¿UN DIOS HUMANO O UN HOMBRE DIVINO?

¿Un Dios humano o un hombre divino?

El pasado miércoles en el grupo de crecimiento planteábamos la siguiente cuestión: ¿Jesús es Dios o Dios es Jesús? Antes de nada decir que muchas veces la fe es algo que sacamos a relucir los domingos un ratito, pero qué interesante es razonar lo que creemos y sacar consecuencias en nuestra vida, de forma que la fe actúe como ideal y estímulo en todo lo que hacemos cotidianamente.

La pregunta ¿Jesús es Dios o Dios es Jesús?, es una pregunta que, según la respuesta que demos, indica cuál es nuestra fe, nuestra espiritualidad y nuestra forma de expresarla. Si contestamos que ‘Jesús es Dios’ comenzamos por atribuirle desde el portal de Belén la omnipotencia, la sabiduría infinita de Dios, la eternidad de Dios… y, tendríamos un Jesús digno de admiración pero no de imitación. ¿Cómo puede ser modelo para el hombre otro hombre que tiene la sabiduría de Dios, la impecabilidad de Dios, la seguridad de Dios y el poder de Dios?.

Es un dato: muchas veces nos hemos hecho una imagen de Jesús como de alguien que ha estado por encima de la realidad humana, alguien que ha andado nuestro camino pero no ha experimentado nuestras fatigas, alguien que ha formado parte de lo nuestro, pero con el plus de una especie de ‘super-hombre’. Esta falsa visión de Jesús es muy antigua, la de acentuar su divinidad haciendo de su humanidad una especie de apariencia humana que no sufre y padece lo verdaderamente humano. Esta visión de Jesús es herética pues termina por negar la naturaleza humana de Jesucristo. Pero también, esta visión de la fe en Jesús tiene sus nefastas consecuencias en la pastoral: interesan más los derechos de Dios que los derechos del hombre, preocupa más la religión que la justicia, se insiste más en el poder y la gloria que en la solidaridad y el compromiso, se pone más el acento en salvaguardar dogmas que en liberar a personas.

Por el contrario, si empezamos por decir que ‘Dios es Jesús’ nos sale un Dios que es tan sencillo como Jesús, tan cercano (incluso para los pecadores más despreciables) como lo fue Jesús, tan solidario con todo lo débil de este mundo como solidario fue Jesús, tan tolerante con todos los perdidos y extraviados como lo fue Jesús y, por supuesto, tan humano como Jesús.

No tenemos miedo de divinizar al hombre, pero sí nos asusta el humanizar a Dios. Sin embargo, la Palabra nos dice: ‘A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado’ (Juan 1, 18). También ante la petición de Felipe de ‘muéstranos al Padre’, Jesús le contesta: ‘El que me ha visto a mí ha visto al Padre’ (Juan 14, 9). Esta Palabra nos aclara que no conocemos a Jesús a partir de Dios, sino que conocemos a Dios a partir de Jesús. De ahí que la afirmación de ‘Jesús es Dios’ tiene su razón de ser y su explicación en otra afirmación previa, que es más fundamental: ‘Dios es Jesús’.

El desafío de esta semana es encontrarnos con Jesús de Nazaret que es el criterio para la fe. La fe en Jesús como Dios y como hombre es el fundamento central y esencial de la fe cristiana. Jesús de Nazaret nos invita a una intimidad con Dios y a una relación fraterna con quienes convivimos; nos invita a preocuparnos de que Dios sea conocido y amado por todos y, también a favorecer en lo humano, en lo público y en lo social una relación más fraterna, más justa, más solidaria. Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, une lo sagrado y lo humano. Jesús hace a Dios presente en lo humano y sacraliza la relación con los hombres, de las que hace depender la conformidad con Dios. Durante esta semana acudamos al Evangelio y descubramos al Jesús hombre y Dios. Leed cada día el Evangelio. ¡¡Feliz día!!    Ángel Hernández Ayllón

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