SU REINO NO TENDRÁ FIN

Cielo y tierra pasarán. Las modas pasarán, las personas, por muy importantes que sean…, pasarán. Lo que hoy no da lugar a duda, mañana es suplantado por algo mejor y desaparece. Todo es pasajero y caduco, pero el Reino de Dios no tiene fin. Doy tres razones de porqué el Reino de Dios no tiene fin: la primera es porque Dios es su fundamento: de Dios arranca y a Dios va, y se realiza en la voluntad de Dios. Segunda, porque su ley es el amor; el amor es el único que construye, da solidez y firmeza. Y tercero, su reino no tiene fin porque su rey es Jesucristo, el eterno viviente.

¿Quién puede asegurar eternidad a sus cosas? ¿Qué líderes o ideologías pueden sobrevivir al paso del tiempo? Cielo y tierra pasarán…, pero mis palabras no pasarán. Todos estamos sujetos a la caducidad, todos somos pasajeros. Nosotros deseamos vivir en plenitud y para siempre, pero sólo lo alcanzamos recibiéndolo del Rey de reyes que es el Señor y dador de vida.

En el Evangelio se nos dice: ‘Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’. No es un reino improvisado y, lo mejor, es que es un reino en el que se nos espera. Tal es el deseo de Dios de que formemos parte de esta historia de amor, de este Reino de paz y justicia que en la primera lectura vemos cómo Dios mismo busca a sus ovejas: buscando su rastro, saliendo al paso de las dispersas, sacándolas de los lugares donde se desperdigaron en días oscuros con nubarrones. Recogerá a las descarriadas, vendará a las heridas, curará a las enfermas, las apacentará como es debido…

Hoy podríamos tener la impresión de que el Reino de Dios está cediendo espacio y terreno a los reinos del mundo. Son muchos los que no acuden a la llamada de Dios, por eso, podemos caer en la tentación de pensar que el Evangelio no da respuesta a todos y a todo.

Algunos viven cómodamente, piensan, de espaldas a Dios. Pero, ¿es posible vivir sin Dios, sin dejar que su Reino avance en nuestra vida? De alguna forma estamos influenciados por los valores del reino del mundo: tener más, el dinero, el disfrutar sin límites de los placeres del mundo, el dejarnos llevar por las pasiones, el vivir sin límites: ‘haz lo que quieras’. Pues, me vais a permitir que sea explícito en lo que voy a decir. El ‘haz lo que quieras’ es el mal que estamos viviendo actualmente, su raíz es satánica y sus consecuencias nos destruyen como personas. Me explico. El ‘haz lo que quieras’ significa que todo está permitido: la violencia, el dominio de los fuertes sobre los débiles, la venganza, la infidelidad, el abuso de poder, el vivir desde la mentira y simulación… representa la eterna presunción del hombre que quiere ocupar el lugar de Dios y ser dios de sí mismo, siguiendo las leyes que le resultan más cómodas y tratando de satisfacer su propio placer egoísta.

La invitación del ‘haz lo que quieras’ es el viejo mito de la vida desenfrenada, que sigue cosechando víctimas entre los jóvenes y menos jóvenes. En este reino Jesús no es el Rey, pues se caracteriza por el egoísmo y por la pérdida del sentido de pecado. El mensaje que se transmite es: todo es lícito, todo es posible, todo se puede hacer si uno quiere, es el relativismo moral que impide comprender lo que es correcto y lo que está mal.

El ‘haz lo que quieras’ sus consecuencias son destructoras; Jesús es Rey y su Reino no tendrá fin, porque al ‘haz lo que quieras’ se le precede el ‘Ama’. ‘Ama y haz lo que quieras’ pero Ama. El Reino de Dios no tendrá fin porque su ley es el amor. San Juan de la Cruz tiene un verso precioso: ‘al atardecer de la vida nos examinarán del amor’. No me examinarán a ver si gané mucho dinero, o recibí muchos aplausos, o si fui grande en el mundo, ni siquiera me examinarán de las veces que vine a Misa o recé rosarios…, No, el examen de Dios será sobre el amor: ‘Tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber’. ¿Qué le diremos a Dios en ese momento? No les di de comer, pero recé mucho y sin despistarme… Te recuerdo el pasaje del ‘Buen Samaritano’; quien quedó justificado no fue el sacerdote y el levita que tenían prisa para cumplir con el precepto, con el mandamiento y rezar a un Dios que no veían, el que quedó justificado fue el samaritano que renunció a lo suyo y se puso en la frecuencia de ser útil y servir al necesitado. En este pasaje Jesús nos pone de ejemplo a un extranjero, pero además, en el evangelio de hoy no se hace mención a la identidad de aquellos a los que debemos servir y también nos habla de que llegarán a la salvación aquellos que sin conocer a Cristo supieron amar en su vida.

De nada serviría que hoy en este templo proclamáramos que Jesús es Rey del universo si luego no le dejáramos reinar en nuestra vida, en lo cotidiano en lo de cada día. Proclamar a Jesús Rey de mi vida significa que le otorgo toda autoridad y decisión y que me dejo guiar por las actitudes y valores del Reino. No puedo decir que Jesús es Rey si no amo a quien me rodea y si no perdono a quien me ofende o pido perdón a quien he ofendido. No puedo decir que Jesús es Rey si vivo apegado al dinero, si no realizo con esmero y excelencia mis trabajos, si no respeto a quien me rodea, si no soy fiel a mi esposa o esposo, si maltrato a aquellos con quienes vivo… No puedo decir que Jesús es Rey en mi vida si no practico las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, visitar al enfermo o al preso, acoger al peregrino o transeúnte…, enseñar al que no sabe… No puedo decir que Jesús es Rey si no amo siempre, a todos y en toda circunstancia.

Los reyes de este mundo son reyes con pies de barro, son y se desvanecen sin darnos cuenta, están arriba y de repente caen en el olvido. Sus palabras son interesadas siempre, nada hay gratuito, todo es fruto de una estrategia de poder. Es muy distinto al Rey que hoy proclamamos. Cielo y tierra pasarán…, pero el Reino de Dios no tendrá fin porque Dios es su fundamento, porque su ley es el amor y porque Jesucristo es su Rey, el eterno viviente. No serviré nunca a reyes con pies de barro. Algunos se venden como la solución al orden social: ‘podemos’…? Perdón, ‘podemos robar como todos, sabemos, queremos y lo haremos’. No creo en ningún radicalismo y extremismo y menos a quienes se venden como corderos con piel de lobos. No tengo nada que perder, ni ganar, pero sé que El único Rey verdadero y Señor es Jesucristo el Hijo de Dios hecho hombre por amor. El sí vino a implantar un Reino de verdad y de vida, un reino de santidad y de gracia, un reino de justicia y de amor y de paz. Discúlpenme si a todos los demás les pongo una gran interrogación. Mi único salvador es Cristo y el único que da solución a los verdaderos problemas es quien venció a la muerte y al pecado por mí, por ti y por todos. A Él la gloria, el honor y el poder. Amén.

                                                                                       P. Ángel Hernández Ayllón

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