Ecumenismo

El pasado 29 de Junio, solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, acudió a Roma el Patriarca Ecuménico Bartolome I para celebrar este día junto a Benedicto XVI. Recojo unas preciosas palabras de su santidad Bartolomé I que nos animan a todos a buscar y vivir la unidad querida por Jesús para su Iglesia.

‘… El diálogo teológico entre nuestras Iglesias ‘en la fe, la verdad y el amor’, prosigue gracias a la ayuda divina, pese a las notables dificultades que persisten y a cuestiones problemáticas. Deseamos sinceramente y rezamos mucho para que tales dificultades se vean superadas y los problemas solucionados lo más rápidamente posible, con el fin de alcanzar el objeto de nuestro deseo final, para gloria de Dios.

Semejante deseo bien sabemos que es también el de Vuestra Santidad, como también estamos seguros de que no estimaréis esfuerzo alguno, trabajando personalmente, junto con vuestros ilustres colaboradores, por un allanamiento perfecto del camino hacia la culminación positiva -si Dios quiere- de los trabajos del diálogo.

Santidad: hemos proclamado 2008 ‘Año del apóstol Pablo’, tal y como vos hacéis desde este día hasta el año que viene, al cumplirse el bimilenario del nacimiento del Gran Apóstol. En el marco de las correspondientes celebraciones de este aniversario, además de venerar el lugar exacto de su martirio, tenemos programada, entre otras iniciativas, una sagrada peregrinación a algunos monumentos de la actividad evangélica del Apóstol en Oriente, como Éfeso, Perge y otras ciudades del Asia Menor, pero también a Rodas y a Creta, y más concretamente a la localidad de esta última isla denominada Buenos Puertos. Santidad: tened la seguridad de que en tan santo itinerario también estaréis presente, caminando espiritualmente con nosotros, y que en cada lugar elevaremos una fervorosa oración por vos y por nuestros hermanos de la Iglesia romano-católica, dirigiendo una encarecida súplica por vos con la intercesión del divino Pablo ante el Señor.

Y ahora, venerando los padecimientos y la cruz de Pedro y abrazando las cadenas y los estigmas de Pablo, honrando la confesión y el martirio y la venerada muerte de ambos por el Nombre del Señor, que lleva realmente a la Vida, glorificamos al Dios tres veces santo y le rogamos que, por intercesión de Pedro y Pablo, dé a nosotros y a todos los hijos de la Iglesia ortodoxa y romano-católica diseminados por el mundo, aquí abajo, ‘la unión de la fe y la comunión del Espíritu Santo’ con el ‘vínculo de la paz’ y allá arriba, en cambio, la vida eterna y la gran misericordia. Amén’.

Palabras maravillosas. El deseo de la unidad está en nuestros pastores. Le pedimos a Dios que sepamos vivirlo en nuestras pequeñas comunidades y en nuestras relaciones personales.


5 Respuestas to “Ecumenismo”

  1. Maite Dice:

    Que los primeros pasos de este punto de encuentro y camino se vean bendecidos con unas hermosas palabras del Cardenal Mercier:

    Para unirse hay que amarse,
    para amarse hay que conocerse,
    para conocerse hay que encontrarse,
    para encontrarse hay que buscarse.

  2. Ángel Dice:

    Se nos fue D. Julián García Hernando, sacerdote católico que vitalizó el ecumenismo durante más de 40 años. Siempre buscó ser instrumento de reconciliación y unidad. Hambreaba la unidad. Ha escrito páginas maravillosas sobre la unidad. Gozaba al ver a todos los hermanos unidos. En su vida ecuménica acercó los unos a los otros: a los protestantes entre sí, a las distintas posiciones de los católicos en años difíciles, aproximó a católicos, protestantes y ortodoxos, logró la superación de cualquier indiferencia entre Iglesias ortodoxas, se esforzó para que distintos
    estamentos eclesiásticos dieran cabida a algún inicio del ecumenismo e
    inclusive llegó a entusiasmar a muchos. Nadie puso nunca en duda su sincera voluntad a este respecto, incluidas las Iglesias más contrarias al ecumenismo.

    ¿Por qué esta unanimidad? Porque en las palabras y los hechos de D. Julián no hubo nunca nada que sonara a retorno, sino a acogida mutua, a mutuo reconocimiento, a total respeto, a apoyo sin tregua. ¿Quién de nuestros hermanos se sintió olvidado por él, alguno escucho recriminaciones en lugar de palabras de comprensión y disculpa, quienes no estuvieron siempre en su oración y afecto?… Gracias con que Dios hizo fructificar su carisma y enriqueció su enseñanza y testimonio hasta el último día.

    Tuve la suerte de conocerle y darme cuenta que fue alguien que vivió y entregó su vida para alcanzar la unidad visible. Querido D. Julián usted siguió la invitación de Cristo ‘que todos sean uno’ y somos muchos los que reconocemos su maravillosa labor y quisiéramos tomar su bandera en los lugares en los que Dios nos ha plantado. ¡Muchas gracias D. Julián!

    Uno de los ‘hijos’ de D. Julián ha sido el Centro Ecuménico ‘Misioneras de la Unidad’; que Dios os cuide, somos muchos los que os queremos
    http://www.centroecumenico.org

  3. Maite Dice:

    Algunas de las maravillosas palabras de las que habla el mensaje anterior, y que dejó escritas para bien de todos D. Julián García Hernando:

    “La juventud peregrina hacia Taizé. Puede decirse que desde 1960 Taizé es el lugar de cita de la juventud de todo el mundo, incluso de toda ideología. Muchas veces me he preguntado el porqué de este fenómeno verdaderamente sorprendente de la juventud contemporánea, alérgica a lo religioso, que va a rezar desbordantemente a Taizé.
    En primer lugar, Taizé es lugar de cita y los jóvenes precisan citaciones de este tipo para verse, encontrarse, hablarse, discutir y compenetrarse. La juventud está ansiosa de apertura. Quiere romper fronteras, asomarse a otros mundos y lo logra contemplando los ojos de un hermano lejano o escuchando el hablar de una lengua extranjera.
    Taizé, además, es plataforma excepcional por la temática que presenta a una juventud que quiere vivir a contrapelo de la corriente adormecedora del facilismo bobalicón que arrastra a la masa juvenil de nuestros días. No es la juventud drogadicta, ni la erotizada, la juventud pocha y alienada, la que sube constantemente al cerro, sino otra juventud, con aires renovadores y anhelos de superación. Una juventud que quiere reconquistar el sentido de fiesta que la sociedad de consumo ha perdido. Una juventud con ansias de unidad universal, como contrapunto de la tendencia individualista en que se consumen tantas vidas juveniles en el momento actual. Además, en Taizé, los jóvenes se encuantran a sí mismos. Se les escucha. Se les atiende. Dialogan, oran y discuten, pero todo a su garbo, conforme a su talante… Los jóvenes saben que en Taizé son ellos los protagonistas…”.

  4. Maite Dice:

    Juan 17, 20-22:
    “Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos crean en mí por su palabra, para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno.”

    Que nuestra oración sirva para que el deseo de unidad esté siempre vivo en nuestros corazones.
    Un abrazo a todos.

  5. Ángel sin alas Dice:

    No puede faltar aquí, en esta sección de ecumenismo, el recuerdo vivo y actual del cardenal John Henry Newman, testimonio extraordinario de la fe cristiana, amigo entrañable de gentes muy diversas al saberse acercar al hombre y a la mujer que buscan sinceramente la verdad de Dios en medio de la crisis religiosa del mundo moderno. Pablo VI habló repetidas veces de lo adecuado de la aportación de Newman para orientar ciertas preocupaciones profundas de la actualidad. Juan Pablo II le ha calificado también de “maestro de la fe y guía en el camino de la santidad”. Y estoy seguro de que Benedicto XVI lo tiene presente, en su oración y reflexión, como un fiel intercesor del impulso ecuménico.
    Este gran creyente inglés a quien personalmente tanto admiro nació en Londres el 21 de febrero de 1801. En el Colegio preparatorio de Ealing experimentó una conversión espiritual que le puso en el camino de la perfección. Después de terminar sus estudios universitarios en el Colegio Trinity de Oxford, le eligieron para formar parte de la comunidad docente del Colegio Oriel, de la misma Universidad. Ordenado para el ministerio de la Iglesia Anglicana, fue párroco de Santa María de Oxford, donde ejerció una enorme influciencia religiosa sobre sus feligreses y sobre todos los estudiantes en general.
    A partir de 1833 se convirtió en el dirigente impulsor de la renovación espiritual anglicana denominada Movimiento de Oxford. Sus estudios históricos y teológicos sobre los Padres de la Iglesia le llevaron a la conclusión de la Iglesia Católica romana era “el único rebaño de Cristo”. Tal proceso significó una prologada lucha interior, a raíz de la cual se retiró a la aldea de Littlemore (donde muchos hemos tenido la suerte de peregrinar), para dedicarse a una vida semimonástica de oración, penitencia y estudio. Allí, el 9 de octubre de 1845, el beato Domingo Barberi, misionero pasionista italiano, le recibió en la Iglesia Católica.
    Excluido de sus anteriores relaciones familiares y amistosas, fue ordenado presbítero en Roma y volvió a Inglaterra, donde fundó en Birmingham la primera congregación del Oratorio establecida en su patria, a la que siguió una segunda casa del Oratorio en Londres. Fue rector fundador de la Universidad Católica de Irlanda y fundó también el Colegio del Oratorio en Birmingham. En 1864 publicó su clásica obra Apología pro vita sua, donde reivindica su sinceridad durante el tiempo que permaneció en la Iglesia Anglicana y defiende a la Iglesia Católica.
    Trabajó incansablemente por los pobres de su Parroquia de Birmingham, y mantuvo una enorme correspondencia personal (más de 20.000 cartas) en la que ayudó a innumerables personas, católicos y no católicos, a superar sus dificultades religiosas. Sufrió mucho a causa de malentendidos, sospechas y oposición contra él por parte de algunas autoridades eclesiásticas, y se mantuvo siempre totalmente leal a la Iglesia.
    En 1879, el papa León XIII le nombró cardenal, con alegría de todos los ingleses. A su muerte, el 11 de agosto de 1890, dijeron que él, más que nadie en Iglaterra, había conseguido el cambio favorable de actitud de los no católicos hacia los católicos. Miles de personas acudieron a expresarle su homenaje cuando trasladaban su cuerpo a Rednal, doce kilómetros al sur de Birmingham, donde recibió sepultura. La prensa llegó a escribir algo que aquí nos puede servir de conclusión a la aportación de este testimonio: “El cardenal Newman va a su tumba con el honor singular de que todos los credos religiosos y todas las clases sociales le reconocen como el justo que ha llegado a su perfección”.
    A continuación te invito a rezar esta oración de Newman por la unidad de la Iglesia:
    “Señor Jesucristo, cuando se acercaba la hora de tu pasión, oraste por los que serían tus discípulos hasta el fin de los tiempos, para que todos fuesen uno, tal como Tú estás en el Padre, y el Padre en ti. Derriba los muros de separación que dividen entres si a los grupos y confesiones de cristianos. Enseña a todos que la sede de san Pedro, la santa Iglesia de Roma, es el fundamento, el centro y el instrumento de unidad. Abre los corazones a la verdad tanto tiempo olvidada, de que nuestro santo Padre, el papa, es vicario y representante tuyo; de manera que, así como hay solamente una comunidad en el cielo, haya también una sola comunión que confiese y glorifique tu santo nombre aquí en la tierra”. Amén.

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