II DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B

En este domingo la Palabra de Dios nos plantea una misión: ‘Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos’; pues bien, también nos da respuesta a dos preguntas.

La primera pregunta sería: ¿Quién viene? ¿A quién esperamos? La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Una persona sólo puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando se confía por entero a su Creador. Sólo es feliz el hombre que tiene esa confianza y entrega total a Dios. ‘Nos hiciste para ti, nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti’ (San Agustín).

Hay una atracción entre Dios que nos ha creado para ser felices y nosotros que aspiramos a completar esa misión, alcanzar esa meta. En la primera lectura nos encontramos al pueblo de Israel a finales del destierro, después de la dura experiencia del destierro el mensaje de Dios al profeta es: ‘Consolad, consolad a mi pueblo’. El profeta no silencia que todo el destierro ha venido fruto de los pecados, de las idolatrías, de las injusticias sociales, de los abusos, de las mentiras… Cuántas veces vivimos situaciones similares, de destierro, de desolación, de abandono… La causa suele estar en el pecado. Hace unos días hablé con una familia que viven la separación por orden judicial debido a la violencia que ejercían en su relación… Una vez que están viviendo el destierro, la separación…, están doloridos, tristes, con lágrimas en los ojos, con muchas preguntas; a lo largo de mi vida he conocido personas que viven el destierro producido por las adicciones; muchos de ellos han perdido familia, salud e ilusión por vivir… ¿cuántos destierros reales y actuales? Destierro es todo lo que te quita paz y alegría. Cuántos pecados nos destierran a lugares donde vivimos la soledad, el frío, la necesidad.

Atentos: Dios quiere hacer sentir al hombre que no puede encontrar en las cosas de la tierra, la alegría que Él le ha dado para llenarla solo Él. NO olvidemos que lo que existe en el tiempo tiene un valor relativo, con el tiempo todo se acabará, de ahí que Dios en la segunda lectura nos promete y nos invita a que ‘esperemos en un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia’. No seamos necios, lo material no perdura eternamente, no absoluticemos nada de este mundo. Sólo hay un absoluto: el que nos está esperando en los cielos que no pasarán y en la tierra que no pasará. Este es un primer mensaje de la Palabra de hoy: ¡Qué triste es que la Navidad se haya comercializado y se haya profanado y no hayamos comprendido que la Navidad es este anhelo de Dios por encontrarse con el hombre y del hombre que no será feliz mientras no se encuentre con Dios!

La segunda pregunta a la que vamos a responder es: ¿por qué caminos viene Dios a la historia? ¿Por qué camino voy a encontrar yo, concretamente, a ese Dios que viene a salvar?

Jesús, el Hijo de Dios vivo, se encarnó en nuestra historia por medio de la sencillez, la humildad, por eso el primer camino que debemos recorrer es el de la sencillez. Descubrir a Jesús en lo sencillo es descubrirlo en los pequeños, en los desapercibidos, en los necesitados… Hace años, en Belén, también pasó desapercibido por los poderosos, por los satisfechos, por los que no tienen tiempo, ni ganas, ni dinero, ni amor…, para entregarlo a los demás.

Preparar el camino del Señor y allanar sus senderos es descubrirle en las presencias misteriosas, pero reales que Él tiene en los más pequeños; en este adviento todos tenemos la oportunidad de preparar el camino al Señor para no rechazarle o ignorarle en este tiempo de gracia.

Por eso, otro camino que tenemos que recorrer es el de la gracia. Vivir en gracia supone y significa que limpiemos, que ordenemos… nuestra morada. Hace unos días fui a confesar al Sagrado Corazón a unos niños y niñas. Me encanta confesar a niños y niñas de estas edades porque hay mucha sinceridad y limpieza de alma. Alguno de ellos hacía como 6 meses e incluso un año que no se confesaban y, entonces les planteé lo siguiente: ¿te imaginas que no hicieras la cama o recogieras tu habitación durante 6 meses o un año? Las respuestas fueron categóricas: sería un cuadro, no quiero ni puedo imaginar la cara de mi madre, apestaría… Pues mirad, si respondemos con la sencillez de un niño, nos damos cuenta que nuestra alma también la tenemos que ordenar y limpiar con frecuencia. ¿Con cuánta frecuencia? Mi consejo es que no pase más de un mes, pues estoy seguro que no estamos hablando de ‘pecados inconfesables’ (se entiende), pero el mayor problema es ir perdiendo la sensibilidad del pecado y perder el Santo Temor de Dios que nos ayuda a amar a Dios y no querer contrariarle en nada. El Santo Temor no es tener miedo a  Dios, sino amarle tanto que no queremos hacer nada que vaya en contra de su voluntad. Celebremos el sacramento de la Reconciliación.

Preparar el camino al Señor, allanar sus senderos es no permitir que el pecado anide en nuestro corazón, actitudes y acciones. Allanar el camino al Señor es permitir que la misericordia de Dios de respuesta a nuestra pequeñez, limitación y pecado. Allanar el camino al Señor es no responder desde el ‘ojo por ojo’ sino desde ‘el amaos los unos a los otros’. Allanar el camino al Señor es mirar al otro como hermano, es no permitir que el rencor o el odio aniden en la vida. Allanar el camino es pensar no sólo en nosotros mismos, sino también en los demás, es compartir nuestro tiempo y nuestros bienes con quienes los necesitan, es poner nuestra mirada en Dios y saber que todo pasa y que todo es caduco. Allanar el camino al Señor es vivir con la confianza en su Palabra, sabiendo que las limitaciones de este mundo son pruebas que debemos pasar, pero que estamos llamados a un encuentro gozoso con Dios y con quienes nos han precedido en esta vida.

Como creyentes nos llevamos dos tareas para vivir con los demás: consolar a quienes viven en destierro, soledad, tristeza y angustia. El consuelo que debemos darles muchas veces será la compañía, el cariño, los bienes materiales…, pero no olvidemos que el mayor consuelo que podemos ofrecerles es llevarles a Jesús. Seamos consuelo para los demás. La segunda tarea es la de allanar el camino al Señor, es decir, facilitar que Jesús nazca y venga y se convierta en consuelo para mí, para ti y para todos. No perdamos la oportunidad de vivir el Adviento como tiempo de gracia. Acordémonos que habrá quien nos quiera ofrecer mucho y al final no nos dé nada. Sólo hay uno, Cristo Jesús que nos ha ofrecido un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia. A Él el honor, la gloria y el poder. Amén.

Ángel Hernández Ayllón

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