa relación: ‘La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás’.

La celebración de la fe nos ha de llevar a un encuentro comprometido con el hermano que sufre. La cruz está compuesta de dos palos: uno horizontal y otro vertical. El vertical, nuestra unión con Dios, no nos puede llevar a un olvido del horizontal, el encuentro con el hermano.

En el momento actual hay gente que quiere desahogar su corazón, gente que necesita hablar de una terrible tristeza que les consume desde hace tiempo, gente con remordimientos de conciencia que no les permiten vivir en paz. En esas situaciones en las que nos encontramos hermanos tirados en el camino no podemos recurrir a los consejos moralistas o espirituales, pues aquellos que están tirados en las cunetas de la vida no les hace falta un sermón religioso, sino la cosa más simple de todas: la compasión. La comodidad es el peor enemigo de la compasión, del amor cristiano. Me atrevo a cambiar el refrán castellano: ‘ande yo caliente…, me da igual lo que viva la gente’. Mi comodidad me lleva muchas veces a no pensar en el otro y a no ver en él la imagen real de Cristo; ahora bien, como cristianos no podemos olvidar una verdad fundamental: la salvación no es nunca individual, sino personal, es decir, en comunión, por eso no podemos vivir ausentes de la suerte del otro, del prójimo, del próximo. La situación del que vive a mi lado me tiene que interrogar y me tiene que comprometer si en algo puedo ayudarle.

La fe verdadera, la que salva nos tiene que situar en una dinámica de celebración en la que no olvidemos que el pobre, el oprimido, el necesitado es una encarnación real y verdadera de Cristo. Decía María Skobtsov que debemos dar a la vida una dimensión eclesial, es decir, ‘experimentar el mundo entero como un solo templo, lleno de iconos (imágenes) que deben ser reverenciadas, honradas y amadas, porque son las imágenes auténticas de Dios’.

 La verdadera crisis que nos está matando es la falta de compasión entre nosotros. Lo que llevó a Dios a acercarse al hombre fue su amor compasivo, por eso, frente a la idea burguesa del individuo egoísta y autosuficiente, la compasión lleva a ver en cada ser humano el rostro de Dios, es decir, a percibirlo como persona y, por tanto, amada por Dios. No pierdas la oportunidad de vivir, celebrar y amar a Cristo en los demás.           P. Ángel Hernández Ayllón

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