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CRISTO TARDO ROMÁNICO

Miércoles, Abril 22nd, 2009

La Capilla de Santísimo, antes de San Bartolomé, alberga una de las tallas de Crucifixión tardo románicas más bellas de la provincia de Soria.

Lo podemos datar a finales del siglo XIII cuando las representaciones de Cristo crucificado se van haciendo cada vez más realistas, apartándose de la tipología de Cristo en majestad que hasta el siglo XII prevaleció. La datación de finales del siglo XIII nos la ofrecen rasgos como la corona de espinas que no aparece hasta estas fechas sustituyendo lo que anteriormente era una corona; o el estar crucificado con tres clavos y no cuatro como anteriormente había sucedido.

Su talla, de 1 metro 53 centímetros, en madera policromada nos ofrece la imagen de un hombre muerto, pero sin gesto alguno que demuestre el sufrimiento por el que ha pasado. Sus ojos están suavemente cerrados al igual que su boca. No siempre se habían representado así. En época prerrománica y románica el Cristo estaba en la Cruz, pero manteniendo la vida, con los ojos abiertos y corona sobre sus sienes. Posteriormente a la época a la que pertenece el Cristo de Santa María la Mayor el dolor se hará mucho más realista y acorde al sufrimiento de un hombre de aproximadamente 1´80 de altura y entre 78 y 80 kilos, según los estudios de la Sabana Santa, que había sido flagelado con látigos de cuatro o cinco correas de piel acabadas con bolitas de hierro, coronado con corona de espinas y sujetado a una cruz con clavos de 13 a 18 centímetros de largo; aparte de todo el escarnio al que fue sometido desde su encuentro con Pilatos.

Y este dolor fue reflejándose en los crucifijos a través de heridas, de magulladuras, de sangre, de un movimiento y postura más doliente que alcanza su estado más realista en el barroco español. Este dolor máximo no solo se reflejó en el barroco, sino que esculturas anteriores fueron retocadas pictóricamente. Prueba de ello son los regueros de sangre que fueron impregnados en este Cristo siglos más tarde a su plasmación en madera.

Los cambios que se produjeron en las representaciones escultóricas también afectaron al perizoneúm, tela que cubre a Cristo desde las caderas hasta las rodillas y que progresivamente hasta el siglo XVIII fue acortándose como podemos observar en el crucificado presente en el muro de la nave del Evangelio. Vemos que los cambios en la manera de representar a Cristo crucificado fueron constantes, lo que permanece es el Hijo de Dios crucificado y resucitado para la Salvación de todos los hombres.

Durante toda la historia ha sido costumbre el enterramiento de las esculturas y obras de arte que representaban cruces, santos, a la Virgen o a Cristo y que bien por su estado de conservación ya no se podían mantener como imágenes de culto o bien por que los gustos artísticos de la época eran otros y no los reflejados en dichas imágenes. Y el crucifijo al que nos estamos refiriendo paso por estos avatares; de hecho pocos sabrán que apareció el 3 de Mayo de 1958 enterrado bajo la tarima de lo que hoy es el salón principal de la iglesia de Santa María la Mayor. Despertó gran entusiasmo, pero poco a poco fue olvidándose y casi escondido se mantuvo en el coro de la iglesia hasta que la parroquia lo restauro ubicándose en la ya mencionada Capilla de Santísimo.

Es una imagen tallada en madera, pero desde aquí les invito a mirarle a su rostro tranquilo, sereno, aunque de sus manos, pies y costado mane la sangre que da vida y que derramó por cada uno de nosotros. No sabremos nunca quien fue el autor de tan hermosísima imagen, pero si sabemos lo que quería y consiguió: que cuando tú le mires sepas que eres su hijo.

El Centinela