Tiempos de cambio

¿Quién será el nuevo Papa? ¿Cambiará el rumbo de la Iglesia? ¿Permitirá que los curas se casen y las mujeres se ordenen? ¿Será negro, italiano, americano…? Hay cuestiones que son bastante triviales y que por ser accidentales nada afectan a la esencia propia de la Iglesia; otras sí tienen una importancia que trasciende el momento, la moda o las tendencias.

Hoy día 28 de febrero, cuando la renuncia del Papa se hará efectiva, es cuando estoy escribiendo este artículo; son todos los medios de comunicación los que se están haciendo eco de tan extraño e histórico suceso. Lo novedoso, lo que encierra posibles y turbias interpretaciones…, todo eso nos llama la atención, pero…, como cristianos debemos vivir estos momentos pidiéndole al Señor que el nuevo Papa sepa guiar y pastorear a la Iglesia sin importarnos quién será el que ‘ostente’ el anillo del ‘pescador’.

Hay otras cosas mucho más importantes que por ser más cercanas les quitamos el valor. Un problema actual es que solemos derivar la responsabilidad en las instancias superiores; lo hacemos en política y así eludimos la responsabilidad civil que nos corresponde a cada uno; también lo hacemos en la Iglesia, mostrando mucha atención a lo universal y descuidando lo local y personal. No creo que debamos confiarlo todo a las altas esferas, en ninguno de los ámbitos de la vida, en la Iglesia menos. Si el Papa es santo, sabio, prudente, dialogante…, es importante, pero también lo es que las parroquias cada vez más, sean comunidades vivas y estén formadas por cristianos maduros, críticos, generosos con su tiempo y su dinero, y comprometidos en ser sal y luz en medio de la sociedad.

En ‘román paladino’ quiero decir que a nivel cristiano nos debe preocupar, no de forma exclusiva y excluyente, el tomar conciencia de nuestro bautismo y ser miembros vivos, activos y comprometidos en nuestras comunidades cristianas. ¿Es importante que el Papa sea negro, joven, italiano, que sepa 10 idiomas…? Para mí, NO; pero sí es importante que la comunidad cristiana en la que diariamente vivo mi fe sea cada vez más consciente de su responsabilidad con una sociedad que está sufriendo y que no conoce a Dios. Para mí es muy importante no el cumplimiento de unas normas o el que la iglesia se llene, sino que cada uno de los bautizados sigamos a Jesucristo, vivamos el ideal de las bienaventuranzas, extendamos su Reino en nuestras familias y tomemos conciencia de que el ministerio del Papa, por muy importante que este sea y para mí lo es, no suprime la responsabilidad que cada uno tenemos en la misión de la Iglesia. Mi oración es muy sencilla: ‘Que Dios suscite un Papa santo y sabio, lleno de amor y con corazón de pastor semejante al de Cristo, y también que nos despierte como comunidad para que tomemos conciencia de nuestro bautismo y seamos sal y luz en medio de nuestra sociedad’.

Algunos van a estar profundamente preocupados de si su tendencia aparece en la elección del nuevo Papa, pero quizás no vivan con tanta preocupación el que el día a día de nuestras ‘comunidades’ encarnen el Evangelio de Jesús y seamos más sencillos, más generosos, más creyentes y menos ‘observantes’ o clientes de lo religioso.                                                                                  P. Ángel Hernández Ayllón

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