DOMINGO IV DE ADVIENTO. CICLO B.

Estamos en vísperas del gran acontecimiento de la historia, de lo sublime, de lo más grande…; estoy seguro que no faltará quien piense que estoy hablando de la lotería nacional, pero siento decirles a esas personas, que lo más grande, lo más sublime, lo que cambia vidas, familias, corazones, redime a los cautivos y perdona a los pecadores, no es precisamente el dinero, la lotería nacional…, No, el único que puede tocar a todos sin excluir a nadie, el único que viene a nuestra pequeñez y nos levanta de nuestra pobreza…, es Jesucristo, el Hijo de Dios que desciende al mundo, sin importarle el rebajarse de su condición divina. Jesucristo verdadero Dios, se implica en nuestras cosas, en nuestras dificultades y se hace ‘verdadero hombre’. La locura del amor de Dios, ésta sí que es la mejor lotería, porque ésta nos toca a todos cada día y especialmente cada Eucaristía que tenemos la oportunidad de recibirle y acogerle convirtiéndonos en templos donde Dios habita.

La primera lectura nos habla de la actitud con la que debemos acoger este maravilloso misterio: la sencillez y humildad de saber que todo lo recibimos de Dios. Sencillez y humildad que se encarna en María: ‘Llena de gracia… ¿cómo será eso si no conozco a varón? No te preocupes el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra… pues, la respuesta de María es sencilla, decidida y valiente: ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra’.

Todo arranca en Dios y todo permanece en Dios. En las lecturas descubrimos cómo el plan de salvación de amor de Dios es desde siempre y para siempre. Dios le promete al Rey David su constante apoyo: ‘Cuando tus días se hayan cumplido, y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré el trono de tu realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre’. Esa promesa que David recibió en vida se cumplió en la persona de María engendrando en su vientre al Rey de reyes, a Aquel en quien todas las promesas se cumplen, a Aquel que es la Palabra definitiva de Dios.

María junto a Belén es el pensamiento de Dios que se hace ternura, que se hace adoración, esperanza; es Dios que viene a nosotros en María. No olvidemos esto, hermanos: toda la salvación de nuestra historia, la salvación de cada uno de nosotros, el problema personal que me parece que nadie lo conoce y que a nadie le interesa, sí hay quien lo comprenda y sí hay a quien le interesa. Dios te amó desde toda la eternidad. Tú eres también un detalle de esa historia que Dios quiere hacer para gloria suya.

Esta es la alegría del cristiano: ‘Sé que en Dios soy un pensamiento; yo, por más insignificante que sea, el más abandonado de los seres, en quien nadie piensa, soy amado de Dios’. Hoy, que se piensa en los regalos de Navidad, ¡cuántos hermanos nuestros en quien nadie piensa!: enfermos, privados de libertad, excluidos sociales, inmigrantes…, familias divididas, mujeres que viven con dolor la perdida de sus hijos ‘abortados’…, mujeres golpeadas físicamente y moralmente, también las prostitutas…, los parados, los abusados laboralmente…, los transeúntes… para todos ellos, y para muchos más, la Navidad es un anuncio de paz, de amor, pero de alguien que no se centra en los días de Navidad para anestesiar su conciencia sino que sigue mostrando su amor a lo largo del año. Su nombre es Jesús, el Hijo de Dios y hermano nuestro.

Afortunadamente en todo esto, no hay primeros premios, ni se reducen a algunos, la gran fiesta de Navidad, ‘el Dios con nosotros’ es para todos, sin excepción, ni exclusión, pero eso sí, habrá quien se quede fuera del festín, no por Dios que excluya del banquete y de la fiesta a alguien, sino porque habrá quien no quiera participar de esta invitación. No vivirán la generosidad y el amor de Dios los satisfechos, los soberbios, los necios que no ven más allá de lo que tocan y olvidan que están llamados a alcanzar la meta de llegar a Dios, los que se dejan dominar por las pasiones y le dan espacio al pecado y no le abren la puerta a Dios. Pidamos por todos ellos, por los que piensan en un más acá que les cierra a un más allá, pidamos por los que han perdido a Jesús en la Navidad, por los que no viven la sencillez y humildad de María para acoger a Jesús, pidamos por los de corazón duro que no dan espacio a los más pequeños y necesitados que es dónde Cristo nace cada día de forma real.

Queridos hermanos, no olvidemos que Dios nos ama de verdad, sin distinción ni categoría social, sin hombres de primera y de segunda clase. Nos ama y pensó en nosotros. Seamos sencillos y humildes para dejar que Dios nazca en nuestras vidas, no en figuras de porcelana, sino en nuestras actitudes, en nuestros proyectos, en la relación con los demás. Como cristianos no vivamos la Navidad como la viven los paganos, dejemos a Jesús ocupar su lugar y nacer en nuestras vidas. ¡Feliz Navidad para todos!

 P. Ángel Hernández Ayllón

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