Reflexiones ante la retirada del anteproyecto de reforma de la ley del aborto.

DOMINGO XXVI. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.
“Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió”. Estas palabras del profeta Ezequiel, seguro que para algunos no representan nada. Esos algunos son aquellos que han perdido el “Temor de Dios” y el respeto a la dignidad de la persona humana. La Palabra de Dios en proverbios nos dice que: ‘quien cierra sus oídos a los gritos del pobre, no obtendrá respuesta cuando le toque gritar a él’ (Prov 21,13).
Algunos viven su vida con un horizonte totalmente materialista. Hace unos días cuando nuestro Presidente retiró el anteproyecto de reforma de la ley del aborto, muchos pusimos en duda su “lealtad” y su palabra, que se desdice de una de las líneas de su programa electoral y lo hace por la presión del algunos y por la previsión de los votos que puede perder o conseguir con esta maniobra maquiavélica. No me fío de quien dice ‘digo y luego diego’ por interés y de quien sigue pensando que España va bien debido a la prima de riesgo y a otros criterios macroeconómicos que no impiden evitar la desigualdad y la penuria económica de muchas familias y de muchos parados, que se tienen que consolar con las adulaciones de Alemania, a pesar de los más de cinco millones de parados.
Tengo que felicitar a D. Alberto Ruiz Gallardon, ex-Ministro de Justicia por su honestidad al dejar paso a quienes a la política, un servicio honorable al bien de todos, la han convertido en estrategia para llegar a lo más alto, aunque ello les obligue a ir en contra de los principios e ideales… Perdón, olvidé que para estar en lo más alto, los principios e ideales se convierten en ideología de partido y en interés “puro y duro” de conseguir más escaños a “costa de todo”. Pues bien, como cristiano, mi única guía de navegación es la palabra de Dios, por eso creo firmemente que: “cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió”.
Es posible que a nuestro legítimo presidente le importe poco todo esto y piense que mientras esté arriba “todo vale”. Hasta el momento pensé que de políticos como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Cayo Lara o Gaspar Llamazares, no se podría esperar otra cosa más que se manifestarán a favor del aborto, pero veo que las diferencias son mínimas.
Alguno puede pensar que estoy haciendo política, pero nada más lejos de la realidad, no es política de partido, lo que ocurre es que sí creo que el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia pueden y deben iluminar las situaciones sociales que nos toca vivir. A más de un político le encantaría que desde la iglesia evitáramos valorar y publicar sus miserias, golferías y omisiones y, es verdad, nadie está libre de pecado, pero lo cierto es que si la Gloria de Dios es que el pobre viva…, me van a permitir que señale con el dedo y diga que el pobre está siendo golpeado con leyes injustas que atentan contra la vida, contra el derecho al trabajo, contra la sanidad…
Por principio, la Iglesia nunca se ha definido políticamente y en su doctrina social ha hablado del peligro tanto del comunismo-socialismo como del capitalismo. Es cierto que el comunismo-socialismo ha perdido la referencia del hombre a Dios y, con ello, oculta la realidad del pecado y de la gracia, del perdón y de una vida posible a partir de la misericordia de Dios. Ahora bien, el capitalismo es otra enfermedad, tan perniciosa, pues también se niega a Dios y representa el ansia desenfrenada de riqueza personal elevada a la condición de principio único de la acción humana.
¿Dónde queda Dios en todo esto? ¿Y el hombre?, ¿y el necesitado?, ¿y el no nacido?, ¿y el parado?, ¿y el inmigrante?, ¿y el enfermo raro no rentable?… El único en quien confío es en Dios, mi Señor y Salvador, y en el único en quien puedo esperar es en Él; no son de fiar quienes van detrás ‘del sol que más calienta’ y son capaces de vender ‘lo más preciado’ para conseguir ‘treinta monedas de plata’.
