CRISTO SIGUE MURIENDO

                      En la Semana Santa vamos a meditar el escándalo de la cruz y su valor salvífico. La cruz es escándalo por varios motivos: por lo que tiene de muerte, por hablarnos del sufrimiento de un inocente y por tratarse de Jesús, el Hijo de Dios. La cruz sigue siendo escándalo no sólo a nivel racional, sino también cuando nos enfrentamos a ella desde la fe.

La cruz nos habla de sufrimiento y el sufrimiento lo vemos diariamente encarnado en tantas personas que cargan con la cruz del desempleo, de la enfermedad, de la pobreza, del desahucio, de la muerte inesperada, del maltrato, de la falta de libertad, de la falta de amor… Ante tantos calvarios seguimos haciéndonos la misma pregunta: ¿dónde está Dios en medio del sufrimiento? ¿quién murió en la cruz, Jesús o Dios? ¿qué nos enseña la cruz? La vida sigue mostrándonos la crueldad de muchos que no tienen posibilidad de vivir con los mínimos exigibles para hacerlo con dignidad. Y, ante esta realidad, todos, creyentes y no creyentes nos hacemos la misma pregunta: ¿es posible compaginar un Dios bueno con el mal, el sufrimiento y el dolor de los inocentes?

Ante la celebración del Semana Santa que hoy comenzamos con la ‘Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén’ seguimos preguntando si sirvió y sirve de algo la ‘muerte de Jesús –Hijo de Dios- en la Cruz’, pues nos revelamos ante el sufrimiento de la gente y ante la idea de pensar que a Dios no le importa lo que vivimos, las lágrimas de los inocentes, las heridas de tantos que llenan las cunetas de la vida.

Es paradójico, pero es real que el sufrimiento muchas veces es ridículo, inútil, irracional…, no tiene sentido, pero sí tiene futuro al acogernos a Cristo. Al contemplar a Jesús en la Cruz, contemplamos a Dios en la Cruz, y lo contemplamos con esperanza de saber que Él está ahí para vencer y derrotar a nuestro enemigo: la muerte. Lo más maravilloso de esta semana es saber que el mismo Dios ha aceptado, al modo de Dios, encarnarse en la historia, dejarse afectar por ella y dejarse afectar por la ley del pecado que da muerte. La cruz, aun en su parte más irracional, la del sufrimiento del inocente y más del Hijo de Dios, significa también la aceptación del sufrimiento por parte de Dios.

En el misterio de la cruz, Dios nos anima a que nos comprometamos también en las cruces reales de la vida, pues sólo así la historia será salvada, aunque eso nos lleve a la cruz. En la vida no hay amor sin solidaridad y no hay solidaridad sin encarnación, sin cercanía. La pregunta sería: ¿qué más puedes hacer por aquellos ‘Cristos’ que sufren a tu lado, en tu familia, en tu comunidad de vecinos? ¿qué más puedes hacer por aquellos que diariamente ves malvivir y sufrir en sus pesadas cruces?

Lo que el sufrimiento de Dios en la cruz dice es que el Dios que lucha contra el sufrimiento humano ha querido mostrarse solidario con los seres humanos que sufren, y que la lucha de Dios contra el sufrimiento es también a la manera humana. Como Cristo no sólo debemos llorar el sufrimiento de los demás, sino acercarnos a las cruces y cristos actuales y cargar con ellos el sufrimiento.

Lo que ese Dios crucificado nos recuerda siempre es que no hay liberación del pecado sin cargar con el pecado, que no hay erradicación de la injusticia sin cargar con ella. Jesús siendo rico, se hizo pobre, cargó con nuestra realidad. ‘Si Dios calla ante el dolor es porque él mismo padece y hace suya la causa de los martirizados y de los que sufren (cf Mateo 25, 31). El dolor no le es ajeno; pero si lo asumió no fue para eternizarlo y dejarnos sin esperanza, sino porque quiere poner fin a todas las cruces de la historia’ (L. Boff).

Termino deseándoos una feliz Semana Santa y pidiéndoos que la viváis no ritualmente, sino existencialmente, es decir, intentando hacer realidad y compartiendo, en nuestras vidas con los que nos rodean, la liberación que Jesús-Dios nos ha alcanzado venciendo a la Cruz.      Ángel Hernández Ayllón

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