ENTRENAMIENTO Y ENTRENADORES
Jueves, Enero 8th, 2009
El atleta necesita una férrea disciplina para lograr el dominio propio (Hch 24, 25; Gal 5, 23) y no desmoronarse ante las adversidades, ni marearse por el incienso del éxito (1Cor 9, 27). El seguidor, soldado de Cristo requiere de entrenamiento y de la armadura propia de la fe (Ef 6, 14-18). No se trata de algo externo, sino de una forma de vida que mantiene al atleta con la disciplina de un soldado.
- Campo de práctica: Desierto de Arabia
La experiencia de Damasco fue tan fuerte que conmovió los cimientos de su fe. Necesitaba una pausa para asimilar y ubicar cada elemento dentro de la nueva perspectiva: Gal 1, 16-17. Antes de hablar de Dios, lo escuchó en la soledad del desierto. Sólo en ambientes de aridez se forja el verdadero apóstol de Cristo. Pasó tres años de noviciado.
- Preparación física y sistema alimentario
El buen atleta, para ganar, come determinadas cosas y se priva de otras que le hacen daño.
a) Nutrición: Oración.
Si la fuerza de un atleta estriba en su sistema alimenticio, la fuente de energía de un apóstol es la oración (Ef 6, 17; Col 4, 2-3). Si está lleno del poder de lo alto, puede ser mejor instrumento para instaurar el Reino de justicia, gozo y paz en el Espíritu. Oración y apostolado constituyen un binomio indisoluble.
- Oración de confianza: Rom 8, 15; Gal 4, 6.
- Oración en el Espíritu: Rom 8, 26
Sólo el Espíritu divino que sondea lo íntimo de Dios nos hace entrar en contacto profundo y personal con Dios: 1Cor 2, 10.
- La agonía en la oración: Rom 15, 30
Tomás de Aquino: la oración es una ‘lucha del hombre contra Dios’. La criatura delante del Creador, la pequeñez delante de la Grandeza.
b) Privación: Pecado.
En todo sistema alimenticio existen alimentos que no podemos tomar: 1Cor 9, 25; Hb 12, 1.
c) Preparación física para disciplinar el cuerpo
Para mantener el cuerpo bajo control, listo parar el servicio y con entereza para las pruebas: 1Cor 9, 27.
El cuerpo, que se inclina al pecado (Rom 7, 21-25) es vulnerable a las concupiscencias de la carne, por lo que se precisa mantenerlo bajo el control del Espíritu, con disciplina y esfuerzo (Col 3, 5). Un ministro de la cruz de Cristo no puede concederse todos los gustos ni vivir bajo la ley del mínimo esfuerzo, al contrario ha de estar siempre al servicio de los valores supremos. No vive para el cuerpo, sino que el cuerpo es del Señor y el Señor es para el cuerpo (1Cor 6, 13).
d) Preparación mental: más que vencedores.
Es más importante que la preparación física, pues se trata de tener certeza de la victoria en la carrera. Todo el que compite en un deporte necesita una mentalidad vencedora, pues quien no cree que va a triunfar, nunca vencerá: Rom 8, 37.
El apóstol sabe que es ‘más que vencedor’, porque todo sirve para bien a quienes aman a Dios (Rom 8, 28). Su lema es: ‘Todo lo puedo en Aquél que me fortalece’ (Flp 4, 13).


