Dad frutos agradables a Dios

Domingo XXVII. Tiempo ordinario. Ciclo A.

Dad frutos agradables a Dios

Comienzan las lecturas con un pensamiento de amor y ternura: ‘Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña’. Sintámonos arrullados por ese canto de amor y acojámoslo no como extraños, sino como protagonistas de ese amor.

El Señor plantó la Iglesia en el mundo como una viña. Nos dice la Palabra que la entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas… la cuidó con cariño, con esmero, con dedicación…, y esperó que diese uvas, sin embargo dio agrazones… Nos podemos interrogar nosotros ¿qué es lo que Dios espera de nosotros? Como Iglesia, la viña de Dios, ¿estamos dando los frutos esperados por Dios? La segunda lectura, nos sirve de examen de conciencia, pues nos habla de posibles frutos que debemos dar: ‘todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta’. 

En el Nuevo Testamento encontramos dos textos donde se nos urge a que demos frutos agradables a Dios: ‘El Espíritu da frutos de amor, alegría y paz; de paciencia, amabilidad y bondad; de fidelidad, humildad y dominio propio’ (Gálatas 5, 22-23), ‘…debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en el amor, la fe y la pureza de vida’ (1Timoteo 4, 11-12).

¿Cuáles son los frutos de nuestra vida? Por vuestros frutos os conocerán (Mateo 7, 20). ¿La gente identifica que somos cristianos por nuestra forma de vivir? El pasado martes entré a un bar para que retiraran un coche que habían aparcado en la puerta de los salones y, al entrar, había un grupo de personas conocidas que me insistieron que tomara algo con ellos. Al final me quedé y tomé un té. Una de las personas, aprovechando que había un cura delante, me espetó, con normalidad y una sonrisa en los labios, que estaba viviendo en pecado. Lo dijo sin ningún arrepentimiento y sin ningún dolor; sin embargo, a renglón seguido, me hacía propaganda ponderando mis virtudes -según ella- y animando a que todos fueran a mi parroquia… ¿Cómo vivimos nuestro bautismo? ¿Cómo cuidamos la viña de Dios en nosotros? Hay una desidia y mediocridad espiritual que en algunos casos es culpable, pues viven su situación irregular, y por lo tanto de pecado, sin ningún pudor y alardeando públicamente de ello. Es posible que, en algunos, haya más de estupidez que de maldad, pero en cualquier caso no creo que sea justo jugar con nuestra salvación, y menos, despreciar la sangre que Jesús derramó en la Cruz para liberarnos de nuestros pecados.

Como Iglesia no podemos aspirar a una religiosidad de cumplimiento, a una gracia barata en la que nos conformamos con los mínimos y siempre buscando rebajas, no podemos pretender tener influencia social…, hay actitudes que tenemos que purificar. Nos dice el Evangelio que el propietario de la viña, envió a sus criados a percibir los frutos que le correspondían. Si el Señor viniera repentinamente para solicitar los frutos de nuestra vida, ¿qué le daríamos?

Otra idea que nos transmite el Evangelio es que la propiedad privada ha de estar sometida al ‘destino universal de los bienes’. No es justo que unos pocos se apropien indebidamente de los bienes que pertenecen a todos, por eso, el propietario de la viña reclamaba los frutos que le correspondían, pero quienes se habían apropiado de ellos no querían desprenderse y para ello, como hemos escuchado en el Evangelio, llegaron hasta matar. ¿Qué estamos haciendo actualmente? Morir de hambre, con los medios que tenemos, es morir asesinado. Todo tiene sus niveles y grados. Si miramos a los ricos del mundo, a los políticos, a los futbolistas de élite…, a todos aquellos que acumulan cuantiosas riquezas, es cierto que se convierten en verdugos sin misericordia de muchos millones de personas que carecen diariamente de lo básico para sobrevivir. No hay derecho a tanta desigualdad, no podemos seguir alimentando una economía que mata y margina. Pero, analicemos nuestras vidas, pues a un nivel inferior y más pequeño quizás estemos haciendo uso de los bienes, aunque sean ‘los nuestros’, de una forma un tanto irresponsable e insolidaria. 

Los frutos que Dios espera de la viña plantada son el derecho y la justicia. Dar los frutos que Dios espera de nosotros es fomentar y cuidar el Reino de Dios en la tierra y hacer posible que los valores del Reino triunfen ante el egoísmo y la sinrazón. 

No vivamos un cristianismo de pantalla. Ahora mismo, hace mucho daño la falta de testimonio de aquellos que han sido bautizados y viven de cualquier forma, exponiendo la vida de gracia y viviendo sin darle importancia al pecado y a actitudes y comportamientos que van en contra de la fe. No podemos jugar a disfrazarnos de cristianos los domingos y vivir durante la semana olvidando, cuando no negando, los ideales del Evangelio. ¿Es posible ser cristiano y ser infiel a mi mujer o marido? Pues no. ¿Es posible ser cristiano y poner mi corazón en las riquezas a costa de pisar al de al lado y acumular y ahorrar siendo insensible a las necesidades básicas de los que me rodean? Pues no. ¿Es posible ser cristiano reduciendo mi fe a un cumplimiento dominical y olvidando a Dios en todo mi quehacer diario? Pues no. ¿Es posible ser cristiano manteniendo hábitos de diversión en los que todo vale, consumiendo de todo, flirteando con todos y no poniendo freno y moderación a los deseos y pasiones? Pues no. ¿Es posible ser cristiano y vivir una vida sin compromiso, preocupados sólo del más allá, olvidando el más acá? Pues no. ¿Es posible ser cristiano sin respetar y amar a la Iglesia? Pues no. ¿Es posible ser cristiano y dar la espalda a los más inocentes y necesitados, a los no nacidos y ancianos? Pues no… 

Debemos vivir como cristianos en los ambientes en los que nos movemos y hacerlo con la alegría propia de los hijos de Dios. Hace unos días un conocido que quiere casarse, lo va a hacer civilmente y alguien le sugirió que le casara yo por la iglesia, a lo que el muchacho contestó que por la Iglesia no; ante tal negativa alguien me dijo que le presionara un poco. Mi contestación fue clara y precisa: un matrimonio por la Iglesia obligado es un divorcio seguro. Prefiero que viva ‘en pecado’ pero que no se viva la fe obligadamente y por necesidad impuesta. Es una pena ver el panorama eclesial y la situación de muchos bautizados que han sido sacramentalizados por rutina, por inercia, por tradición…, y que ahora son indiferentes, cuando no contrarios a lo que la Iglesia les propone. La fe cristiana se debe transmitir por atracción, por seducción…, nunca por imposición. Nos sobran cristianos de nombre y nos hacen falta cristianos ‘de verdad’ de los que dan fruto, el fruto que Dios espera.

Querido hermano, hermana, tenemos la oportunidad, que es también obligación y desafío, de vivir santamente nuestra vida, dando lo mejor de nosotros mismos, viviendo con compromiso nuestro bautismo. Dar fruto en la vida, es vivir con compromiso la vida, sin perder la tensión de saber que un día nos presentaremos ante Dios y le daremos cuenta de todo lo que hemos vivido. El Señor envió a su Hijo para animarnos a vivir nuestra vida eucarísticamente, es decir, entregando nuestro cuerpo y derramando nuestra sangre por todos aquellos que siendo hijos de Dios están llamados a vivir en la verdad. Que tu vida dé fruto abundante, no te conformes con ir tirando de sensación en sensación. Amén                             P. Ángel Hernández Ayllón.

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