CUANDO EL FOCO ‘DIOS’ SE APAGA

Esta semana ha sido ‘minina’. He tenido varios encuentros un tanto inquietantes, de los que te dejan un poco alterado con el estómago un tanto revuelto. No es muy difícil desentrañar la ecuación que ahora mismo estamos viviendo en nuestra sociedad: el abandono de Dios nos lleva a enfrentarnos porque olvidamos nuestra común dignidad y nuestra misma llamada a la santidad y al encuentro definitivo con Dios.

                        Cuando olvidamos nuestro origen y nuestra meta, olvidamos que lo esencial pasa por vivir conforme a nuestra dignidad de hijos de Dios y vivir también conforme a nuestra meta, el encuentro definitivo con Dios. Alguno puede pensar que estoy hablando de trascender lo humano y vivir un palmo por encima de la realidad; nada más ajeno a mi pensamiento, pero sí iluminar lo que vivimos desde las actitudes y principios del Evangelio. Cuando lo que orienta la vida es únicamente lo material e inmanente, cuando nuestra vida no está estimulada por valores éticos y morales, cuando el interés de mi vida se centra únicamente ‘en lo mío’, cuando no escuchamos el lamento del que tenemos al lado…, cuando vivimos sin alentar lo espiritual, cuando el foco ‘Dios’ se apaga o se funde, cuando eso ocurre, nos enfrentamos a la vida sin futuro, sin esperanza, sin alegría y sin respeto a los demás.

¿Cómo es posible vivir en cristiano sin iluminar nuestras decisiones, nuestras actitudes, nuestro comportamiento…, desde el ideal de Jesús? Uno de los errores que estamos arrastrando es vivir la fe en el templo y después vivir todo lo demás acudiendo a los criterios del mundo que están de moda. ¿Es posible vivir una relación con Dios madura, real y comprometida olvidándonos de lo humano? ¿Es posible vivir en gracia de Dios viviendo en desgracia –en enfrentamiento- con los que nos rodean? Estoy hablando de cosas cotidianas. “Poner una vela a Dios” sería: ir a Misa, rezar, cumplir los mandamientos de la ley de Dios y los de la santa Madre Iglesia…; “poner otra vela al diablo” sería: gritar a quien vive conmigo, ser indiferente a sus necesidades, dar un valor excesivo al dinero, no ser responsable en mi trabajo, no pagar los impuestos que me corresponden, despreocuparme de lo público…

Distinguir entre lo  humano y lo sagrado, entre las tareas cotidianas y la misa dominical, entre la relación que tengo con Dios y la que tengo con los demás es uno de los más grandes problemas que perjudican la fe. En este año dedicado a la Fe tenemos que despertar de la religiosidad de cumplimiento y permitir que Dios influya en toda nuestra vida.

Tenemos que encarnar a Dios en lo cotidiano, en nuestra forma de ser. Por ejemplo, hay tres realidades en las que podríamos hacer examen si vivimos conforme al estilo de Jesús: nuestra relación con el dinero, nuestra relación con la gente ajena a nuestra familia: comunidad de vecinos y trabajo y, por último, en nuestra relación con el ocio y el tiempo libre. ¿Cómo encarnamos a Dios en esas realidades? Si apagamos el foco de ‘Dios’ en lo humano dejará de brillar también en lo sagrado, y así les ha ocurrido a muchos que ya se han cansado de vivir la fe, pues no han sido capaces de descubrir qué significado y sentido tenía para sus vidas.

No apaguemos tampoco el ‘foco de Dios’ que se encuentra en los pobres; Dios nos lo dice en su Palabra: ‘Yo, el Señor, soy el primero, y estaré presente con los últimos’ (Isaías 41, 10). Que a lo largo de esta semana preparemos la venida del Espíritu Santo, que encendamos el foco de Dios, en lo cotidiano, en lo familiar, en lo sencillo, en el pobre, en la oración… Que el Espíritu Santo nos encuentre preparados y dispuestos para recibirle. ¡¡Feliz semana!!                                                       Ángel Hernández Ayllón

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