La Palabra de Dios nos dirige a cumplir el derecho y la justicia. La justicia ha de ser la primera cualidad en el ordenamiento social. Además, Dios quiere la justicia, pues manifiesta su identidad: ‘Yo soy el Señor, vuestro Dios, que implanta en la tierra la lealtad, el derecho y la justicia, porque en eso me complazco’ (Jeremías 9, 23). Si la justicia identifica a Dios, eso quiere decir que practicar el derecho y la justicia equivale a conocer a Dios y, es claro que dar la espalda a un inocente no nacido equivale a vivir injustamente, a no conocer a Dios, a no esperar nada de él y a vivir más por interés que por amor.
Los que seguimos a Jesús sabemos que renunció al poder como autoridad, como imposición…; sabemos que se acercó y tocó a los pobres, que defendió a los oprimidos, que se puso de parte de los pequeños y excluidos, sabemos que entregó su tiempo y su vida a la causa del Evangelio, como Buena Noticia, como revolución del amor donde el más pequeño tiene voz y se valora en su dignidad.
Me vais a permitir que traiga al respecto unos principios de la Doctrina Social de la Iglesia. El primero es ‘que la autoridad debe emitir leyes justas conformes a la dignidad de la persona humana y a la recta razón’, de lo contrario, cuando las leyes agreden a las personas y son irracionales, cesan de ser leyes y se convierten en actos de violencia. Cuando una ley no actúa en orden al bien común, desatiende su fin propio y por ello mismo se hace ilegítima. El segundo principio es ‘que es legítimo resistir a la autoridad en caso de que ésta viole grave y repetidamente los principios del derecho natural’. Jesús censuró todo tipo de violencia física o estructural, pero la paz evangélica y la verdad no excluyen un determinado tipo de resistencia, como mínimo verbal, contra aquellas personas que no quieren la justicia. Por ello, el cristiano debe amar a todos, pero no a todos del mismo modo: al oprimido se le ama defendiéndolo y liberándolo; al opresor, acusándolo y combatiéndolo’.
La decisión del gobierno en esta cuestión es un error por dos razones: la primera es que España tiene una población muy envejecida, por lo que si no se apoya y defiende la vida por razones ético-morales, debería defenderse por razones demográficas, de población; además nadie se cree que apoye la familia y la infancia y a la vez mantenga y defienda leyes antinatalistas. Es un error no sólo político, sino racional y lógico.
Quiero concluir dirigiéndome al Sr. Rajoy, aun cuando sé que estas palabras no le llegarán ni le afectarán. Uno de los mayores riesgos para las democracias actuales es el relativismo ético, que niega la existencia de criterios objetivos y universales a la hora de establecer el fundamento y la correcta jerarquía de valores. Más aún, una autoridad ejercida por personas incapaces de asumir auténticamente como finalidad de su labor política el bien común y sí el prestigio o el logro de ventajas personales…, no es de fiar.
Animo a todos los cristianos y gente de bien que sin miedo y convicción defendamos los valores y principios que desde la política de partido se están negando y maltratando. Seamos políticos, es decir, intervengamos en lo público, en lo que a todos nos pertenece y no tengamos miedo a movilizarnos, a manifestarnos, a expresar públicamente con respeto que estamos a favor de la vida, de la dignidad de todo ser humano, en contra de toda violencia y de parte de los más débiles e indefensos.
Al declarar estas palabras, desde este lugar, soy consciente del atrevimiento y de la posible crítica por parte de algunos, pero prefiero cargar con esa crítica y no con la de tantos inocentes que mueren por la desidia, la cobardía, el abandono, el interés partidista y por leyes tan inhumanas. Nunca entenderé ni aceptaré que el aborto sea derecho; el único derecho no puede ser matar, sino vivir. El verdadero progresismo no es el que mata y perjudica a su especie y a los más inocentes, sino el que educa en los valores de respeto a la vida y cuida de los más débiles. A pesar del tono y del contenido, la Palabra de Dios termina con esperanza diciendo que ‘si el malvado recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá’. Amén. P. ÁNGEL HERNÁNDEZ AYLLÓN.

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