UN AGNÓSTICO EN BÚSQUEDA…

‘Un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario’; el otro día me golpeó esta frase que, analizándola, muestra la verdad de la relación con Dios. Puede parecer una ofensa atribuir una posible crisis de fe en Dios a personas que se consideran y se confiesan creyentes, que cumplen, bien que mal, con sus ‘obligaciones’ de cristianos, y un poco más, que hasta han consagrado su vida al servicio de la Iglesia. Pero, la verdad es que, como cristianos, muchas veces no seducimos a la gente que nos contempla o a aquellos con los que vivimos, hay situaciones en la que nuestra comunidad se siente incapaz de transmitir y comunicar la fe a las generaciones más jóvenes.

Es posible que nos consideremos cristianos porque admitimos, sin apenas preguntarnos por qué, todas las verdades que Dios, nuestro Señor, nos ha revelado y que la Santa Madre Iglesia nos enseña. Sabemos todo lo que el catecismo nos ha enseñado. Sabemos mucho de Jesús… Pero, puede suceder que nuestra relación con Jesús se reduzca a un cumplimiento de normas y a saber sobre él y conocerle como conocemos a otros personajes de la historia. Saber cosas de Jesús y creer en él no son cosas ni parecidas. Creer en Jesús es aceptar que su estilo y actitudes de vida influyan en nuestro comportamiento, en nuestras decisiones.

Me atrevo a proponeros un pequeño ejercicio esta semana, preguntaros: ¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Qué hechos de su vida, qué rasgos de su persona, cuál de sus enseñanzas te resulta más importante, más atractiva o más difícil de aceptar? ¿Qué significa para ti creer en Jesucristo? ¿Eres consciente de que creer en Jesús es decidirte a seguirle en tus cosas cotidianas? ¿Cómo entiendes y aceptas la muerte de Jesús en la Cruz? ¿Te has encontrado con el Resucitado en tu vida?

Bonhoeffer ya decía que el enemigo mortal de la Iglesia es la ‘gracia barata’, es vivir sin pasión el misterio de nuestra fe. El peligro consiste en que la fe, en sí algo vivo, se convierta en un sistema cerrado de dogmas, de enunciados, todos ellos respaldados por la misma autoridad de Dios y de la Iglesia… ‘Quien sostenga y confiese que Dios en Jesucristo es salvación, esperanza y paz para todos los hombres, y quien se comprometa con esto a hacerse signo de esperanza y paz para todos los demás… cree y confiesa toda la fe, porque esta fe no es una suma de enunciados, sino el encuentro personal con una figura, Jesús el Cristo’.

Ese encuentro nos tiene que llevar a iluminar nuestra realidad social y a comprometernos con ella. El verdadero culto a Dios se realiza en la misericordia con el hermano indigente. Hace años, Juan XXIII decía que ‘una doctrina social no debe ser materia de mera exposición. Ha de ser objeto de práctica. La doctrina social tiene su luz en la verdad, su fin es la justicia y su impulso primordial es el amor. Hace unos días nos llevamos la grata sorpresa del desbloqueo de la causa de beatificación de Monseñor Romero. Un mes y medio antes de su inmolación pronunció un discurso que titulaba: ‘La dimensión política de la fe, desde la opción de los pobres’. La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres. La Iglesia es, como Jesús, para evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos…’ El mundo al que debe servir la Iglesia es para nosotros el mundo de los pobres… Feliz semana!!!                                Ángel Hernández Ayllón

 

 

 

 

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