ALTO Y CLARO: SOY CRISTIANO Y ESTOY ORGULLOSO DE SERLO

‘¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio!… Prácticamente es ilegal… Porque el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva’. El otro día cuando leí esta frase del Padre Rutilio Grande, amigo de Monseñor Romero y mártir en El Salvador me pareció que estaba describiendo perfectamente la realidad que vivimos. Es cierto que existe una libertad de culto, pero también es cierto que cuando alguien quiere vivir el Evangelio en su radicalidad, entonces las cosas cambian. ¿Qué ocurre cuando  defendemos la vida del no nacido, del enfermo terminal…? ¿Qué ocurre cuando hablamos que la riqueza en manos de unos pocos es una vergüenza y un atentado contra el pobre? ¿Qué ocurre cuando hablamos de que todos, los inmigrantes también, tienen derechos como cualquiera? ¿Qué ocurre cuando hablamos del amor y el perdón incluso a los enemigos? ¿Qué ocurre cuando hablamos de fidelidad en el matrimonio? ¿Qué ocurre cuando hablamos de que la propiedad privada no es un derecho absoluto y el destino universal de los bienes sí? Ocurre que algunos dicen que la Iglesia no se meta en política o que estamos en una sociedad que ha crecido en madurez y que Dios no tiene por qué inmiscuirse en los temas y cuestiones humanas, y mucho menos los curas o la Iglesia.

Cuando queremos vivir con radicalidad las exigencias del Evangelio nos damos cuenta que vamos contracorriente. Pero, me hago la siguiente pregunta: ¿es posible o vale la pena vivir la vida cristiana de otra forma? Algunos ‘viven la fe a la carta’ y ‘consumen’ sacramentos como si de analgésicos se tratara: me caso por la Iglesia, bautizo al hijo, hace la comunión la hija… Pero, realmente ¿vivimos la fe como encuentro decisivo con Jesús, Señor y Salvador? Invitaba Martín Valverde en su canción ‘Discúlpeme pero no’: ‘Sé tú mismo, sé tú mismo…, no faltará quien te diga: hombre, antes cuando eras hipócrita eras más amable’. No faltará quien te haga semejante observación y te pidan bajar un poco el listón, no tomarte tan a pecho las cosas, es decir, vivir de forma ‘light’, baja en calorías espirituales, la vida cristiana. Para algunos vivir la vida cristiana con compromiso será ‘fanatismo’. Decía el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer que ‘la gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia’. Explicaba que cuando vivimos la fe como rito, mandamiento, doctrina, moral…, y no lo hacemos como seguimiento a Jesús, entonces estamos viviendo la gracia barata, y continuaba diciendo: ‘Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo –‘habéis sido adquiridos a gran precio’- y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros…’.

Es seguro que muchos preferirían que viviéramos un cristianismo ritual, privado, intimista, bajo en calorías espirituales, sin compromiso, de cumplimiento externo, que no saliera de las sacristías, que no hiciera ruido en el exterior… Me atrevo, como párroco de esta comunidad, a decir que tenemos y debemos vivir con ilusión renovada, con alegría, con ganas de compartir…, todo lo que supone el tesoro de nuestra fe. No es posible que celebremos la fe y que luego en nuestros quehaceres diarios, profesionales o familiares vivamos mimetizados con los valores y metas humanas y ocultemos y escondamos nuestra condición de cristianos. Cristo tiene que reflejarse en nuestra forma de vivir, de actuar, de relacionarnos con los demás.

Hay un lugar donde actualmente Jesús tiene que aparecer y es precisamente en los más necesitados. Monseñor Romero decía: ‘Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres’. No, a una Iglesia influyente y poderosa y Sí a una Iglesia evangélica y cercana a la miseria de la gente. Le pese a quien le pese, el interés y la necesidad humana es el auténtico camino de la Iglesia. ¡Vivamos con radicalidad y alegría nuestra condición de cristianos! Estoy orgulloso de ser cristiano y de ser sacerdote.

                                                                                                   P. Ángel Hernández Ayllón                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

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