EL ESPÍRITU HACE NUEVAS LAS COSAS

El Espíritu es la respuesta a muchas situaciones que nos inquietan, que nos turban, que nos preocupan. Dentro de la Iglesia y en nuestras familias necesitamos una visión sobrenatural que nos ayude a descubrir el sentido de las cosas, incluso de aquellas que nos resultan molestas y que no entendemos. Hay un montón de situaciones cotidianas en las que necesitamos el auxilio del Espíritu Santo para vivirlas con esperanza y fortaleza: la enfermedad de alguien a quien amamos, la muerte repentina, la crisis económica, las relaciones rotas de quienes deberían amarse…

Tomar la luz del Espíritu es caminar con esperanza sabiendo que no todo está perdido, que Dios ocupa su lugar, que Alguien tiene control de las cosas que se descontrolan en nuestra vida, es dejar que el Espíritu ponga sus valores, los evangélicos.

Comparto con vosotros una preciosa oración del Cardenal Mercier: “Os voy a revelar un secreto de santidad y de felicidad. Si dejáis descansar todos los días vuestra imaginación durante cinco minutos, cerráis los ojos a todas las cosas de los sentidos y los oídos a todos los ruidos de la tierra, de manera que seáis capaces de retiraros al santuario de vuestra alma bautizada que es templo del Espíritu Santo, y hablando al Santo Espíritu le decís: Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro, ilumíname, guíame, fortaléceme y consuélame. Dime todo lo que he de hacer y mándame hacerlo. Te prometo someterme a todo lo que me pidas y aceptar todo lo que permitas que me suceda. ¡Indícame solamente cuál es tu voluntad!.Vuestra vida transcurrirá alegre y serena, abundará el consuelo aun en medio de las tribulaciones, pues la gracia se os concederá en proporción a las pruebas junto a la fuerza para soportarlas, conduciéndoos hasta las puertas del Paraíso, llenos de merecimientos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad”.

Como comunidad cristiana también debemos dejar que sea el Espíritu el que inunde, habite, unja, suscite y sostenga todo lo que hacemos. Hay momentos donde como Iglesia sentimos inquietud y tristeza pues experimentamos la indiferencia de muchos a la Buena Noticia de Jesús…, todo eso nos preocupa. Es cierto, que debe dolernos el que ‘muchos’ no conozcan el Camino de Salvación en Jesucristo, pero el desaliento, la tristeza, la desesperanza…, son armas que no son del Espíritu. Una de las cosas que debemos pedir en este día de Pentecostés es que el Espíritu infunda alegría y esperanza en nuestras comunidades cristianas. No podemos llevar el mejor mensaje, el más actual, el más eficaz…, dando la impresión que tan sólo lo soportamos. ‘Vivir la fe cristiana’, ‘ser cristiano’, ‘estar ungido por el Espíritu’ es el mayor gozo que podemos vivir. Sabemos que en medio de las dificultades, propias de nuestra naturaleza y pecado, el Espíritu Santo quiere habitar en cada uno de nosotros, dejémosle que ‘haga nuevas las cosas’, que restaure, que sane, que haga de nosotros llamas encendidas del amor de Dios y que nuestras comunidades vivan confiadas bajo su auxilio.

Muchos de nuestros problemas, en la familia, en la Iglesia, en el trabajo…, los afrontaríamos de distinta forma. Es muy sencillo, si el Espíritu Santo es el Amor de Dios, lo que más necesitamos y la respuesta a muchos de nuestros problemas es introducir este, para algunos, extraño y maravilloso ingrediente: el Amor de Dios. ¿Te imaginas añadir el ingrediente ‘Amor’ en tu relación matrimonial, en el trabajo, en cada una de tus relaciones, en la Iglesia… ¡Feliz Pascua de Pentecostés!                                                         Ángel Hernández Ayllón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *