CARTA ABIERTA SOBRE EL ABORTO - D. GERARDO MELGAR VICIOSA, OBISPO DE OSMA-SORIA
Domingo, Marzo 29th, 2009
Queridos diocesanos todos:
El día 25 de Marzo, festividad de la Anunciación del Señor, celebrábamos la Jornada por la vida. Una Jornada que nos recuerda que somos el pueblo llamado a custodiar, anunciar y celebrar el Evangelio de la vida.
El Cardenal Bertone, secretario del papa Benedicto XVI, en su conferencia sobre “los derechos humanos en el magisterio de Benedicto XVI“, que ofrecía el día 5 de febrero, en la sede de la Conferencia Episcopal Española, con motivo del 60 aniversario de la Declaración de los derechos humanos, recordó que el derecho a la vida “no se le puede negar a nadie“, que “ninguna minoría ni mayoría política puede cambiar los derechos de quienes son los más vulnerables de nuestra sociedad“, que “no podemos caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta legitimar su interrupción, enmascarándola quizá con un velo de piedad humana“.
Como Obispo de esta Diócesis de Osma-Soria, quiero expresar mi indignación, mi dolor y mi gran pesar -humano y creyente- por las cifras que el Ministerio de Sanidad hacía públicas el día 2 de Diciembre de 2008 sobre el número de abortos habidos en España en el año 2007: Nada menos que 112.138 abortos. Un crecimiento de los casos de un 10% con respecto al año anterior, creciendo desmesuradamente el número de menores que han recurrido al mismo. Son 112.138 seres humanos a los que no se les ha permitido llegar al feliz término de nacer, vivir, desarrollarse como personas humanas porque alguien decidió que no tenían que nacer ni vivir.
Estos 112.138 abortos habidos en España según esta estadística oficial, estadística, no incluye aquellos que no están contabilizados oficialmente por el Misniterio de Sanidad. La perspectiva, según algunos expertos, es de que, para 2015, pueden llegar a ser 230.000 abortos anuales con la nueva ley española que se está preparando.
Y mientras esto es así, se está produciendo una evidente paradoja: Cada vez es mayor la sensibilidad de nuestra sociedad sobre la necesidad de proteger los embriones de las distintas especies animales en las primeras fases del desarrollo, cada vez hay más leyes que tutelan la vida de estas especies en sus primeras fases de vida, sin embargo, la vida de la persona humana que va a nacer, es objeto de una total desprotección y está cada día más expuesta a la libre voluntad y decisión de quien quiera impedirlo.
Nuestra sociedad va asumiendo la grave deformación de la verdad referida al aborto, que es presentada como una elección justa, como un derecho de la mujer y como tal la asume. Nadie, ni mujer ni hombre, puede tener derecho a algo que es un delito en sí mismo.
El primero y más fundamental de los derechos del niño, es el derecho a la vida. Su interrupción voluntaria por medio del aborto es una clara injusticia y una violación grave de los derechos fundamentales de la pesona. Violación que se agrava aún más por tratarse del ser más indefenso e inocente al cual dejan desamparado y atentan contra él precisamente quienes tienen el encargo sagrado de su protección: la madre, el médico y el Estado.
El aborto es una injusticia no sólo por la privación del derecho a la vida de este escalofriante número de seres humanos indefensos que estaban llamados a nacer y que alguien no lo ha permitido provocando el aborto, la muerte de esas vidas inocentes, sino también por el drama y las consecuencias que supone para las mujeres el aborto provocado. El aborto produce una grave herida en la madre, sobre todo de carácter psicológico y moral, de tal manera que la mujer se convierte en una víctima directa del aborto.
El aborto en cualquier modo que sea realizado es la eliminación deliberada, la provocación directa de la muerte de un ser humano en el seno de su madre, y viola frontalmente el “no matarás”, se trata de un crimen contra la persona y la sociedad, perpetrado además, en seres humanos inocentes, débiles e indefensos.
Una sociedad que no asegura la vida de los no nacidos, que acepta el aborto provocado, que desprecia a los débiles, es una sociedad que se va degradando y corrompiendo.
Esta realidad está reclamando, pidiendo a gritos un compromiso político y legislativo para prevenir las causas del aborto y ofrecer a las mujeres todas las ayudas necesarias para llevar adelante su embarazo.
Es necesario y urgente sensibilizarnos nosotros y sensibilizar a nuestra sociedad sobre la tragedia y consecuencias del aborto y fomentar con fuerza y decisión una cultura de la vida que se compromete y clama a favor de la misma vida.
Es una exigencia para los creyentes el compromiso de apoyo activo a cuantas asociaciones existen actualmente que tienen como objetivo la defensa de la familia y de la vida, colaborando con ellas y dando esperanza y apoyo a las madres y a los padres que tienen dificultades para acoger a sus h ijos, de tal manera que encuentren en la Iglesia el lugar donde puedan recibir las ayudas que necesiten para ello.
Que Santa María a través de nuestra oración, en este año de oración por la vida, nos ayude a ser constructores de una verdadera y autébtica cultura de la vida y nos impulse al compromiso a favor de la protección y la defensa de las vidas inocentes e indefensas, y a proclamar el valor sagrado de las mismas desde su inicio hasta su término.
Con mi bendición.
Gerardo Melgar Viciosa
Obispo de Osma-Soria